Celeste Murillo

Celeste escribe en La Izquierda Diario y en la revista Ideas de Izquierda.

Para leer:

Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enríquez, porque son doce cuentos de terror narrados por protagonistas mujeres (salvo uno) que dan miedo, no tanto por sus ingredientes fantásticos sino por los de la vida real como los femicidios, violencia y gatillo fácil.

Persépolis de Marjane Satrapi, porque cuenta en forma de cómic la historia de la revolución iraní de 1979 a través de los ojos de una nena (ella misma) y su familia laica. Porque sus dibujos y sus diálogos recorren las pequeñas rebeldías, las persecuciones a los críticos del régimen del Sha y también los prejuicios a los que se enfrentan las mujeres árabes en Europa.

El país bajo mi piel de Gioconda Belli porque parece un libro de aventuras pero es una biografía que narra su paso de chica de la clase media acomodada a militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional y su participación en la revolución nicaragüense. Y porque habló y escribió sobre la sexualidad de las mujeres antes de que fuera cool.

Pan y Rosas, pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo de Andrea D’Atri, porque en no muchas páginas recorre casi dos siglos de lucha de las mujeres, de las revueltas en la Revolución francesa al movimiento de liberación, los debates, encuentros y desencuentros de marxismo y feminismo.

 

Para ver:

El pueblo vs. O. J. Simpson, porque descuartiza un caso mediático que hizo enfrentar a la comunidad negra que denunciaba el racismo con las mujeres que denunciaban el silenciamiento de la violencia machista. Porque tiene misoginia y racismo para tirar para el techo. Y porque Sarah Paulson la rompe interpretando a Marcia Clark.

Better Things, porque la historia de Sam y sus hijas muestra de forma hermosa y cruda que los lazos familiares tienen buenos momentos y también son una pesadilla. Porque tiene un guión que habla de cosas que solo les pasan a las mujeres, aunque no las definan, sin estereotipos ni solemnidad.

Westworld, porque sus androides hacen que nos preguntemos qué nos diferencia de máquinas diseñadas para pensar y “sentirse vivos” en una sociedad que ha mercantilizado casi todo. Y porque las dos protagonistas mujeres son las que llevan la delantera en la acción y en la reflexión.

Broad City, porque tiene en el centro la amistad entre dos chicas comunes, con trabajos horribles y mal pagos, con las mismas penas y alegrías que todo el mundo. Porque está escrita, dirigida y actuada por mujeres y, sin embargo, no es ni se esfuerza en presentarse como “serie para mujeres” o “sobre mujeres”.

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