Calláte y pujá: por qué la violencia obstétrica es violencia de género

Por Daniela Rey*

 

 

La violencia obstétrica es una forma de violencia de género, es decir, implica la vulneración de los derechos fundamentales de las mujeres. A pesar de ser un fenómeno común, no es natural ni tiene porqué existir. Pero existe. Los datos muestran que lejos de ser un fenómeno aislado, la violencia obstétrica se encuentra extendida y naturalizada por médicos/as y pacientes y es practicada de forma sistemática por parte de los profesionales de la salud.

¿Qué dice la ley?

A continuación se realiza un breve recorrido sobre los marcos legales existentes en nuestro país respecto de esta problemática. En Argentina, una reforma constitucional de 1994 incorporó diferentes instrumentos legales internacionales sobre Derechos Humanos, entre ellos, la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la Mujer (CEDAW). La CEDAW en su artículo Nº12 sostiene que “los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra la mujer en la esfera de la atención médica a fin de asegurar, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, el acceso a servicios de atención médica, inclusive los que se refieren a la planificación de la familia”.

Y continúa estableciendo que “garantizarán a la mujer servicios apropiados en relación con el embarazo, el parto y el período posterior al parto, proporcionando servicios gratuitos cuando fuere necesario y le asegurarán una nutrición adecuada durante el embarazo y la lactancia”. Por otro lado, la Ley nacional 26.485 del año 2009, titulada “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”, expresa en su artículo 4, qué se entiende por violencia:

“toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes. Se considera violencia indirecta, a los efectos de la presente ley, toda conducta, acción omisión, disposición, criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón”.

Entonces, de acuerdo con lo establecido en esta Ley, la violencia obstétrica no es en sí misma un tipo de violencia, sino una modalidad. En el artículo 6, inciso e, ésta modalidad es definida de la siguiente manera:

“Violencia obstétrica: aquella que ejerce el personal de salud sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres, expresada en un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, de conformidad con la Ley 25.929”

Esta Ley 25.929 del año 2004, conocida como la Ley de parto humanizado, es la que establece en su artículo 2, los derechos “de toda mujer, en relación con el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el postparto”.

Es decir, que al menos desde hace 13 años, ¡por fin!, las mujeres tenemos el derecho legal a transitar nuestro trabajo de parto y el posparto sin que ningún/a profesional opine o intervenga médicamente sobre nuestro cuerpo de forma violenta o sin nuestro permiso. Conocer nuestros derechos es un paso clave para defendernos ante las situaciones de violencia.

 

La violencia obstétrica en cifras

Recientemente, en el año 2016, el Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO) dio a conocer las estadísticas que se obtuvieron a partir de la realización de encuestas voluntarias en su página web. Los datos muestran que la violencia obstétrica existe, afecta y violenta los derechos de muchísimas mujeres en todo el país, durante el parto, antes y/o después del mismo.La revista Cosmopolitan recogió algunos de los datos más resaltantes que dio a conocer el OVO:

  • Falta de acompañamiento: Se deja a la mujer sola, sin interlocutores de confianza ni testigos de lo que le sucede en su internación. Durante el trabajo de parto, el 25% de las mujeres estuvieron totalmente solas. Durante el parto, un 36%. Durante la etapa de posparto, el 20%
  • Trato: El 28% fue criticada por los médicos. Un 56% fue tratada con sobrenombres. Un 30% recibió comentarios irónicos o descalificadores. A un 36% las hicieron sentir que corrían peligro ella o su hijo/a Y un 47% no se sintió contenida.
  • Información: El 44% de las mujeres no fue debidamente informada sobre la evolución del trabajo de parto o su bienestar ni del de su bebé.
  • Cesárea: El 46% tuvo a su hijo por cesárea, siendo el porcentaje estándar de la OMS un 12-15%, de las cuales 39% fueron programadas. Dentro de este número, el 54% de las madres eran primerizas. Existe un mayor índice de cesáreas en el sistema privado, que se eleva hasta el 64%.
  • Rotura artificial de bolsa: El 70% de las encuestadas no recibió información clara, adecuada y completa y por ende no dio su autorización.
  • Inducción del parto. El 29, 7% de las encuestadas tuvo un parto inducido, siendo el porcentaje estándar de la OMS menor a 10%
  • Anestesia: El 36% de las mujeres fueron anestesiadas sin haberlo solicitado.
  • Prácticas sobre el/la bebé: El 74% de las mujeres no recibieron suficiente información sobre las prácticas que realizaron sobre su hijo/a, por ende tampoco dieron autorización para realizarlas. Aproximadamente el 45% de las mujeres no sabe o no recuerda qué prácticas fueron hechas sobre su hijo/a.

 

El sistema de salud y el trato hacia las mujeres.

En un trabajo realizado por Cecilia Canevari Bledel en 2016 se puede ver la compleja relación entre las mujeres y el sistema de salud.

Por un lado, luego de analizar los programas de estudio de varias universidades del país, se advierte sobre la prácticamente nula formación que reciben los profesionales de la salud en materia de derechos. El estudio y prácticas que contemplen el respeto por los derechos humanos al momento de ejercer la atención, el cuidado, el acompañamiento y la cura, es prácticamente inexistente. Esto implica que los pacientes en general, pero en este caso, las mujeres embarazadas en particular, son percibidas desde el punto de vista médico, como objetos, es decir, como cuerpos sobre los que se puede y debe ejercer la medicina, pero sin contemplar los puntos de vista, emociones, sensaciones y experiencias que transitan las personas a la hora de asistir a una institución médica.

Estas situaciones de violencia que se producen “invisiblemente” en los hospitales, clínicas y centros de salud, expresa que la violencia obstétrica es una problemática social, que tiene diversas y variadas causas relacionadas con la discriminación y la violencia de género, para cuya solución las formas legales no son suficientes. A lo largo de la historia, los saberes médicos, se han ido legitimando socialmente de forma tal que en la relación médico/a paciente, se establece una relación de poder: es difícil animarse a cuestionar, dudar, sugerir o contradecir lo que nos dicen los/as médicos/as. Y a su vez,  esto impide que las pacientes podamos expresar críticas, inquietudes y opiniones con total libertad. Más aún en momentos tan decisivos como durante el trabajo de parto.

La violencia obstétrica implica otros tipos de violencia

Es necesario resaltar que la ley del año 2009 antes mencionada, además, define que los distintos tipos y modalidad de violencia de género pueden entrecruzarse. Es por eso que la violencia obstétrica puede ser interpretada a su vez como violencia física, psicológica, sexual, económica y simbólica. Canevari nos proporciona ejemplos de estos otros tipos de violencia que se ejercen como parte de la violencia obstétrica. Una expresión recurrente de  violencia física es el legrado (una técnica para evacuar restos que pudieran haber quedado adheridos a la pared del útero y que es extremadamente dolorosa), sin anestesia. En este caso, el silencio de las mujeres muchas veces se produce por el temor que implica haber interrumpido un embarazo en condiciones de clandestinidad. Canevari explica, además, que otras formas de violencia física se practican con justificaciones médicas pero son muy dolorosas: la dilatación manual del cuello del útero,el  desprendimiento de membranas, o la maniobra de Kristeller. Otras provocan un aumento del dolor, como el uso de estimulantes uterinos, y otras dejan cicatrices que se podrían haber evitado, como la episiotomía o cesárea.

Respecto de la violencia sexual, ésta se hace visible con la falta de respeto al pudor y la desnudez, que produce en las pacientes una pérdida del control sobre su propio cuerpo. Finalmente, la violencia psicológica y simbólica daña a las mujeres de diferentes maneras, en general provocando culpa, desvalorización, insultos, humillaciones, amenazas, provocando miedo o haciendo interrogatorios a fin de confesar una práctica abortiva, expresada en la recurrente frase: “¿qué te hiciste?”. La autora explica además, quienes suelen ser las mujeres más proclives a sufrir violencia obstétrica: menciona la discriminación hacia las mujeres de sectores más vulnerables, las que tienen muchos hijos/as, las que no colaboran, las que no se hicieron los controles, e incluso  las que no muestran el afecto esperado hacia su hijo/a, o a aquellas que no desean ser madres.

Esto expresa que el sistema de salud, considera a las mujeres, solamente como cuerpos biológicos.  Y en relación con la reproducción, la prioridad para los/as médicos/as es que el/la niño/a nazca bien, sin importar los derechos de las pacientes a ser tratadas con respeto.

 

Nuestra voz debe ser escuchada en casa, en el trabajo, en la calle… y en el hospital

La violencia obstétrica es una modalidad de violencia de género que se ejerce sobre miles de mujeres en nuestro país y en todo el mundo. Se inserta en las prácticas ejercidas por los y las profesionales de la salud en las instituciones tanto públicas como privadas y se expresa de diferentes maneras, como violencia física, psicológica, sexual, económica y simbólica. A su vez, está atravesada por relaciones de poder entre la autoridad médica y las pacientes, cuyos cuerpos son vistos como objetos manipulables y a disposición de los/as médicos/as en vez de como propiedad exclusiva de los deseos, costumbres y percepciones de las mujeres. Por eso es que todavía queda mucho que decir y hacer para visibilizar y erradicar la violencia obstétrica, que durante años ha sido invisibilizada y naturalizada. Los relatos y testimonios de mujeres que se animan a contar las situaciones que vivieron en instituciones médicas es un paso fundamental para que empecemos a hablar de esta problemática. Además, es necesaria la formación de los/as profesionales de la salud con un enfoque de derechos y de género, y el efectivo cumplimiento de los marcos legales vigentes, para que la experiencia de gestación, parto y posparto no se convierta en una forma más de vulneración de nuestros derechos.

 

*Estudiante de Sociología UBA

 

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