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Ante la crisis, más feminismo: la agenda de género en debate

Por Mercedes D’Alessandro, publicado en Tiempo Argentino

Aunque las mujeres son las más afectadas por la crisis, sus demandas apenas son mencionadas por los candidatos. La necesidad de un Gabinete con paridad de género.

«La deuda es con las mujeres. No con los grandes empresarios y el FMI», dijo Nicolás del Caño en el debate presidencial del 13 de octubre, que reunió a los seis varones candidatos a presidente. Ese mismo día, casi en simultáneo, unas 200 mil mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries marchaban por las calles de La Plata reclamando por aborto legal, «traVajo», en contra de la violencia machista, entre otras consignas. «Son las mujeres las más afectadas por la crisis», agregó también Del Caño. Es que en la Argentina las mujeres realizan tres veces más tareas domésticas y de cuidados no remunerados que los varones, lo que para muchas implica una doble jornada laboral o la imposibilidad de tener un trabajo pago de tiempo completo. La logística de cuidado no se amolda a las rutinas laborales extensas y menos en tiempos en que la pobreza arremete. 

«Millones de mujeres pusieron sobre la mesa la violencia de género y la desigualdad que padecen, las mujeres jóvenes duplican en término de desempleo el promedio del país, las condiciones de trabajo son distintas», dijo en su turno Alberto Fernández. Porque cuando trabajan en el mercado remunerado, las mujeres ganan un 28% menos que sus pares varones y cuatro de cada diez tienen un empleo precario. 

La economía feminista llegó al debate presidencial pero no alcanzó a permear los otros bloques o colarse por fuera del estrictamente asignado a Derechos Humanos, género y diversidad. 

Roberto Lavagna, que hizo eje en los altísimos niveles de pobreza alcanzados este año como consecuencia de las políticas económicas de Cambiemos, no atinó a cruzar la variable de género en su discurso. Hoy siete de cada diez personas del decil de ingresos más bajos son mujeres. Además, los hogares con jefatura femenina son los que muestran una mayor incidencia de la pobreza. 

Tampoco alcanzó para que entren en juego los derechos del colectivo LGBTTTIQNB. Ninguno de los candidatos hizo siquiera alusión a que son las travestis y trans quienes mayores obstáculos enfrentan para insertarse laboralmente. 

Después de un año signado por un debate que sacudió a toda la sociedad, hablar del aborto era ineludible. Quien lanzó el primer comentario fue Juan José Gómez Centurión, quien montó casi toda su campaña en la lucha contra la legalización. Su desprecio al hablar de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres fue total: «Reparten misoprostol como caramelos», dijo al respecto de uno de los métodos más seguros y económicos que se consiguen para un aborto clandestino. Si bien Mauricio Macri no hizo una afirmación tajante durante su intervención, en las últimas semanas se ocupó de dejar muy en claro que él está «por las dos vidas», incluso besando un pañuelo celeste. Sólo dos de los seis candidatos se manifestaron a favor: Alberto Fernández dijo que hay que «tender a la legalización» y Del Caño mencionó que la lista del FIT es la única «100% verde» y levantó el puño en alto con el pañuelo de la Campaña.

Según las proyecciones de Economía femini(s)ta, aún no queda claro cómo sería una nueva votación en Diputados y Senadores con la nueva composición de ambas cámaras. Es llamativo que todavía haya alrededor de 30 candidates a diputades que no se han manifestado nunca respecto de esta cuestión. 

Desde el inicio de su campaña, Alberto Fernández promete un Ministerio de la Mujer, la Igualdad y la Diversidad. En las elecciones 2019 se estrenó la Paridad en las listas de diputados y senadores nacionales, pero si proyectamos los resultados de las PASO, en estas elecciones las mujeres no cambiarían mucho su porcentaje de participación en el Congreso. En el caso del Senado, por ejemplo, están en juego las bancas de 14 varones y diez mujeres. Con los resultados esperados entrarían 16 varones y ocho mujeres. Esto se debe al armado de las listas: solamente una de las que tiene chances de ganar en las ocho provincias que renuevan fue encabezada por una mujer (Claudia Ledesma Abdala, exgobernadora de Santiago del Estero). 

Después de las elecciones 2019, la Argentina sumará sólo una mujer gobernadora (Arabela Carreras, de Río Negro) al pequeño grupo de ocho que hubo en toda la historia del país. Mientras en 2015 se marcaba un récord con cinco mujeres gobernando —por primera vez— al mismo tiempo, en 2019 habrá sólo tres.

La pregunta es si al Ministerio de la Igualdad se le sumará «igualdad en los ministerios». A nivel nacional, sólo 16 mujeres fueron ministras alguna vez. Al día de hoy ellas ocupan apenas el 19% de los cargos ministeriales en todo el país. Jorge Capitanich, gobernador electo de la provincia del Chaco, junto a Analía Quiroga, han anunciado que su gobierno apuntará a la paridad en el Gabinete, dando muestra de cómo la sola voluntad política puede contribuir a cerrar estas brechas. 

En la última semana, el FMI presentó un informe que pronostica que la Argentina enfrentará una caída del PBI del 3,1% en 2019 y del 1,3% en 2020. 

Este domingo habrá otro debate presidencial, donde aparecerán como temas la vivienda, el trabajo, el ambiente. La desigualdad estructural hace que sean las mujeres quienes más obstáculos tengan para pagar el alquiler (como muestran las investigaciones de Inquilinos Agrupados) y sufran más el impacto de las catástrofes derivadas del cambio climático. ¿Habrá perspectiva de género en sus propuestas o tendremos que conformarnos con lo que se expuso el domingo anterior? 

El próximo presidente enfrentará un primer año muy complejo y tomará el mando de un país con el 40% de la población bajo la línea de pobreza y el 10% bajo la de indigencia, una inflación por encima del 57% y desempleo de dos dígitos. En esta situación son las mujeres las más afectadas y las que menos participación tienen en las mesas donde se dirimen los futuros. Y como vimos, en los debates de caballeros poco aparecen nuestras necesidades e intereses. Por eso, ante la crisis, la respuesta es más feminismo.

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