Científicas. Cocinan, limpian y ganan el premio Nobel (y nadie se entera)

Fragmento del libro de Valeria Edelsztein, publicado por Siglo XXI

Ocho palabras le bastaron a los escritores de la revista norteamericana Family Health para describir la concepción que el mundo tenía de las mujeres en la ciencia cuando en 1977 Rosalyn Yalow ganó el premio de Medicina. El titular del mes de junio de 1978  fue: “She Cooks, She Cleans, She Wins the Nobel” (“Cocina, limpia y gana el Nobel”). Así de simple.
La imagen popular de la ciencia y de los científicos se alimenta de muchos mitos creados por la ficción: Frankenstein, o Dr. Jekyll y Mr. Hyde son sólo ejemplos. Dos encuestas realizadas en 1957 y 1975 por la misma consultora llegaron a idénticas conclusiones: para la sociedad los científicos debían ser hombres mayores, pelados o con el pelo como Einstein que trabajan en laboratorios apartados, en temas secretos o peligrosos. Ni Rosalind Franklin, ni Linda Buck ni Elizabeth Blackburn podrían jamás dedicarse a la ciencia.
¿Está todo perdido? ¿Esa es la imagen de la ciencia y de los científicos en la sociedad?
Claro que no. Siempre hay trabajo por hacer.
En nombre de todas, de las olvidadas, de las ocultas, de las escondidas, de las madres, las abuelas, las primas y hasta la señorita de San Nicolás que sabe coser y bordar hay que seguir haciendo ciencia y también contándola.
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