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Por un W20 con una agenda feminista para el 99%

Argentina y la presidencia del G20. Más allá de la retórica: hacia la implementación de una agenda de género verdaderamente inclusiva

Versión 1.0 – Diciembre 2017

 

Punto de partida

 

Desde el 1 de diciembre, la Argentina asumió la presidencia del G20 por el término de un año sucediendo a Alemania. Este rol implica también llevar la conducción del Women 20 (Mujeres 20), uno de los varios “grupos de afinidad” vinculados al G20 con el objetivo de canalizar hacia los gobiernos las demandas, prioridades y propuestas de la sociedad civil.

El W20 es uno de los grupos de afinidad del G20 más jóvenes: su primera reunión oficial fue en 2015 en Estambul bajo la presidencia turca. Si bien desde entonces su gravitación ha crecido significativamente, los debates en muchos casos se han restringido a cuestiones vinculadas a mujeres en puestos de liderazgo, emprendedurismo, brechas digitales, participación económica y “conciliación” entre la vida familiar y laboral. No es para menos: apenas el 4% de los CEO de las 500 empresas más grandes del mundo son mujeres y solamente el 23% de los cargos parlamentarios son ocupados por ellas. En nuestra región, Michelle Bachelet es hoy la única presidenta y a lo largo de la historia solo 10 mujeres han ocupado ese cargo. En el mundo, la gran mayoría de los países no ha sido gobernados nunca por una mujer y son solo 15 las presidentas o primeras ministras actuales. Del mismo modo, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), solo el 18% de los ministerios del mundo están dirigidos por mujeres.

Si bien los temas que ha tomado el W20 a la fecha, así como los propuestos por nuestro país (añadiendo la inclusión y desarrollo de las mujeres rurales) son relevantes para avanzar en el camino de la igualdad de género, resulta necesario bregar por una agenda feminista muchísimo más amplia e inclusiva en el marco de la construcción de sociedades igualitarias. Hay debates urgentes para muchas mujeres de segmentos vulnerados a quienes estas discusiones y sus resoluciones les resultan ajenas.

 

Enfoque

 

Entendemos que el empoderamiento de las mujeres no podrá darse de manera aislada, sino que sólo será posible en el marco de un modelo económico verdaderamente inclusivo, ausente hoy en la mayor parte de las naciones del G20. Esto requiere fortalecer el papel del Estado en el diseño e implementación de políticas públicas que amplíen derechos y enfrenten las desigualdades de carácter estructural, incluyendo las desigualdades socio-económicas y de género. Por ello, avanzar hacia la igualdad de género implica dar marcha atrás con aquellas políticas de ajuste y austeridad que involucran recortes en educación, salud, pensiones y sistema de cuidados, entre otros; y que no solo generan una redistribución regresiva del ingreso y la riqueza, sino que también tienen un impacto desigual porque recaen asimétricamente sobre las mujeres.

En el caso de la Argentina, las mujeres realizan el 76% del trabajo doméstico y del cuidado familiar no remunerado. Esta brecha al interior del hogar es la fuente de desigualdad más importante ya que estas extensas jornadas de trabajos no pagas condicionan y, en muchos casos imposibilitan, el poder trabajar en el mercado remunerado. Además, cuando las mujeres acceden al mercado laboral ganan 27% menos que sus pares varones, y se enfrentan a mayores niveles de desempleo, precarización y, en definitiva, pobreza y exclusión. Estas asimetrías se reproducen en todos los países del mundo y nos plantean la pregunta de si acaso las políticas de conciliación a las que se suele aludir llegan a todas las mujeres, y especialmente a las más pobres. Nos obligan a discutir en profundidad las distintas facetas de la desigualdad de género, que se produce también entre mujeres, amplificándose para aquellas que son negras, migrantes, indígenas, lesbianas, trans.

Es por ello que creemos que la presidencia de Argentina en el W20 es una doble oportunidad para, por una parte, reforzar los compromisos del G20 en materia de género acercándolo a la agenda del feminismo del 99% y, por otra parte, avanzar en la implementación de los compromisos ya asumidos en el pasado en el G20 y en el Congreso de la Nación, que siguen pendientes en nuestro país. Del mismo modo, Argentina ha sido pionera en nuestra región en políticas de inclusión para el colectivo LGBTTTIQ a través de la ley de identidad de género y el matrimonio igualitario. Aún así, en el ejercicio real de sus derechos, las personas trans siguen postergadas. Es crucial que se recojan estas experiencias, convocando a sus protagonistas, que en términos generales quedan excluidas de estos debates.

 

Más allá de la retórica

 

La mayor parte, sino todas, de las organizaciones internacionales y muchos líderes mundiales han escrito bellos discursos acerca de que las mujeres son la clave del desarrollo de los países, sin embargo es difícil encontrar acciones y resultados consistentes. Según el World Economic Forum, al ritmo actual, si no se llevan adelante acciones decididas para mejorar las oportunidades de las mujeres en la esfera económica aún faltarían 217 años para cerrar las brechas de género en el mercado laboral. Esto implica un retroceso en relación al año pasado, cuando se habían estimado 170 años para la misma meta. En un sentido similar se expidió la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que no detectó mejorías en 2017 (ni las prevé para 2018) en la brecha de participación económica (que lleva al menos una década estancada) ni en la de desempleo, en donde las mujeres jóvenes son las más perjudicadas.

Con el objetivo de desarrollar una agenda de políticas públicas elaboradas con perspectiva de género que permitan avanzar verdaderamente en el camino de la igualdad, presentamos las siguientes propuestas para que sean incorporadas al debate. Las mismas surgen mayormente de la propia experiencia y necesidades de la Argentina y de nuestra región latinoamericana. Entendemos que sirven para dar el puntapié inicial a una conversación más amplia, honesta y enriquecedora, donde podamos sumar las experiencias y agendas del feminismo del 99% a nivel internacional.

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Propuestas para la agenda de trabajo del W20

1.  Paridad efectiva en la toma de decisiones en el Estado

La acción del movimiento de mujeres en la Argentina ha conseguido la reciente sanción de una ley histórica de paridad (50-50) para los cargos electivos en el Congreso Nacional. Sin embargo, en el Poder Ejecutivo nacional las mujeres representan hoy tan solo un 8% de los cargos como ministras. Algo similar ocurre en el Poder Judicial donde las mujeres son minoría. Esta experiencia nacional se replica con particularidades en todos los países del mundo y muestra que es necesario avanzar con acciones y objetivos concretos para hacer realidad la paridad en todos los ámbitos de decisión en el Estado.

2. Inversión de recursos públicos para la lucha contra toda forma de discriminación contra las mujeres

En la Argentina, las acciones contra toda forma de discriminación contra la mujer están canalizadas a través del Instituto Nacional de las Mujeres (INAM) con un presupuesto equivalente a alrededor de 7 pesos (0.5 dólares) por mujer por año. Para avanzar en el camino de la igualdad no basta con buenas intenciones: hacen faltan recursos en cada una de las políticas sectoriales (salud, educación, trabajo), en tanto las desigualdades atraviesan múltiples dimensiones. Es necesario entonces multiplicar estas partidas y avanzar hacia un nuevo estadio en donde la perspectiva de género atraviese toda la gestión pública. Además de mayores recursos, los presupuestos sensibles al género son la alternativa propuesta por la ONU para lograr que el diseño de las políticas públicas colabore para cerrar brechas entre varones y mujeres. Si bien en reuniones anteriores el W20 ha llamado a los estados miembros del G20 a que integren sistemáticamente el análisis de género y el presupuesto de género en todos sus aspectos, esto no ha tenido resultados a la fecha.

3. El futuro del trabajo requiere más derechos y mejores condiciones laborales (no al revés)

 

En la Argentina, la participación laboral de las mujeres alcanza el 48%. Sin embargo, más de un tercio de las trabajadoras se desempeña en el mercado informal. A su vez, la principal ocupación de las mujeres trabajadoras es la de empleada doméstica, una de las más informales y peor pagas del país. A su vez, algunos estudios parciales en nuestro país han mostrado que sólo el 2% de las travestis y trans tiene un trabajo formal. Esta situación se replica en Latinoamérica y constituye un problema serio que necesita ser abordado de una manera que signifique más derechos para las trabajadoras y mejores condiciones salariales. El G20 se ha comprometido con una meta específica de reducir la brecha de participación económica en un 25%, pero no se observan políticas orientadas a ello y la OIT no encuentra evidencia de que eso esté sucediendo. Por el contrario, esta situación se mantiene igual que en la última década y sin proyecciones de cambio. Frente a un mundo de mayor automatización y menos puestos de trabajo, la respuesta es un Estado que protege. Las discusiones en torno al futuro del empleo omiten el avance de reformas laborales  (como la de Brasil o el proyecto presentado en la Argentina) que, lejos de ser modelos de modernidad, nos retrotraen a tiempos pasados. Además del retroceso en términos de derechos laborales conquistados y la disminución de los estándares de protección laboral y social, estas reformas no contemplan la posición de las mujeres y, por tanto, reproducen las desigualdades.

 

4. Garantizar un sistema de cuidados que contribuya a la igualdad

En la Argentina, las mujeres destinan casi el doble del tiempo que los hombres a las actividades de cuidado: 6,4 horas frente a 3,4. Esta situación afecta sus posibilidades de acceder a trabajos pagos o  desarrollarse en ellos. Por un lado, es fundamental alentar cuidados compartidos para desgenerizarlos, pero al mismo tiempo es tarea del Estado intervenir ofreciendo alternativas para que la solución en relación a la provisión de cuidado no quede limitada a la organización al interior del hogar. En la actualidad, la conciliación entre la vida laboral y familiar se resuelve contratando estos servicios en el mercado, lo que deja fuera a quienes no pueden pagarlos. Esto reproduce desigualdad en el acceso a la educación, al trabajo y al desarrollo entre varones y mujeres así como también entre mujeres en distintos contextos socioeconómicos. Para muchas mujeres, se convierte en una doble jornada laboral, que presiona también sobre su salud y atenta contra su calidad de vida. El G20 ha propuesto que se prioricen políticas de protección social y desarrollo en infraestructura que reduzcan el peso de los trabajos no pagos sobre las mujeres. Esto no solo sería beneficioso para ellas sino que además contribuye al crecimiento y la creación de empleos. Sin embargo, poco se ha avanzado con la puesta en marcha y la concreción de sistemas de cuidados tanto para niños como para adultos mayores.

5.  Contemplar adecuadamente las necesidades y el potencial de las mujeres que habitan y producen en zonas rurales en los procesos de desarrollo

Varones y mujeres participan activamente de la vida social y productiva en las áreas rurales, sin embargo, existen marcadas asimetrías en las relaciones de poder que atraviesan a toda la estructura agraria, y que establecen desigualdades de género en el acceso, uso y control de los recursos y de los bienes, en las oportunidades, en la participación y en la toma de decisiones. Estas desigualdades se traducen en importantes inequidades en desmedro de las mujeres e impactan también en la eficacia de las políticas públicas cuando ellas no son identificadas como productoras, arrendatarias o dueñas de los medios de producción. A la hora de acercar ofertas de asistencia técnica, de crédito o de capacitación, las mujeres no son identificadas como interlocutoras válidas, confirmando de esta manera su exclusivo rol reproductivo y doméstico otorgado y asumido por pautas culturales construidas a lo largo del tiempo. En este sentido, el acceso desigual a la propiedad de la tierra es una problemática fundamental, que repercute sobre el acceso a otros derechos. Si bien la conducción del W20 ha puesto este tema como uno de sus ejes, dada la relevancia del sector agroindustrial en nuestro país, llamamos a ampliar la mirada  para revertir la estructura precaria y desigual sobre la cual se desarrolla este sector.

6. Elaboración de estadísticas inclusivas que permitan avanzar en el diagnóstico, la planificación y el monitoreo de las políticas de género

A nivel mundial el trabajo doméstico no remunerado es realizado mayoritariamente por las mujeres, generando una fuente de desigualdad que impacta en sus posibilidades de insertarse en el mercado laboral, desarrollarse profesionalmente, estudiar, entre otros. Sin embargo, a la fecha contamos en Argentina solamente con una medición de escala nacional. Incorporar el trabajo doméstico no remunerado a las estadísticas oficiales estimadas periódicamente es crucial para lograr el reconocimiento de este trabajo, y el diseño de políticas que permitan reducir su carga y redistribuirlo entre distintos sujetos e instituciones, para así igualar oportunidades. Algo similar ocurre en el caso de las mujeres rurales, que constituyen uno de los segmentos más vulnerados: en la actualidad la información sobre su situación solo es relevada en censos poblacionales, y no en encuestas de mayor periodicidad (como la Encuesta Permanente de Hogares o la Encuesta Anual de Hogares Urbanos) que se limitan a zonas urbanas. A su vez, la comunidad LGBTTTIQ permanece completamente excluida del diseño de políticas públicas en tanto no se releva su situación particular en ninguno de los instrumentos estadísticos del Estado. Para poder transformar la realidad, necesitamos disponer de datos que den la posibilidad de generar herramientas de inclusión.

7. Plan integral contra la erradicación de la violencia machista, la lesbofobia y la transfobia

En los últimos años, la sensibilidad frente a la violencia machista y los estereotipos de género ha hecho que estas cuestiones estén más visible. En la Argentina, a partir de 2015 se consolidó el colectivo “Ni Una Menos”, un amplio movimiento de mujeres que visibilizó los múltiples casos de femicidios e impuso en la agenda pública el debate sobre la violencia machista. Sin embargo, aún estamos muy lejos de una sociedad en la cual mujeres y varones recibamos igual trato y oportunidades. No existen cifras oficiales sobre crímenes de odio basados en orientación sexual o identidad de género, pero se sabe que las feminidades trans y travestis son las más vulneradas. Hoy sólo existe un registro oficial de femicidios que depende de la Corte Suprema de la Nación, que incluye a la población trans, cuyos datos son incompletos. Además, es necesario contar con información sobre otras dimensiones de la violencia machista, para poder actuar en consecuencia: violencia obstétrica, violencia sexual, violencia económica son sólo algunas de las violencias sobre las que los Estado deberían poner el foco. A su vez, es necesario avanzar por la inclusión real de feminidades trans que impliquen derechos básicos como la salud y el trabajo.  La exclusión de las travestis y trans las expone al acoso y violencia policial, al maltrato y tiene su punto más violento en los travesticidios. La expectativa de vida de una persona trans en América Latina es de 35 años. A nivel internacional aún observamos muchas inequidades en los derechos de las personas LGBTTTIQ, que se expresan también en la invisibilidad lésbica. Es central que los Estados avancen en el reconocimiento de las estructuras machistas para generar oportunidades y derechos, y velar por su efectivo cumplimiento.  

8. Implementación plena de la Educación Sexual Integral

 

Para combatir los estereotipos y avanzar en un real cambio cultural en cuestiones de género en pos de la igualdad, es fundamental incorporar cambios en la educación formal y no formal que modifiquen patrones socioculturales basados en la superioridad o inferioridad de cualquier género que, tal como lo sostiene la Convención de Belem do Para, son los que legitiman o exacerban la violencia contra la mujer. En nuestro país, la Ley de Educación Sexual integral (ESI) es la política más abarcativa para luchar contra estereotipos de género. Sin embargo aún enfrenta obstáculos para su implementación universal y su efectivo cumplimiento en los establecimientos educativos. Es necesario además que el Estado invierta recursos en capacitar y acompañar a los equipos de conducción, docentes, personal administrativo y otro personal no docente de establecimientos educativos para la plena implementación de la ESI en todos los niveles y todas las instituciones. En Latinoamérica, las tasas de embarazo adolescente son muy elevadas (están en 2do lugar después de África subsahariana) y reflejan un alto nivel de desconocimiento de métodos de anticoncepción, así como muchos embarazos no deseados. A su vez, la mayor parte de estas jóvenes está en hogares pobres. Es necesario que los y las jóvenes puedan acceder de manera gratuita a todos los métodos anticonceptivos, sin imponer condiciones arbitrarias y procurando eliminar las barreras que limitan el acceso.

9. Aborto legal, seguro y gratuito

 

Los Derechos Sexuales y Reproductivos son parte de los Derechos Humanos; buscan garantizar que las personas puedan tomar decisiones sobre su cuerpo, su vida sexual y reproductiva con libertad, confianza y seguridad, de acuerdo a su vivencia interna (asociada al cuerpo, la mente, la espiritualidad, las emociones y la salud) y externa (asociada al contexto social, histórico, político y cultural). Para hacerlos realidad, es central que se apruebe el aborto legal, seguro y gratuito. En la Argentina, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito presentó en 2017 y por sexta vez consecutiva el Proyecto de Ley que despenaliza y legaliza la Interrupción Voluntaria del Embarazo hasta la semana 14 de gestación para mujeres y personas gestantes. Se estima que, a pesar de la penalización, se  realizan  cerca de 500.000 abortos clandestinos por año, y esta situación mata entre 150 y 300 mujeres anualmente. El aborto es un problema que atraviesa las clases sociales, sin embargo,  quienes mueren o enferman son las mujeres más pobres y jóvenes. Es también un problema de salud pública, ya que Argentina tiene una tasa de muertes maternas muy alta y su primera causa es por abortos clandestinos. Las mujeres y personas gestantes tienen derecho a acceder a la salud integral. En toda Latinoamérica, la legislación relativa al aborto está alejada de las necesidades concretas de las mujeres, y son excepcionales aquellos países que, como Uruguay, lo permiten en todos los causales.

 

Primeras adhesiones

Economía Femini(s)ta – Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito – Fundación Huésped – Agencia Presentes – LATFEM – Fundación Salta Contemporánea – Mujeres que no fueron tapa – Católicas por el Derecho a Decidir (Argentina) – Mujeres X Mujeres Tucumán – Compromiso Urbano – Futurock

Cecilia Nahón, Mercedes D’Alessandro, Magalí Brosio, Ingrid Beck, Ana Correa, María Eugenia Ludueña, Ana Fornaro, Mar Lucas, Pamela Eleonora Ares, Silvina Batakis, Florencia Alcaraz, Florencia Minici, Eleonor Faur, Angela Lerena, Agostina Mileo, Lala Pasquinelli, Florencia Freijo, Noelia Barral Grigera, Bárbara Duhau, María Esperanza Casullo, Julia Strada, Micaela Ferraro, Yamila Picasso, Danila Suárez Tomé, Marcela Ojeda, Eva Sacco, Laura Belli, Aldana Vales, Cecilia Gonzalez, Lucía Sánchez Barbieri, María Victoria Scarione Avellaneda, Florencia Kot Hansen, Justina Lee, Bimbo Godoy, Estefanía Pozzo, Malena Pichot, Julia Mengolini, Martha Linares, Débora Ascencio, Ayelén Oliva, Eugenia Tarzibachi, Rocío Rodriguez, Agustina O’Donnell, Daniela Rey, María Eugenia Rocha Alfaro, Anna Torres Adell, Mariana Frega, Karina Brosio, Cynthia Cordi, Mariana Frega, Pamela Herrero, Natalia Correa, Lucrecia Carpinetti

 

Contacto:

W20agenda99@gmail.com

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Las trabas del Estado

Por Lucía Iris Caracciolo, Agustina Amed y Sabrina Macri *

 

En lo que va de 2017, al menos 10 personas fueron asesinadas en lo que se denomina como crímenes de odio. Todas pertenecen al colectivo trans, el cual parte de la sociedad ignora o lo ve como minoritario y por eso, lo segregan. Esto ocurre en un contexto que cuenta con leyes como la de Identidad de Género que protege los derechos de esta comunidad. Lo principal es visibilizar estas problemáticas para que la sociedad dé las discusiones que se debe.

Movilizar para visibilizar

“En una sociedad que educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política”.

Carlos Jáuregui, fundador de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA)

 

Nada ni nadie impidió que el 18 de noviembre se realizara la XXVI Marcha del Orgullo LGBTIQ en Argentina. Toda la Avenida de Mayo se tiñó de multicolor para recibir a las miles de personas que iban a mostrar la alegría de aceptarse tal y como son. La música suena en el escenario principal mientras algunos bailan y otros recorren los puestos de las diferentes agrupaciones de la comunidad y espacios gubernamentales. Este día se festeja pero también se recuerda y se reclama.

Con el primer discurso del día, se escuchan las primeras consignas: “Basta de discriminacion, basta de violencia institucional, basta de crímenes de odio y de estereotipos. El amor debe ser libre y cada uno elige lo que quiere ser”. El público estalla en aplausos y refleja la emoción que tienen los presentes de saber que no están solos. Está marcha es una esperanza, una compañía.

La situación es grave. Según el Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT,  el año pasado 11 mujeres trans fueron asesinadas, mientras que en lo que va del 2017, otras nueve mujeres y un varón tuvieron el mismo destino. Todo toma aún más relevancia cuando se conoce que no hay condenas en los casos de crímenes de odio. Podría decirse que estos brutales asesinatos son el último eslabón del “travesticidio social”. Es decir, son parte de una cadena de violencia que comienza mucho antes y que tiene como principales responsables al Estado y a la sociedad.

Siguiendo por el contexto internacional y según los datos del Observatorio de Personas Trans Asesinadas, 1.654 homicidios tuvieron lugar en América Latina entre enero de 2008 y abril de 2016, de un total de 2.115 que se reportaron en todo el mundo. Entonces, en la región ocurrieron el 78% de los crímenes de odio registrados a nivel mundial. Además, Argentina se encuentra sexta de 23 puestos en la cantidad de asesinatos de personas trans en los últimos nueve años.

Excluídxs

 

“La sociedad genera un pánico sobre nuestra sexualidad y nuestras identidades: en el imaginario colectivo somos agresivas, ladronas, sidosas, escandalosas, exhibicionistas. Toda una batería de cuestiones negativas que están sobre nosotras. Entonces, ¿qué pasa con nosotras? La sociedad, perversamente, ha generado un rol de que las personas travas sólo pueden prostituirse. No se piensa en nosotras en términos de políticas públicas, sino en términos de zonas rojas, sin que nosotras seamos las que las pidamos. Nunca ví una manifestación de travestis pidiendo una zona roja, por ejemplo; si seguimos yendo a reclamar políticas públicas. Entonces, se ha generado esa historia: que nosotras sólo servimos para la prostitución y no nos ven como fuerzas productivas de trabajo, no nos ven con capacidades para hacer cualquier cosa”.

Lohana Berkins, impulsora de la Ley de Identidad de Género.

 

En la actualidad, la esperanza de vida de una mujer trans es de 32 años. En un informe realizado por el ministerio Público de la Defensa, llamado La Revolución de las Mariposas, las estadísticas dan cuenta que el travesticidio es la última pieza que forma parte de la violencia que el colectivo sufre a lo largo de toda su vida.

Todo comienza en la primera infancia que es cuando las personas empiezan a asumir la identidad de género y es el momento en el cual se resaltan las diferencias. El 70% no consiguen el apoyo de sus familias y terminan alejándose de sus hogares antes de cumplir los 18 años. Al mismo tiempo que asumen su identidad también abandonan el colegio. Ambas decisiones tienen lugar porque en esos lugares aparecen las primeras discriminaciones.

Con estos datos, puede decirse que no es ninguna sorpresa la marginalidad y la segregación a la que queda expuesta este colectivo. Hay que agregar que solo el 20% de las personas terminó el secundario y las alarmas se encienden aún más porque solo el 2% terminó algún nivel terciario o universitario. Claramente, esto baja de manera drástica las posibilidades de conseguir un empleo con el salario mínimo, vital y móvil porque uno de los principales requisitos del mercado laboral es haber terminado el colegio.

La fundación Huésped también realizó un estudio y dio a conocer que tan solo el 1% de las personas trans que participaron en el mismo tiene un empleo en blanco. La encuesta incluyó las respuestas de 452 mujeres trans y 46 hombres trans de siete regiones del país. Otro de los datos recopilados, revela que más del 65% se prostituyó en algún momento de su vida para sobrevivir.

“A pesar que es muy difícil encontrar un trabajo, no todas las chicas se dedican a la prostitución porque no les queda otra alternativa, sino porque ejercerla implica formar parte de un grupo de pertenencia”, dijo Diana Maffía, la investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la UBA.

 

 

Siguiendo con los datos del Ministerio Público de la Defensa, solo el 9% de las mujeres trans están insertas en el mercado formal de trabajo. Un dato medianamente positivo, ya que el 15% realiza tareas informales de carácter precario y el 3,6% vive de los beneficios provenientes de diversas políticas públicas.

Por eso uno de los reclamos durante esta última marcha LGBTIQ en Argentina fue el de una Ley de cupo laboral trans. Ley impulsada por la activista travesti asesinada, Diana Sacayán. Fue sancionada en 2015 y sigue sin reglamentarse en provincia de Buenos Aires por falta de voluntad política. Sin embargo, tanto en esa provincia como en el resto del país, algunos Municipios lo implementaron mediante resoluciones u ordenanzas.

La problemática no termina allí, ya que el 80% no tiene ningún tipo de cobertura médica y en los hospitales son discriminadas por la ideología machista de los profesionales de la salud. En 2016, el 87,6% de las encuestadas dijeron que controlan regularmente su salud y hay un 12,4% que se niega a hacerlo por el miedo de la discriminación del sistema médico. Básicamente, en esos lugares no respeta su elección. Las llaman por el nombre que les asignaron al nacer y las internan en pabellones que van en contra de su identidad de género autopercibida, entre otros ejemplos del maltrato que reciben.

Todo esto va en contra de la Ley Nacional  26.743 que tiene como principal objetivo ofrecer herramientas concretas para que los equipos de salud puedan brindar un trato digno y una atención integral y de calidad a las personas trans.

 

Ley de Identidad de Género (Ley N° 26.743, de 2012): reconoce el derecho a la identidad de género de las personas, garantizando el trato digno, la rectificación registral de la Partida de Nacimiento y del Documento Nacional de Identidad, sin requerir autorización judicial, diagnóstico médico o modificación corporal acorde al género autopercibido.

Esta ley contempla el acceso integral a la salud de las personas trans, incorporando las intervenciones quirúrgicas y tratamientos hormonales en el plan médico obligatorio (PMO).

También garantiza el derecho a la identidad de género autopercibida por niños, niñas y adolescentes, sin necesidad de autorización por parte de sus representantes legales, ni tener realizada la rectificación registral de su Documento Nacional de Identidad.

 

Si no tienen acceso a una salud ni un trabajo dignos y el sistema educativo no hace nada para incluirlas ¿Cómo podrían adquirir una vivienda decente? Tal como se documenta en La Revolución de las mariposas, un 4% se encuentran en situación de calle y el 65,1% vive en cuartos de alquiler y en condiciones de suma precariedad. Sólo el 5,9% pudo lograr tener el sueño de la casa propia. Esto sucede porque les niegan los títulos de propiedad. Este es uno de los reclamos más importantes, ya que se necesitan lugares en los cuales las personas trans puedan dormir porque en los refugios comunes padecen la discriminación y hasta violaciones.

Cabe destacar que el 28 de junio de este año, el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires construyó la primera Casa Trans. La asociación de Travestis Transexuales y Transgéneros de Argentina (A.T.T.T.A) es la que se encarga de brindar un espacio de contención proveyendo servicios médicos, capacitación en oficios, orientación jurídica y actividades recreativas para las personas trans.

Como queda expresado, tanto la discriminación social como la institucional son parte de la vida diaria de las personas trans. El problema está en la  naturalización de este tipo de conductas que tiene que ver con la sociedad heteropatriarcal que excluye al distinto. A partir del informe nombrado anteriormente, llevado a cabo por el Ministerio Público de la Defensa, en el último año ocho de cada diez mujeres trans fueron foco de insultos y burlas; siete de cada diez fueron víctimas de robos; seis de cada diez sufrieron agresiones físicas y una de cada cuatro fue abusada sexualmente.

“Según nuestros registros este año hubo un incremento de la violencia institucional. Comparado con 2016, este año ya se duplicaron las denuncias por la violencia policial”, sentenció Vanesa Calderón, responsable del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio de la Defensoría LGBT que depende del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad.

Posiblemente es por eso que la mayoría del colectivo considera que la calle es el lugar más violento seguido por la comisaría. Entonces se puede decir que el recrudecimiento de la violencia policial es a lo que más le temen. Según datos oficiales, el 65,7% de las y los trans sufren la humillación y el maltrato por parte de las autoridades. Lo más común son los insultos y las exigencias de coimas pero también pueden ser más extremos ya que ejercen torturas, lxs obligan a vender drogas y lxs fuerzan a tener relaciones sexuales a cambio de la libertad. Por otro lado, también se ven vulneradxs porque no cuentan con la protección de la policía ya que desestiman sus denuncias.

La pelea sigue

Bajo la bandera de los siete colores hay una serie de reclamos: basta de travesticidios, repudio al protocolo detención a LGBT, un año más sin ley anti-discriminatoria, cupo laboral trans, justicia por el travesticidio de Diana Sacayán, por una implementación real y para todos de la Educación Sexual Integral, que se haga cumplir la ley para un mejor acceso a la salud, para que no haya más ataques a personas LGBTIQ. Es increíble que en 2017 todavía se reclamen derechos que deberían cumplirse y por eso, el colectivo sigue movilizándose. Por un lado, con alegría y orgullo para demostrar que no hay razón para esconderse y también es una forma de concientizar por lo que falta. Por el otro, se recuerda a lxs que ya no están y se manifiestan en contra de algunas medidas que atrasan como el “Protocolo General de Actuación de Registros Personales y Detención para Personas Pertenecientes al Colectivo L.G.B.T”.

“No percibir tu género como otras personas suele ser un poco llamativo. Pero eso está en vos también. Tenés que asumirlo porque si vos no estás asumido entonces te auto-discriminás. El ponerte la etiqueta y andar diciendo ‘no soy una mujer, soy una chica trans’, te auto-excluye. Entonces desde ese concepto es que nosotros tenemos que generar que no haya más divisiones, no auto-excluirnos. Para eso, hay que salir a la calle con la cabeza en alto, porque sino, no pasa nada”, planteó Juana, una de las asistentes a la marcha y sin dudas, es un mensaje más que importante para los tiempos que corren. Es necesario replantear qué es la normalidad para que la discriminación no sea la regla. Este colectivo, llama a la sociedad a una reflexión profunda que implora por un cambio radical del pensamiento hetero patriarcal que está inmerso en la sociedad.

 

Educación para no discriminar: la educación sexual es un derecho de niños, niñas y adolescentes. Hasta el momento, la educación sexual se inculca bajo heteronormativas, es decir, que solo se informa sobre los cuidados en relaciones heterosexulaes.

De esta manera, quedan excluidas las otras orientaciones sexuales, y solo se tienen en cuenta la dicotomía del género. En 2006 se sancionó la Ley de Educación Sexual Integral (Ley N° 26.150) que dispone la implementación de la educación sexual integral desde una mirada de diversidad sexual y derechos humanos.

Todos los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a saber que pueden manifestarse sexualmente de distintas maneras y que no hay solo dos caminos posibles. La idea es incluir a todos y que ninguno de ellos se sienta discriminado por sentir o percibir de una forma diferente.

Dentro de la comunidad trans, existe la Secretaría de infancias y adolescencias trans y sus familias. Que busca que tanto los jóvenes como sus familias tengan un espacio en el cual informarse, capacitarse y acompañarse entre todos para que con el tiempo vaya disminuyendo la discriminación y el bullying, no solo por parte de sus pares y gente del exterior, sino también para fomentar la aceptación desde la familia.

 

Lxs que ya no están

En 2016, los casos de travesticidios fueron once. En lo que va de 2017, ya son diez los casos confirmados de crímenes de odio contra travestis. A continuación la lista de lxs asesinadxs:

 


* Lucia Caracciolo estudió periodismo general en TEA y actualmente trabaja para la web barrial soydeurquiza.com. Se especializa en política y sociedad con el objetivo de entender un poco más el mundo que hoy nos rodea.

Agustina Amed se recibió de periodista en TEA y estudia ingeniería en sistemas en UTN. Se especializa en periodismo de investigación, tecnología e innovación. Actualmente es redactora en el sitio web ElLadoG.com.ar.

Sabrina Macri se recibió de periodista en TEA este año y estudió Comunicación Social en la UBA. Escribe sobre series en Otros Cines TV y en la Revista Cine Fantástico y Bizarro. Algunos de sus textos fueron destacados en Comunidad Anfibia, el blog de Revista Anfibia.

 

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#YoNoRecortoJubilaciones

Por Mercedes D’Alessandro

 

Quieren votar un proyecto que significa un recorte y que tendrá también un impacto de género.

La mayoría de los jubilados en nuestro país cobra la mínima que está en 7.246 pesos. La canasta básica supera los 16.000 pesos. Quienes reciben pensiones no contributivas, que son más de 1 millón y medio de personas, ganan menos todavía.

Hoy en Argentina la cobertura jubilatoria es casi total. Ayer, en la Cámara de Diputados, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, dijo que el 60% de los jubilados actuales no había cumplido los 30 años de aportes. Es decir, entraron gracias a las moratorias que se impulsaron en los años pasados.

En este punto la gente se vuelve loca. Luciano Laspina, diputado santafesino de Cambiemos, dijo que las jubilaciones fueron a parar a amas de casa de Recoleta que nunca en su vida laburaron (sic). Entre los más de 2 millones y medio de personas que accedieron a jubilarse sin haber completado los 30 años, la mayoría son mujeres. Son mucho más que la mayoría: representan el 85%. Mujeres que, como mi mamá (o la tuya), trabajaron en el hogar. Cuidando pibes, limpiando, cocinando, cosiendo y llevando adelante una labor vital para el funcionamiento de nuestra sociedad. O que laburaron un poco adentro de casa y otro afuera. A veces sin contrato, rebuscandosela. O como tu abuela, que vivió una época en que no se estilaba que las mujeres trabajen fuera de la casa. Algunos prefieren ponerlo como viejas chetas de Recoleta, pero al margen de que ellas también se lo merecen, mientras sigan considerando el trabajo que se realiza en los hogares como rascarse el pupo, vamos a seguir con problemas de desigualdad crecientes. La jubilación para las amas de casa debería ser un derecho indiscutible.

Otra gran parte de las mujeres que no se podían jubilar eran las empleadas domésticas. ¿Ustedes saben que casi el 20% de las trabajadoras argentinas trabaja en servicio doméstico? ¡La rama más informal y peor paga de nuestro país! ¿Saben además que aún hoy, con una ley que regula su trabajo, más del 76% no tiene acceso a vacaciones, aguinaldo, días de enfermedad, licencia por maternidad, entre otros derechos? Bueno, ellas también se jubilaron gracias a las moratorias después de toda una vida limpiando casas ajenas.

Muchos se olvidan de que los en los 90 teníamos tasas de empleo informal por encima del 40%, gente que no aportaba claro, porque no tenía dónde ni cómo. Después vino la crisis de 2001: 27% de desempleo, la mitad de la población en la pobreza.

Es fácil echarle la culpa a las mujeres y a lxs trabajadorxs precarizados. Podríamos, en cambio, poner el foco en quienes explotan gente, hacen fraude laboral, desprecian el trabajo ajeno y aplauden que, además, como si esto fuera poco, los chicos también vean recortada su asignación universal por hijo. El 48% de los menores de 14 años son pobres. A ellos también les quieren sacar un plato de comida.

 

Piece of Water, el disco debut de Agua Viva

Desde los fangos del Delta hasta el reflejo de los rascacielos en el Támesis, la vida de todas las aguas que transitó Josi Arias desde el 2016 están contenidas en Piece of Water, el disco debut de su proyecto Agua Viva.

La cadencia entre temas es un recorrido sin sobresaltos que se parece mucho a estar sentado mirando al río. Josi se sumerge y nos regala reflexiones elaboradas, no se resigna al estereotipo rockero de la mujer desbordada por sus emociones y muestra la sensibilidad de una música madura, con un producto pulido en el que sus experiencias flotan como gotas de aceite; son lo suficientemente explícitas para no mezclarse, para apartarse de esa corriente continua que es el disco, pero no tan densas como para hundirnos con ellas y enturbiar la visión subacuática. La intensidad está en la piel, algunas canciones hablan de un chapuzón refrescante un día caluroso y otras cuentan cómo se siente caerse en una cloaca.

Los sonidos son melancólicos, de a ratos como escuchar las olas del mar desde una habitación con las luces apagadas y de a ratos como recordar la ansiedad esperando que se llene de agua un pozo que hicimos en la orilla con manos infantiles. Piece of Water nos hermana a través del oído con una mujer desconocida que es todas a la vez; la que se espera de ella y la que se guarda en secreto.

El disco salió por Don Giovanni Records y se puede escuchar acá

 

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El lugar de los feminismos en la construcción de un nuevo horizonte de transición

Transcribimos, a continuación, la intervención de la economista feminista española Amaia Pérez Orozco del miércoles 29 de noviembre en el contexto del Seminario Internacional “Luchas y alternativas para una economía feminista emancipatoria” organizado por CLACSO en Paraguay. Se puede acceder al video completo del panel AQUÍ.

 

  • Elaboración de un diagnóstico

Orozco elabora, en primer lugar, un diagnóstico sobre el cual luego va a trabajar: el mundo se encuentra en un momento de profundo cambio, en el que confluyen dos procesos: el fracaso del proyecto civilizatorio del capitalismo heteropatriarcal racialmente estructurado y colonialista, y una crisis ecológica en donde se plantea el escenario de tener que comenzar a vivir con menos consumo de recursos: “la pregunta ya no es si queremos que el mundo cambie, porque el mundo está cambiando, el mundo está en transición: de un lugar que conocíamos hacia algún otro lugar que no sabemos cuál es. La pregunta es si queremos hacernos responsables de hacia dónde va este cambio. Y el planteamiento de los feminismos es: necesitamos urgentemente hacernos responsables de hacia dónde va la transición porque si no la transición va hacia lo que podríamos llamar el abismo, porque el proyecto hegemónico, esa cosa escandalosa, se resiste a morir. Y es un proyecto global continuista: en parte continúa el proceso de expansión global del capital, de la mercantilización de la vida (y aquí tenemos el extractivismo y el neoextractivismo, tenemos la nueva oleada de tratados de  comercio inversión), pero es mucho más violento, es todavía más violento que el proyecto del que veníamos.”

Sostiene que se ha roto lo que denomina el “neoliberalismo de colores” que prometía una globalización del capital, acompañada de derechos civiles y culturales para todas las personas, junto con un ideal de éxito y progreso individual, como el expresado en la retórica del empoderamiento: “se ha roto el neoliberalismo de colores y lo que se impone es un proyecto mucho más violento. Se han caído las máscaras, se ha hecho evidente lo que antes se nos quería ocultar: que aquí no cabemos todas y no cabemos todos”. Agrega que, además de expulsivo, este proyecto busca garantizar “que quienes se quedan dentro, se queden bien ordenados: las mujeres en su sitio, los hombres en su sitio, las clases sirvientes en su sitio, las clases patronas en el suyo. Es un proyecto de orden profundamente racista y heteropatriarcal, que se impone mediante la violencia.”

  • La idea del conflicto capital-vida

Una vez establecido este diagnóstico, naturalmente, surge la pregunta del “¿qué hacer?” y de  la responsabilidad que tiene el conjunto de movimientos emancipatorios frente a este panorama. De acuerdo a Orozco, lo que necesitamos es construir lo común como punto de partida, esto es, la idea de que tenemos un problema en común del que hacernos cargo, y lo común como punto de llegada, esto es, construir un horizonte común de transición. Ahora bien, ¿qué es lo que puede aportar el feminismo a esta construcción común de movimientos emancipatorios? Orozco introduce aquí la importante noción de conflicto capital-vida como un aporte central a poder comprender cuál es el problema nodal a resolver dentro del diagnóstico establecido:  “creo que los feminismos pueden hacer aportes claves en esa construcción de lo común como punto de partida mediante la idea del conflicto capital-vida. ¿De qué hablamos cuando hablamos de conflicto capital-vida? Lo que decimos es que este proyecto hegemónico, esta cosa escandalosa, se instala sobre un conflicto que es estructural e irresoluble. Recuperamos en parte la idea marxista de que la lógica de acumulación de capital  es una lógica del despojo, es una lógica donde el poder y los recursos se van acumulando por despojo a otros sujetos (…). Recuperamos, por tanto, la idea del conflicto y la noción del despojo, pero la reformulamos al menos en dos sentidos: por un lado, el ecologismo, el ambientalismo, los movimientos campesinos nos insisten en que la lógica  y el proceso de acumulación de capital se da a costa del expolio del planeta, por tanto, en ataque y en contradicción directo con la vida del ecosistema. Y lo que los feminismos dicen, (…) es que lo que está en conflicto no es el capital con el trabajo asalariado, es el capital con todos los trabajos incluidos: los trabajos invisibilizados, de los que no hablamos o, más allá, es un conflicto del capital con la vida, y la vida no es reductible a la mano de obra”  Este conflicto capital-vida es, además de estructural, irresoluble: “decir que es irresoluble significa decir, entre otras cosas (…) que el Estado de bienestar nunca puede resolver esta contradicción, aunque nos han vendido que era la  manera de resolverla.”

Aquí se abre una encrucijada: o se garantiza el proceso de acumulación del capital o se garantiza el proceso sostenible de la vida. Ahora bien, dentro del sistema actual, esta pregunta es tautológica y Orozco explica por qué: “por lo que hemos optado, entre comillas, como conjunto social, es por garantizar el proceso de acumulación de capital. Hemos puesto los mercados capitalistas en el epicentro de nuestra estructura material: definen qué se produce, cómo se produce, cómo se distribuye, cómo se organizan los espacios, a qué se dedica la tierra, cómo pensamos y organizamos los tiempos colectivos. Pero también los hemos puesto en el centro en términos simbólicos, construyen nuestra propia idea de la vida a la que aspiramos: aspiramos a un ideal de consumo y a un ideal de éxito individual en los mercados que es absolutamente funcional, construyen la idea misma de cómo es la vida construyéndonos esa noción autosuficiente donde parece que la vida de las personas no depende ni de la vida de quienes están en nuestro entorno ni de la vida del planeta. Negamos la ecodependencia y la interdependencia que, decimos, son condiciones básicas de la existencia. Tenemos una idea de la vida que está en contradicción con la vida misma. Por tanto, los mercados están en el epicentro en todos los sentidos, por decirlo de alguna manera, y esto significa decir que ni existe ni puede existir nunca en el marco este sistema una responsabilidad colectiva en cuidar la vida.”

  • Ética reaccionaria del cuidado

Si nos preguntamos cómo es que aún continúa la vida dentro de este sistema, la respuesta se encuentra orientando la mirada hacia lo que Orozco denomina los “malos cuidados”, algo que los feminismos han puesto sobre la mesa: “uno de los mecanismos clave para mantener la vida en el marco de un sistema que la ataca son lo que a veces llamamos cuidados, o lo que yo  preferiría llamar los malos cuidados. para diferenciarlo de lo que querríamos que fueran los cuidados. Lo que se construye en el marco de esta cosa escandalosa como contracara del trabajo asalariado son los malos cuidados que hacen al menos tres cosas: primero, cierran el ciclo económico, es decir, garantizan que la vida sale adelante en el marco de ataque al que está  sometida; en segundo lugar,  sanan  la vida  de los ataques de los  procesos de acumulación de  capital;  y en tercer lugar,  proporcionan esa fuerza  de trabajo y consumidora disponible para los mercados de la que nos hablaba ayer Silvia [Federici].  Hacen estas tres cosas los malos cuidados bajo tres condiciones: en primer lugar, privatizados,  no son responsabilidad  de lo colectivo y de lo común  sino que son responsabilidad de cada quien con sus redes domésticas y privadas; en segundo lugar, feminizados en un sentido material, porque la mayor parte de trabajos que resuelven la vida, insisto, en el marco de un sistema que la ataca, los hacen mujeres; pero también en un sentido simbólico, porque se construyó una idea de feminidad que está asociada al cuidar la vida ajena sin pedir nada a cambio y en las condiciones tan duras como sean. Es una lógica de la inmolación y del sacrificio a la que a veces llamamos una ética reaccionaria del cuidado, y la feminidad se construye en el  marco, insisto, de este sistema, en torno a  esta ética  reaccionaria el cuidado. En ese sentido los malos cuidados están profundamente feminizados. Y en tercer lugar, decimos  que están invisibilizados porque no hay datos, porque no  hay números, aunque se  estén haciendo esfuerzos por conseguirlos y se está avanzando  mucho, pero todavía nos queda infinito. Pero más allá, no generan derechos sociales  ni económicos, no generan ciudadanía, pero sobre todo no constituyen sujetos políticos,  no hacemos la lucha política desde el ámbito de lo que ayer Silvia [Federici] llamaba reproducción de los malos cuidados. Dicho de otra manera, la única manera de aceptar que vivimos en un sistema donde la vida está constantemente sometida a ataque es no ver el conflicto, y la manera de no ver el conflicto es meterlos en el lugar  de lo inexistente, de lo no político, de lo que no cuestiona el marco en el que vivimos. Por todo ello, decimos que es un sistema biocida: es un sistema capitalista que pone la vida al servicio del proceso de acumulación y es un sistema heteropatriarcal que garantiza que existan sujetos, esferas y trabajos subordinados que se encargan de mantener la vida en el marco de ese sistema que la ataca.”   

 

  • Lo común como punto de partida

Orozco señala que debemos estar muy atentos y atentas dentro de los movimientos emancipatorios a los distintos modos en los cuales se somete y excluye dentro de este sistema, para poder dar lugar a la construcción de esta formulación de un problema común: “el ataque sobre la vida no es igual a todas las personas, como es obvio. Por otro lado, el capital no es ningún ente abstracto que flota por ahí, el capital es gente, son personas. El capital, como nos decían las feministas marxistas, tiene rostro. ¿Y cuál es el rostro del capital? Es un rostro blanco, es un rostro de hombre, es un rostro urbano, es un rostro del norte global, es un rostro heterosexual, es el rostro de alguien sin diversidad, con una funcionalidad normativa. Lo que decimos es que esta cosa escandalosa acumula poder y recursos en torno a la vida de este sujeto que se impone como mayoritario, aunque sea la radical minoría, y que construye su vida como la única digna de ser sostenida a costa de las vidas del resto. Es una vida que sostenemos a costa del ataque a la vida del planeta, y a costa de ataques radicalmente desiguales al resto de las vidas en función de cuánto se alejen de este sujeto. Por tanto, necesitamos construir la idea que tenemos un problema común porque este problema está ahí, es colectivo, pero nos afecta de manera sumamente desigual según la posición que ocupamos en el marco de un sistema sumamente complejo de relaciones de poder.”

 

  • Lo común como punto de llegada: poner la vida en el centro

El punto de llegada de esta tarea común tiene que ver, para Orozco, con poner la vida en el centro: “Poner la vida en el centro implica recorrer al menos tres caminos: primero, construir otra idea de la vida que queremos vivir juntas y juntos, otra noción de buen convivir que respeta al menos dos criterios: o es para todas o no es: si lo que entendemos en un contexto social por bienestar es a costa del tiempo y de los recursos de la explotación de otro, no lo es; y en segundo lugar, que respete la diversidad de la vida, que no convierta a la diversidad y la diferencia en desigualdad. Construir otra idea de lo que sería el buen convivir en ese horizonte de transición. En segundo lugar, ir construyendo esos espacios de lo común que quiten poder y recursos al capital para ponerlos a circular en estructuras socioeconómicas que se hagan responsables de poner las condiciones de posibilidad de ese buen convivir, sacando esta responsabilidad de los hogares y de las casas. Y en tercer lugar, construir soberanía sobre ese buen convivir colectivo y soberanía sobre el lugar donde se arraiga la vida.”

 

 

  • El lugar de los feminismos en la construcción de un nuevo horizonte de transición

Orozco enumera una serie de motivos que hacen especialmente necesaria la contribución de los feminismos en esta construcción común: “en primer lugar, porque si los feminismos no están, no está la reproducción, no están los malos cuidados, no están las dimensiones invisibilizadas heteropatriarcales del sistema; en segundo lugar, porque necesitamos entender el carácter heteropatriarcal de ésta violencia.(…) [En tercer lugar], o deshacemos el género o no hay cambio sistémico; en cuarto lugar, para entender que esto va sobre la vida, pero no sobre una vida futura sino sobre la vida ya hoy, que no vamos a renunciar ni a sacrificar la vida hoy por una vida mejor futura, sino que queremos una vida distinta cambiando la vida hoy mismo.”

 

Finalmente, Orozco hace una serie de advertencias en torno a la relación entre los feminismos del norte y los feminismos del sur: “los feminismos tienen que estar en primera línea, pero los feminismos del norte global tenemos que dar un paso atrás, yo diría, porque somos incapaces de entender o tenemos serias dificultades para entender las dimensiones coloniales y colonialistas de este sistema ,de este proyecto, y por tanto las dimensiones decoloniales, por decirlo de alguna manera, de un proceso de transición emancipadora al menos en tres sentidos: en primer lugar, para entender la dimensión colonialista de la geopolítica global que divide el mundo en esas zonas de acumulación y de despojo; en segundo lugar, para entender la dimensión colonialista de la construcción de esas subjetividades cómplices con el sistema que tenemos (…). Cuando atacamos al individualismo y a la competitividad como este modo de estar en el mundo que se nos impone, a veces nos olvidamos de que tiene una contracara: no hay individualismo posible si no hay quienes sirven a ese supuesto sujeto competitivo individualista. El individualismo tiene la contracara de la ética reaccionaria del cuidado: hay sujetos que pueden pensar sólo en sí mismos porque hay otros sujetos que están dando su vida por la suya. Y aquí está la ética reaccionaria el cuidado, pero también está la lógica de la servidumbre, y la lógica a la servidumbre colonialista no la logramos entender. Entonces, esto es fundamental, desde el norte global queremos entender que es fundamental, pero somos incapaces, realmente, de verlo. Y, en tercer lugar, porque cuando queremos construir esos otros espacios de lo común que se hagan cargo colectivamente de poner las condiciones, que hagan posible el buen convivir, no tenemos que inventarnos las cosas de la nada, tenemos que partir de esas economías otras que ya están, esa economía social y popular, las economías campesinas, sin idealizarla como feministas, lo sabemos, pero sí sabiendo que el monstruo no ha ocupado todos los territorios por completo y que todavía hay espacios de resistencia.”

 

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Las tareas de la economía feminista

El martes 28 de noviembre, la filósofa marxista Silvia Federici estuvo en Paraguay  en el marco del Seminario Internacional “Luchas y alternativas para una economía feminista emancipatoria” organizado por CLACSO.

A continuación reproducimos las ideas centrales de la autora, en base a la exposición que se puede ver en el video AQUÍ.

 

 

  • Las tareas de la economía feminista

“La Economía Feminista (EF) tiene su origen en los movimientos sociales, sobre todo en los movimientos feministas. Muchas de sus categorías epistemológicas surgen del análisis y debate del concepto de reproducción, las críticas de los años 70, sobre todo en la campaña por el salario doméstico. Allí hicimos una crítica muy profunda a la economía neoclásica, a la concepción capitalista del mundo, a la desvalorización de la reproducción de la vida, la sumisión de las mujeres a las actividades que reproducen la vida y los mercados laborales. Entonces, la EF debe tener siempre como su punto de diferenciación la lucha de las mujeres del mundo, debe promover estas luchas y conectarse con ellas.

Otra tarea fundamental de la EF, a nivel más general y teórico, es promover una crítica de la lógica de la acumulación capitalista. Esta lógica que se funda sobre la explotación del trabajo humano, sobre la privatización de la riqueza y que por eso tiene un efecto tan devastador sobre la vida de las personas. Hay que repensar el mundo y las actividades que nos reproducen, en un contexto ontológico. Y, además, fortalecer la idea de que otro mundo es posible, y esa para mi es una de las tareas fundamentales de la EF.

La EF es crítica del concepto mismo de economía que nos han enseñado, de esa idea de economía como la ciencia que analiza cómo se distribuye la riqueza en contexto de escasez. Es importante para la EF mostrar que no hay escasez, sino que la escasez es producida por las desigualdades sociales, es producida por un sistema que se está comiendo el mundo, que se apropia de la riqueza natural, que destruye tanta riqueza natural y no se preocupa por reproducirla para las nuevas generaciones. Es muy importante mostrar que la condición de existencia de este sistema ha sido la creación de esta escasez y la creación de un empobrecimiento general. Esa idea de que este sistema social es la única posibilidad de vida, y que sin eso no hay prosperidad o posibilidad de vida digna, esa idea es muy paralizante. Es un asunto que nos paraliza, que nos congela el cerebro para buscar otra alternativa.

Otra tarea importante de la EF es armar críticas de lo que son los proyectos de desarrollo hoy. Sobre todo los proyectos de desarrollo de la política neoliberal que también están produciendo un empobrecimiento devastador. El proceso de globalización ha creado una situación económica en el mundo en la cual ningún país puede ser autosuficiente, en donde es muy fácil para los empleadores mover su oficina, su industria de un lugar a otro, y vivimos en un estado de precarización total del trabajo. Precarización de la vida no solamente del trabajo. Debemos depender del mercado para nuestra reproducción, en un contexto en el cual el Estado nos cobra cada vez más por la provisión de los servicios públicos. Esto también provoca empobrecimiento. Y esto se sabe pero hay que decirlo, porque es cuestión de vida o muerte para muchas personas.

Yo creo que las economistas feministas tienen un papel muy importante para hacernos comprender y darnos las pruebas y la evidencia de la conexión de este empobrecimiento de masas con esta hegemonía del mercado, con políticas de desarrollo que se fundan sobre el extractivismo y en donde el territorio, las tierras, son más utilizadas por mineras y petroleras. Entonces ¿cómo se muestra hoy el mundo? Se muestra devastado por un proceso de acumulación permanente, guerras que también son permanentes, una inseguridad creciente, un mundo en el cual millones de personas se convierten en refugiados, que son obligados a dejar sus tierras, sus raíces y a vivir sin una perspectiva de futuro. Yo creo que es importante mostrar las raíces económicas, las raíces en las condiciones materiales y las raíces de las políticas internacionales, y aquí también las economistas feministas tienen un papel muy importante. Y, sobre todo, para explicar y mostrar los efectos de esta política y esta situación en la vida de las mujeres.”

 

  • Dos ejes que propone Federici para intervenir 

“Se debe desplegar un trabajo muy importante sobre dos temáticas que están destruyendo la vida de tantas mujeres. Una es la cuestión de los microcréditos, que es una política que se introdujo para poner fin a la pobreza. Eso era el objetivo pero en realidad se ha convertido en una política que ha transformado a muchas mujeres en deudoras. Se convirtió en un endeudamiento de masas. No solo son muchas endeudadas sino que viven en condiciones de grandes dificultades económicas y una situación imposible porque no pueden pagar los préstamos. Son sujetas a violencia psicológica y física, pierden el apoyo de mujeres en su comunidad, y de los grupos con los que buscan préstamos. Hay que hacer un análisis contundente de los microcréditos para mostrar que son programas que están construidos de forma que empobrecen. Son construidos de una manera que sirve para separar a las mujeres del campo porque tienen que pagar inmediatamente, todas las semanas y no tienen tiempo, no pueden aplicar los préstamos a sus cultivos. Extiende relaciones monetarias sobre mujeres que antes podían tener cierta autonomía cultivando su tierra.”

“Otro tema importante es mostrar la importancia de los cultivo de subsistencia. Hay una guerra que muchas organizaciones financieras como el Banco Mundial le están haciendo a la agricultura de subsistencia diciendo que esto es una causa de la pobreza de las mujeres, porque ellas tienen formas de producción atrasadas y son culpables del empobrecimiento de sus comunidades. “

  • El trabajo de reproducción que realizan las mujeres

“También es importante hacer una crítica del movimiento feminista en torno a la cuestión de que la emancipación de las mujeres se podía conseguir con un trabajo asalariado. El problema con esta visión ha sido, una vez más, como el de la economía tradicional, que privilegia el trabajo fuera de la casa, el trabajo de producción de mercancías. Privilegia este por sobre el trabajo de la reproducción. El limite principal ha sido que esta política no ha permitido a las mujeres luchar sobre el terreno de la reproducción. Se ha abandonado la reproducción, con excepción de la lucha por el aborto, como un terreno de lucha, de cambio, de transformación social. Es un problema muy, muy fuerte y es necesario cambiar de dirección. Por eso pienso que es muy importante ver que una de las tareas que debemos enfrentar, partiendo de una óptica feminista y las luchas de las mujeres, es el trabajo no pago, que es trabajo de reproducción de nuestra vida pero también es trabajo que reproduce fuerza de trabajo. Es trabajo que permite que todos los días millones de personas vayan a trabajar, a la oficina, la fábrica o la escuela. Entonces, es muy importante reconocer esto, enfrentarse a esto, no solamente porque hoy las mujeres realizan una gran cantidad de trabajos por los cuales no reciben ninguna remuneración, ningún reconocimiento sino porque es un trabajo naturalizado e invisibilizado. Y también porque es un trabajo que no beneficia solo a nosotras y a nuestras familias o comunidades, sino que beneficia también a todos los empleadores. Podemos preguntarnos por ejemplo, qué harían los empresarios si en las casas y comunidades no estuvieran millones de mujeres que todos los días limpian, cocinan, hacen la gran parte de los trabajos que se llaman domésticos y que en realidad deberían llamarse trabajo de reproducción de la fuerza de trabajo. ¿Cuánta infraestructura sería necesaria crear desde guarderías, geriátricos, lugares para cura de enfermos? Es muy importante reconocer que este trabajo produce. Ya sea para que nos de fuerza en negociaciones con los empleadores y con el Estado, o sea porque cambia nuestra subjetividad comprender que no somos las dependientes o quienes hacen un trabajo marginal, un trabajo muchas veces despreciado. En realidad somos las que producimos la riqueza, la producción de la riqueza hoy tiene como pilar la reproducción de los que trabajan. Algunos producen coches o computadoras, otras producen a los que producen. El trabajo doméstico es el pilar de la producción en esta sociedad. Yo creo que esto va a cambiar la subjetividad de las mujeres y es muy, muy importante.

¿Qué significa poner fin a los trabajos domésticos no pagados? En los años 70 yo fui parte de una organización internacional que luchaba por el salario para el trabajo doméstico, que fue una de las estrategias más mal entendida del movimiento feminista. Parecía como algo que buscaba encerrar a las mujeres en el trabajo doméstico. No voy a hablar de esto pero aún pienso que es importante una remuneración. El problema central es cómo ponemos más recursos en apoyo a estos trabajos. Buscar más recursos para que el trabajo de reproducción no sea algo que consuma nuestra vida. Algo que nos de la posibilidad de conseguir más autonomía, salir de la casa. Y si salimos de la casa podemos salir con más poder. Porque hoy una de las razones por las que las mujeres tienen salarios más bajos que los varones es porque cuando salimos a trabajar los empleadores saben que estamos desesperadas, que estamos acostumbradas a trabajar por nada. No es coincidencia que los trabajos femeninos, aun de mujeres que no tienen hijos que no tienen familia son siempre sistemáticamente peor pagos. Esto es porque venimos de una experiencia intergeneracional de mujeres que trabajan sin remuneración. Entonces, no tenemos la conciencia del valor de nuestro tiempo de trabajo, de la energía de la vida.”

¿Qué significa poner más recursos? Hay varias posibilidades y cambian según el contexto. Una posibilidad que muchas feministas e integrantes de la izquierda proponen es fortalecer la esfera pública, presionar al Estado a poner más recursos del sector público. Esto es una posibilidad que no podemos abandonar. Es muy importante que el sector público fortalezca e invierta. Pero yo creo que no es suficiente. Los servicios públicos no van a reproducir todas las tareas que son necesarias y, además, tenemos una experiencia muy amplia de qué ha sido el sector público. La organización de los servicios públicos en la mayoría de los casos es funcional al mercado laboral y a la lógica de la acumulación. No está el bienestar como un fin. ¡Tengo solo una hora y podría hablar un día sobre los límites del sector público en esto! Porque la experimentamos todos los días, sobre todo cuando se cortan estos servicios. Entonces, el desafío más importante es construir luchas y movimientos que se propongan la reapropiación de recursos, de tierras, de espacio de vivienda y también monetaria. Porque vivimos en una sociedad en donde el dinero continua siendo una puerta, una condición de producción.

Hay 2 estrategias diferentes que necesitamos y enriquecerlas con miradas diferentes. Una de ellas espera del estado que se ocupe de la reproducción, asume que el estado se va a ocupar, entonces pedimos que invierta. En la otra, en cambio, luchamos para reapropiarnos de la riqueza que hemos producido, para poder controlar la riqueza natural, y en este sentido vamos a organizarnos y reclamamos el control sobre nuestra vida. Empezamos a construir formas de control sobre el proceso de la reproducción. Así que podemos también al mismo tiempo construir formas de organización territorial y formas embrionarias de autogobierno. Esta debe ser la dirección principal de la lucha hoy. Así podemos decidir qué educación damos a nuestros niños y no pensar que el Estado es quien nos la da. Podemos pensar qué salud conseguimos. Hemos perdido la concepción de qué es estar bien. Estamos mal de tantas formas que no sabemos qué es estar bien. Qué significa salud, qué tipo de vida queremos vivir.”

  • La política de los comunes y el cambio de la subjetividad individual hacia una colectiva

“Me interesa hablar de la política de construcción de los comunes. Nosotras hemos sufrido un despojo múltiple, no solo de los recursos sino también de nuestra conciencia y de nuestra posibilidad de decidir. Cómo organizamos nuestras comunidades y reproducción. Hablo de un proceso de reapropiación de la riqueza y deconstrucción de la reproducción. La tarea más importante es recuperar formas más cooperativas y comunitarias de la reproducción social. La reproducción del común empieza con la centralización de la reproducción en nuestra lucha y creación de formas de actividades reproductivas compartidas, que dejen de aislarnos. La reproducción en esta sociedad se ha desplegado en formas que nos aíslan de otras mujeres. Estamos solas en nuestras casas, con nuestras penas, nuestros trabajos. Muchas feministas dicen que hay que hacer que los hombres compartan el trabajo, yo estoy totalmente de acuerdo, los hombres tienen que tomar responsabilidades pero no es suficiente. Es necesario reconstruir formas comunitarias, así no nos aislamos como pareja tampoco.”

“Hemos interiorizado mucho el individualismo que nos enseña esta sociedad. Tenemos una historia tan grande de opresión que sospechamos del otro. La lucha para crear formas más cooperativas y comunitarias es necesaria. Una de las consecuencias de esta lucha es cambiar nuestra subjetividad. Una tarea es transformarnos a nosotros mismos. “

“La EF debe salir de la especialización, estamos acostumbradas desde la academia a trabajar en formas particionadas: la economía, la historia, etc. Pero no son cosas separadas, en la vida real todo es un continuo. Cada uno de estos niveles tiene una importancia para fortalecer el proceso de cambio social para ayudarnos a transformar nuestra vida y abrir el horizonte de posibilidades. Necesitamos salir de nuestra individualidad y entender que estamos en una larga lucha por la liberación de la humanidad. Necesitamos recuperar la memoria colectiva. Es parte de la transformación social y del proceso de lucha al que las economías feministas deben contribuir.”

“Muchas veces hemos internalizado la desvalorización que la sociedad capitalista ha promovido sobre los trabajos de reproducción. Para el capitalista es mejor desvalorizar porque permite reproducir trabajadores a un precio muy barato. El trabajo de las mujeres ha sido invisibilizado. Todavía creo que esta desvalorización ha sido internalizada por las mujeres también. Se piensa que los otros trabajos son superiores o más importantes, que nos dan más posibilidades. Creo que es importante cambiar, porque no creo que haya trabajo más importante que criar, educar o crear la vida de las próximas generaciones. Nos da la posibilidad de establecer también cómo será el mundo. Entonces no es una llamada a estar en la casa sino una llamada a repensar colectivamente qué significa reproducción. Hablo de la reproducción en sentido amplio ¿qué mundo vamos a construir? El trabajo de reproducción, si lo hacemos colectivamente, nos permite también fortalecer el tejido social en el que vivimos.”

“Este es el camino que yo propongo, la política de los comunes. Cuando nos aíslan somos derrotadas. Hoy nos enfrentamos a un período de desarrollo capitalismo en el cual la privatización de la tierra, la expulsión de la gente de áreas rurales, la comercialización de la agricultura y el espacio urbano, la obligación de recurrir al mercado que nos empobrece enormemente… hoy las mujeres, que dicen que nos hemos emancipado en el trabajo fuera del hogar, son las sujetos más endeudados del mundo, el 60% de los endeudados. No las más pobres, sino las que trabajan fuera del hogar. Ellas son las más endeudadas. El trabajo fuera de la casa no nos ha emancipado, las mujeres están empobrecidas. Venden todo, el mercado es nuestro cuerpo. Se vende el útero (la maternidad subrogada), venden sus hijos, bueno, eso nos da una imagen muy clara de cuál es la situación de las mujeres. “

  • Trabajo sexual/prostitución y explotación

“Con respecto al trabajo sexual me da mucha, mucha pena que el movimiento feminista se divida sobre esta cuestión. Porque en realidad el movimiento feminista ha sido el primero que ha denunciado que las mujeres en la historia del capitalismo han tenido una relación muy precaria y distante con el salario, con la relación monetaria. Siempre se han vendido y en muchas situaciones hemos sido obligadas a vender nuestro cuerpo. No son solo las mujeres que venden su cuerpo en la calle o se llaman prostitutas las que se venden, las mujeres se han vendido en el matrimonio porque es una posibilidad de supervivencia, se han vendido en el trabajo, para mantenerlo, etc. Entonces no es coincidencia que el movimiento de trabajadoras sexuales haya salido del movimiento feminista. Las trabajadoras del sexo han salido de las sombras. Pero muchas feministas dicen que el trabajo de la prostitución es degradante, o que es más degradante. Si, es una forma de explotación, debemos ser muy claras con eso. El trabajo sexual es una forma de explotación. Pero ¿por qué se dice que es el más degradante? ¿qué es acaso el trabajo de las maquilas? Un trabajo en donde te cierran la puerta del baño, de 15 horas por día, que se sale en medio de la noche, te cierran las puertas, chicas de 10 años pierden ojos, riñones, expuestas a químicos, etc. Entonces, hablar de qué es más degradante es moralismo, o de qué trabajo las mujeres pueden o no hacer, o cuál es más o menos peligroso. Un principio que hemos adoptado en el lugar donde yo vengo es no decir a las mujeres cuál es el tipo de explotación que deben aceptar, sino luchar para ampliar las posibilidades. Luchamos para no ser obligadas a matarnos para poder sobrevivir.”

  • Feminismo y maternidad

“El movimiento feminista no ha puesto todavía la maternidad como un problema central. Es que la imposición de la maternidad y todo lo que se asocia a ello ha hecho que muchas no quieran ser madres. En la primera fase del movimiento feminista se decía que la liberación de las mujeres empieza con liberarnos de la maternidad. Pero es un tema importante para la mayoría. Yo creo que debemos reapropiarnos de la lucha sobre la maternidad. Por ejemplo, hoy en los Estados Unidos, sobre todo mujeres de color, migrantes, o quienes han tenido relación problemática con los médicos, que han tenido miedo cuando van a parir, han creado esta nueva forma en que se va a parir con una duola, que es una especie de abogada que negocia con los médicos para evitar la violencia en ese momento. Hoy el acto de parir está industrializado. Muchas mujeres van a parir con terror, porque te crucifican en la cama, te llenan de tubos. No sos partícipe de este acto para dar la vida. Controlar la maternidad no es solamente pedir por el aborto legal, sino también luchar por tener los hijos que querramos y no pagar la procreación con nuestra vida. Hay que luchar también por los recursos para ello y para poder decidir sobre la maternidad. Hay que cambiar la forma en que la maternidad se vive hoy. “

 

 

También podés leer la crónica de Claudia Acuña en La Vaca.