Cecilia Grierson

La cirujana que fue, pero no pudo ser

Por Amalia Arias Gozurreta
@_amelight

Ilustración por Lina Castellanos

En las imágenes que hay en internet de Cecilia Grierson, ella siempre tiene cara de pícara. La frente en alto, los ojos chispeantes, una sonrisa tranquila en su boca, la sonrisa de alguien que vivió haciendo lo que le gustaba: aprendiendo y luchando. Cecilia era hermosa.

Buscando rápidamente números que nos digan cuál es la participación de las mujeres en la medicina, encontramos un estudio del Ministerio de Salud de la Nación con apoyo de Organización Panamericana de la Salud y Organización Mundial de la Salud que nos cuenta lo siguiente:

“Las provincias con mayor feminización de la profesión médica, en el grupo de profesionales con edades comprendidas entre 23 y 64 años, son La Rioja (54%), Córdoba (53%), CABA (52%), Buenos Aires(51%), Santa Fe (51%), Tierra del Fuego (50% y Neuquén (50%). Por el contrario las que poseen una tasa inferior son San Juan, Santiago del Estero, Catamarca y San Luis, aunque con un porcentaje superior al 40% en todos los casos” y aún más: “En especialidades como Genética Médica, Dermatología, Nutrición, Endocrinología, Anatomía Patológica, Toxicología y Pediatría más del 70% de sus especialistas son mujeres. Ocurre lo mismo en el caso de las especialidades Pediátricas como Hepatología Pediátrica, Endocrinólogo Infantil, Dermatología Pediátrica, Reumatólogo Infantil, Infectólogo Infantil, Hematólogo Infantil, Psiquiatría Infanto Juvenil, Oncólogo Infantil”.

En el resto de las especialidades, la participación de las mujeres es menor al 30%, pero existe. Nada dice sobre que las mujeres no podamos ser médicas ni que haya especialidades prohibidas para nosotras, y si no mirásemos hacia atrás, pensaríamos que esto siempre fue así. Sin embargo, fue un largo camino hasta esta realidad, y si alguien nos allanó el camino sin lugar a dudas fue Cecilia Grierson.

Nacida en Buenos Aires en 1859 e hija de una familia de inmigrantes escoceses, a los 14 años y a raíz de la muerte de su padre, empezó a trabajar como maestra rural para ayudar a su familia. A los 15 años pudo empezar los estudios de Maestra de Grado en una Escuela de Señoritas, porque creía que su vocación desde pequeña era ser maestra. Creía, porque la vida le tenía preparadas varias sorpresas todavía.

A raíz de una grave enfermedad pulmonar de una de sus mejores amigas, Cecilia decidió estudiar medicina para intentar salvarla. En aquel momento era una carrera de hombres aunque existe el registro de Élida Passo, quien había logrado llegar hasta quinto año, momento en el que murió de tuberculosis. Con ese precedente, y sabiendo que no había ninguna prohibición real para el ingreso de mujeres ingresó en 1883 y se recibió en 1889, a pesar de los continuos maltratos de sus compañeros y docentes. Cecilia tenía su objetivo y esquivó todo lo que intentó interponerse entre ambos.

Cuando sus compañeros de estudios -entre los que estaban José María Ramos Mejía y Juan B. Justo- fundaron el Círculo Médico, Grierson aprovechó para fundar en dicha institución la primera Escuela de Enfermeras de Latinoamérica, que dirigiría hasta 1893. Fue el primer lugar donde hubo un plan de estudios formal y sistematizado para enfermeras.

Cecilia Grierson trabajó en la tercera epidemia de cólera en 1886 y fue nombrada en 1888 como practicante en el actual Hospital Rivadavia. Inmediatamente después de recibirse empezó a trabajar como ginecóloga y obstetra, aunque no pudo ser cirujana: dicha especialidad le fue negada por ser mujer, a pesar de tener el título habilitante. También fue miembro fundadora de la Asociación Médica Argentina y fundó la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios que luego se fusionaría con la Cruz Roja Argentina. Trabajó con niños con dificultades de aprendizaje, habla y comportamiento; fundó la Asociación Obstétrica Nacional; desarrolló los primeros abordajes y técnicas de kinesiología en el país. También fue una de las primeras feministas: en 1899 participó del Congreso Internacional de las Mujeres en Londres, fundó el Consejo Nacional de Mujeres en 1900 y presidió el Primer Congreso Feminista Internacional de la República Argentina en 1910.

Luego de retirarse de la medicina y la docencia, siguió disfrutando de sus intereses y escribiendo. Falleció en 1934, percibiendo una modesta jubilación pues no se le reconocieron todos sus años de trabajo, luego de recibir múltiples homenajes, los cuales se multiplicaron luego de su muerte. Falleció luego de una vida de actividad incansable al servicio de la enseñanza, la salud y derribando tabúes y prejuicios sobre las mujeres a su paso.

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