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Acusada

Acusada:El derecho penal desde un enfoque de género.

Antares Dudiuk.

Abogada feminista.

 

El 4 de septiembre de 2018 se estrenó en Argentina la película Acusada, en la que se retrata la historia de un crimen que atraviesa a una familia entera. Al sentarme en el cine con mis “gafas violetas”, me encontré con una acusada (interpretada por Lali Espósito), joven y de clase media, representada por un abogado penalista varón (Daniel Fanego), imputada por un fiscal (Gerardo Romano) y juzgada por un tribunal presidido por otro varón. Cosa de hombres.

Antes de adentrarnos de lleno en la reseña de la película, recordemos el contexto en el que se estrena. El enfoque de género y su transversalidad es uno de los temas más importantes de los últimos años. Se ha impuesto en la agenda y se ha comenzado a trabajar su inclusión en diversos temas escuchando a las organizaciones feministas y de grupos que militan por los derechos para la diversidad y la igualdad de género. En muchos casos, se dieron respuestas concretas a ciertas reivindicaciones, entre ellas la ley de matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, la ley de educación sexual integral. La lucha por la despenalización del aborto tiene muchos años, pero, luego de los debates en el Congreso de la Nación, sin dudas la sociedad ha cambiado. La respuesta legislativa fue negativa, pero los pañuelos verdes se ven cada vez más en mochilas, bolsos, carteras. Es decir, la respuesta a esta exigencia de la sociedad tiene fecha próxima.

Analizar la realidad desde el enfoque de género se vuelve un desafío enorme cuando se trata del derecho. Sin embargo, un análisis feminista nos permite ver la perspectiva androcéntrica del derecho y cómo su aparente neutralidad termina siendo causa y consecuencia de construcciones sociales y culturales que refuerzan modelos estereotipados y discriminatorios en base al sexo. Aplicar el enfoque de género a este campo, implica entonces identificar cuándo las diferencias entre las personas (por el hecho de ser varones o mujeres o por asumir roles sociales de género femeninos o masculinos) les significa ser o no titulares de derechos o les facilita o dificulta ejercerlos o reclamarlos. El problema fundamental pareciera ser la falta de respuesta que el derecho puede brindar ante situaciones complejas y que afectan directamente a las mujeres, así como en la recurrencia a estereotipos que consagran la desigualdad y la discriminación.

Dentro de este contexto, la película Acusada puede ser analizada desde muchas aristas. En este caso, será a partir del enfoque de género y el derecho penal. Probablemente, el guionista/director (Gonzalo Tobal) no haya pensado en profundidad en la dimensión de género y haya, en su lugar, buscado mostrar otras cuestiones. Según relata en su artículo el crítico de cine Rolando Gallego, Acusada “instala en la producción nacional un género que muy pocas veces —o contadas con los dedos de una mano—  se ha producido: cine de juicios”.

Acusada sirve de excusa para hablar de los problemas que atravesamos las mujeres que queremos dar la discusión en términos de igualdad de género, tanto en la vida real como en el cine.

 

El poder tiene cara de varón

 

Los estereotipos de género en la película Acusada son bien marcados. La decisión del director de contar la historia fue desde una mirada judicial del caso en donde hay, como se mencionó anteriormente, un abogado varón, un Tribunal presidido por un varón y un fiscal que, también, es varón. Es decir, en estas representaciones se pone de manifiesto que el estereotipo de género relacionado con la profesión de la abogacía en el ámbito penal determina que quienes “pueden” ejercer esa especialidad son los varones, evidenciándose además el techo de cristal que impide a las mujeres acceder a cargos de poder en el sistema judicial. Si bien hay algunas mujeres en las escenas del juicio, todas ocupan lugares de menor jerarquía. Hay una jueza mujer en el tribunal, pero dada la poca intervención que tiene, hace que no se pueda recordar ni siquiera qué dijo.

Otro dato interesante del juicio es que en medio del debate oral suman una perito ¡mujer!. Ella tiene la función de revelar una presunta prueba contundente, que vendría a torcer el curso de la investigación, o por lo menos a agravar la situación de la imputada. ¿De qué venía a hablar la perito mujer? De tijeras de sastrería. Corte y confección, obviamente, un tópico “femenino”.

¿De qué modo se cuenta esta historia entonces? La acusada tiene una familia tipo: un hermano menor varón, un papá (Leonardo Sbaraglia) y una mamá (Inés Estévez). La película decide mostrar una buena relación de la joven tanto con su mamá como con su papá. Sin embargo, el padre es quien tiene el verdadero poder y control, sobre todo de la causa (y de las decisiones relacionadas con el dinero que cuesta la defensa de su hija). Él es quien elige al abogado penalista, se reúne con él todas las veces que son necesarias y hasta decide exponer a su hija a una entrevista en televisión. Una entrevista que hace un entrevistador estrella, quien obviamente es un varón, y  maltrata en vivo a su entrevistada. El padre es quien se obsesiona con la causa, lee los expedientes judiciales por las noches (como si su madre no pudiera entender o como si a su madre no le interesara) y es quien habla con su hija de todos los temas vinculados a la causa y la acompaña a ver a su abogado. Otra vez: derecho penal, cosa de hombres .

El papel de la madre, absolutamente secundario, acompaña “de costado”, desde sus quehaceres cotidianos, mirando por la ventana en casi todas las escenas. Ese rol secundario se advierte hasta en el momento de estar “fuera de escena”.

En definitiva, a lo mejor, como acercamiento al cine de juicios en materia de cine nacional, Acusada resulta un gran aporte. Y como dije, la película me gustó mucho. El problema radica en la falta de enfoque de género. Al ser protagonizada por una estrella pop como Lali Espósito, Acusada será vista por por miles de jóvenes (en el cine había muchas jovencitas de la edad de la protagonista). Estas espectadoras  tienen el derecho a saber que las mujeres también pueden ser abogadas, penalistas, fiscalas, juezas, madres con poder “real”, o lo que quieran ser, pero sobre todo poder mirar mucho más allá de una ventana.

Por último, Acusada también es una excusa para poder analizar, desde el cine, y desde el enfoque de género, la selectividad del sistema penal. La historia de Acusada es la de una joven de clase media que está muy lejos de las historias de cientos de mujeres imputadas que no tienen los mismos recursos, y aunque tienen los mismos derechos, estos son constantemente vulnerados. Porque, parafraseando a Mercedes D´Alessandro, no hay igualdad en un mundo de pobreza, porque no hay igualdad en un mundo donde la Justicia es machista.

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