, ,

Día del pago igualitario

La brecha salarial entre mujeres y varones es un fenómeno que se evidencia en todos los países del mundo. De acuerdo a estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), al ritmo actual la brecha salarial mundial se cerraría recién en el año 2186 y ¡estamos seguras de que no podemos esperar tanto!

En la Argentina, la brecha salarial por género es aproximadamente del 27% (INDEC). Por lo tanto, mientras que nuestros pares varones cerraron su año laboral el 31 de diciembre de 2017, las mujeres tuvimos que trabajar hasta hoy, 9 de abril de 2018, para equiparar su salario. Es decir, tuvimos que trabajar más de tres meses extra para conseguir el mismo pago. Por eso, hoy es nuestro #DiadelPagoIgualitario.

De acuerdo a un estudio de la OIT, en nuestro país, más de la mitad de la brecha salarial por género se debe a una discriminación directa, es decir que personas que son iguales en educación, capacidades y/o experiencia ganan distinto según su género. El resto de la brecha se debe, en parte a los techos y paredes de cristal y, por otra parte, a la asimétrica distribución del trabajo doméstico no remunerado, que deja a las mujeres con una doble y hasta triple jornada laboral. A su vez, la brecha salarial se amplía al 39% cuando se trata de trabajadoras informales (que a su vez, son más de un tercio del total de las asalariadas).

Por eso en este #DiaDePagoIgualitario te convocamos a sumarte a nuestro tuitazo de 13 a 15hs porque nosotras #QueremosGanarIgual!!!

Podés leer más sobre la brecha salarial aquí:

, ,

Documento de Trabajadoras Argentinas de Ciencia y Tecnología con motivo del 8M

 

INTI – CNEA – CONICET – INVAP – CITEDEF – SEGEMAR – SENASA

 

Durante febrero y marzo de 2018 nos encontramos en la puerta del INTI, con la premura de los 258 despidos pero con la necesidad de intercambiar experiencias que vivimos a diario siempre. Somos mujeres que trabajamos en el área de CyT, desde personal de apoyo a profesionales, despedidas, en planta, precarizadas, que quedamos fuera de los ingresos debido a los recortes, etc.; algunas nos conocíamos desde hace años, de compartir espacios en ATE, en el corredor de Gral. Paz y Constituyentes, en los Encuentros Nacionales de Mujeres, en discusiones e iniciativas que tienen que ver con los derechos de las mujeres.

Otras nos conocimos ahí, en el alambrado.

Allí mismo surgió la necesidad de juntarnos y debatir en asambleas de mujeres, donde poder contar nuestras experiencias, donde analizar lo que nos pasa desde nuestro lugar de trabajadoras del área.

Este documento es producto de estas asambleas y reuniones, de esos planteos, algunos nuevos, otros con años de elaboración.

Esperamos que la difusión de este material sirva y nos sirva para continuar este camino.

 

Contra los despidos, el ajuste y el vaciamiento de nuestros organismos

8 de marzo de 2018 : ¡Acá no sobra nadie!

Somos trabajadoras que nos desempeñamos en el área de Ciencia y Tecnología, desde investigación hasta tareas de apoyo, desde el área pública hasta la privada, en organismos estatales, en universidades, etc.

Este 8 de marzo nos encuentra nuevamente en pie de lucha contra los despidos y el ajuste en todo el país, y en nuestros organismos de ciencia y tecnología en particular: a los 258 despidos en INTI y la permanencia pacífica y paro total de actividades desde el 26 de enero, los 411 afectadxs en Conicet desde 2017, los 70 despidos en el Ministerio de Defensa, los 500 despidos en Fanazul que se suman a los más de 200 del año 2016 en Fabricaciones Militares y las puebladas en Azul por su reapertura, un centenar en SENASA a principios de año, los más de 100 despidos en el Hospital Posadas, y muchos más conflictos abiertos. A esto hay que sumarle los recortes presupuestarios en los organismos, que comenzaron en 2016 y continúan a la fecha.

Esta ola de despidos nos golpea en particular, porque las mujeres sostenemos con nuestro trabajo las consecuencias del ajuste. En muchos organismos, además, la composición de los despidos nos toca directamente, en cantidad y porque nuestrxs hijxs quedan sin acceso al jardín laboral, entre otras situaciones.

Pero también nos golpea porque muchos de los programas vaciados y desfinanciados han sido la conquista de años de lucha del movimiento de mujeres: el programa de Salud Sexual y Reproductiva, el programa de Educación Sexual Integral o la línea 144. A esto se suma el nulo avance en soluciones a problemas como la violencia de género, con refugios, subsidios y acompañamiento legal gratuito. Es imperiosa la declaración y aplicación de la Emergencia Pública en Violencia Contra las Mujeres, que asegure presupuesto y personal capacitado en estos y otros programas.

 

Las trabajadoras en Ciencia y Tecnología

La precarización del trabajo en el Estado Nacional, con contratos sin estabilidad laboral y monotributos que hasta desconocen quien es nuestro empleador, se suma a otras modalidades de trabajo precario extendidas en el ámbito científico, como las becas y otras formas que niegan la naturaleza de nuestro trabajo.

En el Estado nos debemos un análisis serio sobre cómo se expresa la brecha salarial entre varones y mujeres, pero estamos en condiciones de afirmar que el acuerdo paritario de 2017 entre el Gobierno de Macri y UPCN, además de ser un aumento insuficiente, discrimina y perjudica a las trabajadoras estatales, en lo que se refiere al cobro del presentismo. Este ítem, además de ser una medida flexibilizadora que afecta al conjunto de los trabajadores, nos ubica a las mujeres en la necesidad de elegir entre cuidar a nuestros hijos y mayores o cobrar un “plus”, lo que repercute principalmente en las que cobramos los salarios más bajos. Las mujeres somos las que nos hacemos cargo, en la mayoría de los casos, ante una situación de enfermedad o cuidado de familiares. Según la última Encuesta Sobre Trabajo no Remunerado y Uso del tiempo realizada por el INDEC en 2014, las mujeres en Argentina dedicamos más del doble de tiempo que los hombres a este tipo de tareas. Por eso decimos que nos castiga particularmente.

Pero no es lo único: también observamos un acceso diferencial a los puestos de trabajo

¿Por qué decimos un acceso diferencial a los puestos de trabajo?

Porque hay una división sexista de tareas. Existen tareas consideradas “de mujeres”, y otras “de hombres”. Las mujeres no accedemos fácilmente al manejo de maquinaria pesada (como si las tareas de limpieza o levantar niñxs en brazos no lo fueran). Esta exclusión se da por práctica habitual que no es cuestionada, o mediante la generación de situaciones “incómodas” que terminan expulsándonos de esos sectores. Por otro lado, hay disciplinas consideradas “femeninas” (las ciencias biológicas, las sociales y humanidades, así como también las tareas administrativas y de limpieza), y otras disciplinas “masculinas” (ingenierías, técnicas, mantenimiento). También sucede que en un grupo se pretende que las tareas de limpieza no designadas las realicemos nosotras, lo que es un frente de conflicto para cualquier mujer trabajadora.

Porque existe el techo de cristal. En los organismos de CyT, los cargos jerárquicos de investigación y de responsabilidad institucional son ocupados muy minoritariamente por mujeres (en la mayoría de los casos, menos del 10%). Esto sucede en puestos jerárquicos institucionales, pero también en otros ámbitos, como en los espacios gremiales: a una participación masiva como delegadas de base y activistas, se contrapone el escaso número de mujeres en puestos de dirección sindical.

Porque faltan licencias y espacios de cuidado en los lugares de trabajo. La decisión de ser madres no debería condicionar nuestra carrera laboral. Exigimos que se promueva un reparto más equitativo de las tareas del hogar, y que se contemple la responsabilidad de los varones en el cuidado y crianza de lxs hijxs, para lo que se hace necesario licencias por nacimiento más extendidas para madres y padres. Necesitamos lactarios y Jardines materno-paternales para nuestrxs hijxs en todos los lugares de trabajo, que contemplen las particularidades de nuestra jornada laboral.

Porque hay acoso sexual y violencia en el trabajo. Las mujeres somos las que sufrimos con mayor frecuencia violencia laboral en diversas formas, y a esto se suman las situaciones de acoso y machismo en las relaciones laborales. Si bien se ven algunos avances aislados, en la mayoría de los organismos no hay protocolos para abordar la violencia sexista ni el acoso, o están implementados de manera insuficiente, y el personal que debe intervenir no está capacitado en perspectiva de género. Las pocas mujeres que nos animamos a denunciar solemos ser revictimizadas por un sistema que otorga poder a los varones independientemente de que ocupen o no puestos de dirección.

Porque no hay licencias por violencia de género. En la mayoría de los casos, frente a una situación de violencia de género, en los lugares de trabajo se la pretende resolver otorgando licencias psiquiátricas a las mujeres; esto no sólo invisibiliza la violencia de género, sino que además estigmatiza a las víctimas. Es necesario que se reconozca que en nuestro país la cantidad de mujeres que sufren violencia de género en todas sus formas es alta, y que todos los años mueren cientos de nosotras por femicidios, muchos denunciados y evitables.

 

Necesitamos otra ciencia  

La ciencia forma parte del poder hegemónico, y por lo tanto refuerza los estereotipos y las ideas patriarcales sobre la inferioridad de las mujeres, más o menos sutilmente. Los sesgos de género (así como los raciales o los de clase) pretenden mantener las cosas como están. Es necesario entonces que las mujeres participemos en la práctica científica, aunque no es suficiente: en tanto que no cuestionemos los modelos patriarcales de la ciencia ni sus paradigmas, será difícil eliminar o reducir dichos sesgos.

Por otra parte, esto también repercute directamente en nuestras vidas. Cuando se realizan ensayos clínicos sobre hombres solamente porque es menos costoso y más sencillo evitar a las mujeres y sus cambios hormonales, se pasan por alto los efectos de estos tratamientos sobre nuestros cuerpos y sus consecuencias, produciendo en muchos casos nuevas enfermedades. También se ve en el diseño de tecnología que no nos tiene en cuenta, lo que resulta en enfermedades laborales, en la imposibilidad de asumir ciertas tareas y hasta, en algunos casos, pone en riesgo nuestra vida.

Nosotras pretendemos hacer ciencia y tecnología que contribuyan con la liberación de las mujeres, y eso sólo será posible si reconocemos primero el lugar que ocupamos en el sistema científico y luchamos para cambiarlo.  

 

 

Por todo esto decimos y exigimos:

En INTI y en el Estado Nacional no sobra nadie. No a los despidos, no al vaciamiento y la reestructuración en los organismos del estado.

Más presupuesto en Ciencia y Tecnología

Basta de precarización laboral. Contratación efectiva y pase a planta permanente.

Extensión de las licencias por nacimiento. Extensión de las licencias para varones y mujeres para cuidar personas a cargo.

Lactarios y jardines de cuidado en los lugares de trabajo.

Licencias por violencia de género.

Reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados como trabajo.

Cumplimiento del cupo laboral trans

Aplicación efectiva de protocolos para violencia de género en los lugares de trabajo y capacitación para el personal con perspectiva de género.

Basta de femicidios. Basta de travesticidios. Emergencia nacional en violencia contra las mujeres

Financiamiento para los programas de atención a víctimas de la violencia machista. Aplicación de la ley 26485, de protección integral a las mujeres contra la violencia de género, de la Ley  Educación sexual integral y de la Ley de Salud sexual y Procreación responsable.

¡Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir!

Todxs dicen misoprostol

Por Laura F. Belli

Con el debate sobre el aborto en boca de todxs en la Argentina, resuena en muchos oídos una palabra que se repite: misoprostol. Pero ¿qué es, para qué sirve y por qué parece ser central en esta discusión?

El misoprostol, vendido en nuestro país bajo el nombre Oxaprost, es un medicamento utilizado para prevenir y tratar las úlceras estomacales, pero también para iniciar el trabajo de parto, inducir un aborto y para el tratamiento de la hemorragia posparto. Fue desarrollado en 1973 como tratamiento de úlcera péptica, y las afecciones relacionadas, y actualmente figura (junto con la mifepristona) en la Lista de Medicamentos Esenciales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), debido a los beneficios que presenta su uso en ginecología y obstetricia.

Hasta la fecha, la versión en comprimidos vaginales sólo es permitida por la ANMAT para uso exclusivo en instituciones hospitalarias que cuentan con servicio de obstetricia y bajo ciertos controles. Es por ello que, hoy día en Argentina, el medicamento sólo está disponible como un subcomponente del Oxaprost (diclofenac + misoprostol) que se vende bajo la forma de comprimidos para ser administrados por vía oral (y su venta es bajo receta archivada).

Se estima que en la Argentina se producen cerca de 450 mil abortos clandestinos por año. Este dato se desprende de una estimación estadística realizada sobre datos disponibles de hospitales públicos (número de casos hospitalizados por complicaciones de aborto) y datos relacionados con salud sexual y reproductiva (provenientes de estadísticas vitales, censos y encuestas). Al tratarse de una práctica clandestina, muchas veces se realiza en condiciones de poca higiene y a través de métodos no seguro. Esto genera complicaciones como abortos incompletos —con alto riesgo de infección— y hemorragias. Las complicaciones por aborto inseguro son la primera causa individual de muerte materna en 17 de las 24 provincias.

A pesar de la evidencia que demuestra la seguridad y eficacia del misoprostol, obstáculos relacionados con cuestiones políticas y comerciales dificultan en muchos países la producción y distribución de este fármaco. Debido a su uso como abortivo, algunos gobiernos han restringido —o intentado restringir—  el acceso y el uso de misoprostol. Como resultado, la disponibilidad y el costo del misoprostol puede variar ampliamente de acuerdo al país, e incluso en países que lo han aprobado para una o más indicaciones.

Sin embargo, no han cesado los esfuerzos para aumentar la distribución y garantizar el acceso generalizado al misoprostol, especialmente en entornos de bajos recursos (dado a que su producción es de bajo costo, fácil de administrar y no necesita de refrigeración, entre otras cosas).

Mapa: “Registro global de misoprostol por indicación [médica]” https://www.womenonwaves.org

 

Producción pública de misoprostol

 

A pesar de su prohibición o difícil obtención, el misoprostol está creciendo como método de interrupción del embarazo en toda la región. En países donde el aborto es ilegal (o de acceso restringido) su uso mejoró la seguridad de los procedimientos clandestinos, disminuyendo las complicaciones en salud. Frente a leyes restrictivas en torno de esta práctica, en países como Argentina, aumentar la disponibilidad del fármaco y la información sobre su uso (mediante campañas o en consejerías dentro del sistema de salud) ayudaría a reducir drásticamente la mortalidad materna. Este es el caso de Uruguay, en donde desde 2001 (y previo a la legalización de la práctica) se implementó el modelo de reducción de riesgos y daños sostenido en la intervención desde el sistema de salud, brindando información sobre el uso del misoprostol, así como controles previos y posteriores al aborto. Esta medida tuvo un fuerte impacto en la reducción de la tasa de mortalidad materna del país

En el año 2014, la provincia de Santa Fe hizo los primeros intentos para promover la fabricación pública del misoprostol en su Laboratorio Industrial Farmacéutico (LIF). El pedido contemplaba que el Ministerio de Salud Provincial garantizara la producción y asegurará su entrega gratuita para el tratamiento de personas gestantes que necesitaren intervención ante abortos incompletos, hemorragias posparto, o inducción del aborto dentro de las causales permitidas por la ley. Esto también hubiera permitido que su precio descendiera, haciéndolo más accesible (en la actualidad una caja ronda los $2800, dado que el laboratorio Beta tiene el monopolio de su producción y comercialización y fija precios altos). Esta iniciativa (que contemplaba la producción a escala nacional) no obtuvo autorización de la ANMAT para uso obstétrico y quedó trunca al no poder superar los numerosos obstáculos que debió enfrentar.

A pesar de ello, los intentos de garantizar el acceso a este medicamento esencial no cesan: en septiembre de 2017, el CELS, la Secretaría de Género de Nuevo Encuentro CABA y la agrupación Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto presentaron un nuevo pedido solicitando a la ANMAT que lo reconozca como medicamento obstétrico y establezca un mecanismo adecuado para asegurar el acceso a este medicamento (y que revise las condiciones de expendio que actualmente son bajo receta archivada). Y en noviembre pasado, la agrupación Católicas por el Derecho a Decidir exigió al gobierno nacional la producción pública del misoprostol reiterando el pedido realizado en diciembre del 2015 ante el Ministerio de Salud de la Nación para que produzca y distribuya misoprostol y mifepristona (combinación más eficaz recomendada por la Organización Mundial de la Salud para acceder a un aborto seguro).  

En línea con el tema de este 7 de abril, “La salud para todos”, no se puede perder de vista que el acceso a la salud es reconocido como un derecho humano básico y que la cobertura sanitaria universal no se podrá lograr sin el real y pleno acceso de las mujeres a la salud sexual y reproductiva. El acceso a cuidados esenciales no solo mejora la salud de las personas, sino que también reduce la pobreza e impulsa el crecimiento económico.

 

El acceso a la salud también es una cuestión de género

Por Magalí Brosio  y Estefanía Pozzo

La salud, según la OMS, “es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. El género de las personas es un aspecto fundamental para pensar la salud de la población, no sólo por las necesidades específicas sino por cómo esto incide en la planificación de las políticas públicas que garanticen el acceso efectivo a los servicios sanitarios.

Este año el desafío global es el acceso universal a los servicios de salud. El género debe ser uno de los aspectos que los sistemas de salud de los países deben tener en cuenta para garantizar el cumplimiento del derecho a todxs lxs ciudadanxs.

Pensemos un ejemplo: la expectativa de vida de las personas trans en la Argentina, según un informe del Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad de Buenos Aires, reveló que no supera los 40 años. ¿Es lo mismo garantizar la salud a las personas trans que a las cisgénero? A la luz de los datos, es evidente que no.

La misma pregunta cabría hacerse respecto de la diferencia en el acceso a la salud de varones y mujeres: la diferencia obvia está en la atención de la maternidad, pero se replica también en el acceso a los anticonceptivos (orientados principalmente a mujeres) y la posibilidad (o criminalización, como en la Argentina) del aborto.

La igualdad de género en la agenda de salud

La igualdad de género ha formado parte de la agenda de salud a nivel global por más de 40 años y hay cada vez más consenso en la centralidad de avanzar en este campo. Como decíamos, el género impacta en la salud y el bienestar de las personas y se constituye como un determinante clave en relación al ejercicio del derecho al acceso a la salud.

De acuerdo a The Global Health 50/50 Report, en particular, el género influencia la exposición a ciertos riesgos específicos, pero aún mucho más importante, también impacta sobre la decisión de buscar o no asistencia en servicios de salud así como también la calidad y la efectividad del cuidado recibido.

En este sentido, en la actualidad, los indicadores desagregados muestran que existen diferencias significativas en salud, bienestar y expectativa de vida entre mujeres y varones así como también entre personas cis y trans.

El acceso a la salud sexual y reproductiva: una cuestión de derechos

El derecho a la salud sexual y reproductiva se encuentra entre los derechos humanos acordados internacionalmente. En particular, este derecho fue ratificado por un total de 179 países en 1994 durante la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) en El Cairo. Sin embargo, hoy en día se siguen registrando fuertes heterogeneidades y disparidades entre países así como también al interior de estos.

El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), por ejemplo, ha reportado recientemente que en los países en desarrollo, la necesidad insatisfecha de planificación familiar es significativamente mayor entre las mujeres de menores ingresos. De esta manera, cuando se compara el uso de anticonceptivos por parte de mujeres de entre 15 y 49 años que están casadas o viven en una unión libre en el sur global, es posible encontrar brechas de hasta el 29% en el acceso entre las mujeres que se encuentran en el primer y en el último quintil de ingresos. A su vez, dentro de las mujeres de bajos ingresos, aquellas con menos cantidad de años de educación y que residen en áreas rurales se constituyen como un colectivo particularmente vulnerado en término a sus derechos de acceso a la anticoncepción. Esta dinámica genera un círculo vicioso en el que las mujeres más pobres son quienes se ven más perjudicadas por la fecundidad no deseada en términos económicos, ya que esta situación limita su acceso a la educación, su capacidad de incorporarse a la fuerza de trabajo remunerada y reduce sus ingresos (UNFPA, 2017).

De acuerdo al Guttmacher Institute (2017), en el sur global cada año hay 89 millones de embarazos no planificados, que representan un 43% de los embarazos totales. A su vez también se registran anualmente 48 millones de interrupciones voluntarias, 10 millones de abortos espontáneos y 1 millón de muertes fetales. Una vez más, las necesidades insatisfechas de planificación familiar se agravan entre mujeres pobres, rurales y menos educadas (UNFPA, 2017).

Anualmente, se registran 7,3 millones de partos de menores de 18 años en países en desarrollo, entre los cuales 1,1 millones son explicados por niñas de hasta 15 años. A su vez, entre adolescentes se agrava aún más la situación de desigualdad en relación a sus derechos sexuales y reproductivos. De acuerdo a UNFPA (2017), la tasa de fecundidad entre las jóvenes que forman parte del 20% de los hogares más pobres es casi tres veces superior a la de aquellas que se encuentran dentro del quintil de mayores ingresos. A su vez, la cantidad de partos registrados entre adolescentes que habitan en zonas rurales duplica a la reportada en áreas rurales.

De esta manera, queda claro que hay importantes intersecciones entre la desigualdad económica y la desigualdad en el acceso a los derechos sexuales y reproductivos que se complementan y refuerzan mutuamente. Así, las mujeres que pertenecen a estratos de ingresos más bajos registran mayores obstáculos para acceder a anticonceptivos y cumplir con sus necesidades de planificación familiar, lo cual impacta sustancialmente en la cantidad de embarazos no deseados. La maternidad forzada, a su vez, afecta negativamente la capacidad de las mujeres de mejorar su situación económica lo cual a su vez contribuye a profundizar la brecha económica entre mujeres.

Bibliografía complementaria

Report card shows gender is missing in global health

Improving Women’s Health through Universal Health Coverage

Reaching every woman and child through Universal Health Coverage

Women and Health. Today´s evidence, tomorrow´s agenda

Universal Health Coverage

,

#AbortoLegalYa – Entrevista a Laura Belli en FutuRock

Entrevista a nuestra EcoFeminita Laura Belli, Doctora en Filosofía y Bioeticista, sobre aborto, vacunas y otros temas de salud pública.

https://www.futurock.fm/contenido/abortolegalya-nos-visit-laura-belli-doctora-en-filosof-especializada-en-bio-tica-y

, ,

El mundial de la igualdad

El Mundial de la Igualdad es una iniciativa que busca que los medios tradicionales y alternativos, organizaciones, clubes deportivos y marcas interesadas en el fútbol difundan, desarrollen y promuevan contenidos con una agenda social y de género más responsable.

Queremos utilizar la próxima fiebre global por el fútbol para darle luz a los temas de los que pocxs hablan, para que tengan la misma audiencia que un gol de Messi. Queremos aprovechar este campeonato para hablar de las brechas salariales entre jugadores y jugadoras, del acceso al deporte para las mujeres, de la violencia machista. Queremos saber cuántas periodistas deportivas estarán cubriendo los partidos y si tendrán voz en los relatos. Nos gustaría generar conversaciones sobre estos temas con la misma pasión que se debate una jugada polémica o se festeja la victoria de tu equipo favorito. Nuestro objetivo es convertir los 48 partidos del mundial en oportunidades para informar, aprender, reflexionar y generar acciones que transformen estas desigualdades.

Para eso, desde Economía femini(s)ta y el Club Atlético San Lorenzo de Almagro te convocamos a una Hackaton en la que vamos a buscar datos, armar videos, visualizaciones, pensar juegos interactivos y diseñar colaborativamente una plataforma que sea nuestra propia cancha mundialista. Y esto es solo el comienzo, ¡junto a Datasketch (Colombia) y Futbol Femenino (Perú) estamos planeando muchas cosas más!

La cita es el sábado 14 de abril en el Polideportivo de Boedo (José Mármol 1715) desde las 12 a las 20hs y tendremos varias actividades.

  • La hackaton será desde las 12 y van a participar en ella como coordinadorxs Wikimedia Argentina, Chicas en Tecnología, Las de sistemas, Chequeado, Fundación Huésped y muchxs amigxs hackatonistas.
  • Además, y en paralelo, tendremos charlas inspiradoras con Evelina Cabrera, Mónica Santino y Matías Lammens, entre otrxs.
  • Tenemos dos canchas de fútbol para practicar y habrá partidos muy importantes durante la tarde que no te podés perder.

La entrada es libre y gratuita, solo requiere inscripción previa (AQUí)

¡Te invitamos a pasar una tarde de datos, fútbol y feminismo para todos y todas!

                                  

 

Seguinos en

https://www.facebook.com/igualdata/

https://www.instagram.com/igualdata/

https://twitter.com/igualdata