Cómo tejer una ensalada

Por Msc. Agostina Mileo

 

 

Douglas Stansfield tenía 30 años cuando lo asignaron a una misión en un planeta a 141 años luz de la Tierra. Era 1987 y tardaría 40 años en ir y volver. Para que no perdiera ni su juventud ni la razón, durante los 20 años del viaje de ida y los 20 del de vuelta, sería puesto en animación suspendida, una nueva técnica recién desarrollada que impediría que los años pasaran para él. Justo antes de irse, se enamora de una colega que se enamora de él y se despiden sufriendo porque cuando volviera ella iba a ser una señora y él aún un joven. 40 años después Stansfield vuelve derrotado, los descubrimientos de su expedición se dieron independientemente por medio de la tecnología. Uno pensaría que al menos le queda toda la vida por delante, pero no. Cuando baja de la cápsula es un viejo. Abajo lo espera su enamorada, aún joven. Él había desactivado la animación suspendida y ella había pasado los últimos 40 años encapsulada en el aparato que detenía el tiempo.

No necesité burlas, ni que me dijeran que la NASA quedaba muy lejos de mi Palermo natal. La Dimensión Desconocida mató en pocos minutos mi sueño de ser astronauta. Mientras guardaba mi casco de papel maché, desolada por pensar que viajar en el espacio implicaba la tortuosa idea de la juventud eterna e indefectiblemente ver morir a todos tus seres queridos, mi mamá me explicó lo que era la ciencia ficción. Me contó que mucho de lo que había visto era producto de la imaginación de los guionistas, de cómo creían que iba a ser el futuro. Y después, santa ella, ensayó una explicación con títeres de la paradoja de los gemelos de Einstein.

En este experimento mental, Albertito nos propone imaginar que uno de dos gemelos idénticos viaja al espacio en una nave que se mueve a una velocidad cercana a la de la luz. Como en la teoría de la relatividad la velocidad a la que un cuerpo se mueve está directamente relacionada con cómo transcurre el tiempo para ese cuerpo, si hacemos los cálculos veremos que el tiempo para el que va en la nave pasa más lento que para el que permanece en la Tierra. La paradoja, sin embargo, no es solo que cuando vuelva va a ser más joven que su hermano, sino que lo que tendemos a pensar es que como para el que está en la nave el que se aleja es el que se queda, si él hiciera las cuentas deberían darle al revés. Otro montón de cálculos después, vemos que no, que cualquiera de los gemelos podría hacer las cuentas y llegar a la misma conclusión: el que se queda va a envejecer más rápido.

Bastante seguido, nuestro alemán amigo le decía a la prensa especializada algo así como que si explicara la teoría de la relatividad en términos de una frase que sirva de titular, ya no sería la teoría de la relatividad. Lejos estaba en mis años preescolares de ser prensa especializada, así que lo que entendí fue que hay cosas que son verdad (o algo muy parecido a la verdad) aunque parezcan imposibles y cosas que parecen imposibles que son ciertas. Esta noción me sirvió mucho estos últimos meses cuando me empezaron a llegar invitaciones para participar en los telares de mujeres.

La propuesta era la siguiente; tenía que regalar U$S 1000 e invitar a otras dos mujeres a que hicieran lo mismo. Mi regalo me garantizaba participar de una serie de encuentros en los que se comparten experiencias y se discuten aspectos relativos a la feminidad. Invitar a otras dos y que ellas también hicieran este regalo, aumentaba mis posibilidades de multiplicar por ocho mi propio regalo. Lo de regalo suena irónico, pero es importante. No me propusieron una inversión, lo que me dijeron es muy parecido a lo que cita Mariana Carabajal “inmediatamente desde el momento que decido entrar, decido dar mi regalo a otra mujer y en ese momento es importante que recordemos que no es un préstamo, no es una inversión, estoy literalmente regalándole a otra mujer mi propia energía, entonces si entiendo bien lo que estamos haciendo, la atención se va a la otra persona, le estoy dando a alguien y puedo ver a esa mujer a los ojos, y puedo ver que es una mujer igual que yo, que también tiene sueños, y anhelos, y también ha pasado por dificultades y se ha esforzado mucho por lograr sola lo que ha logrado y también ha decidido unirnos y hacerlo más fácil. Aquí entro dando a otra mujer, no estoy dando a una fundación, a una empresa. Le estoy dando a una mujer que existe, que puedo conocer, aunque no la hubiera conocido antes”.

Los valores del regalo y los nombres de la práctica varían, pero el funcionamiento no. Cada telar, círculo o flor está compuesto por quince mujeres. Hay una iniciadora, que recluta a otras dos y es la primera en recibir. Estas dos primeras invitadas invitan a otras dos y así sucesivamente hasta que las últimas incorporaciones llegan a ser 8 mujeres. Ahí la que inició el círculo sale y las dos invitadas por ella pasan a ser centro de otro círculo. La propuesta es la misma que en Bariloche, “que no se corte”, así todas las que regalan son regaladas también.  Si lo ponemos en términos de flujo de dinero,  sería algo así.

screen-shot-2016-11-14-at-3-40-02-pm

(Para ver mejor esta imagen, click acá)

Sin embargo, los gráficos que llegaron con la invitación eran así

 

screen-shot-2016-11-14-at-4-23-39-pm

En el primer gráfico, se asume que todas las mujeres círculo reinvierten su ganancia tres veces. Aún así, el 80% no recupera su regalo inicial. Mirando la tabla de lejos, hasta los números nos indican que se trata de un clásico esquema piramidal, en el que una persona convence a otras de darle dinero a cambio de multiplicar su inversión mediante reclutamiento. Estos esquemas, se sabe, son siempre estafas. Cuando se deja de incorporar gente se termina. En muchos países son ilegales, y esto contribuye al halo esotérico de los telares, que además se vuelven secretos.

screen-shot-2016-11-14-at-3-39-27-pm

¿Y qué tiene que ver con Einstein? Que acá lo evidente, lo intuitivo tampoco funciona. El discurso de estos telares se propone como opuesto al dominante y ahí reside su fuerza. Y esta oposición funciona fundamentalmente en dos flancos: contra el sistema capitalista y contra la visión popular dominante respecto a las relaciones entre mujeres. Así como a mí me resultó muy difícil concebir que el tiempo no era una unidad de medida estanca y universal,  sino que dependía del lugar del universo en el que estuviera y a qué velocidad me moviera, para las personas que entran a un círculo de mujeres es muy difícil concebir que herramientas desarrolladas por instituciones típicamente capitalistas puedan detectar estafas o engaños en un sistema que pretende enfrentarlas.

Byung Chul Han dice que “la exigencia de transparencia se hace oír precisamente cuando ya no hay ninguna confianza” queriendo poner de manifiesto que la confianza tiene un componente incierto; para confiar tengo que no saber algo. En el telar, la confianza es una falsa confianza, una transparencia disfrazada, representada porque la incertidumbre reside en que no sé si voy a recuperar la plata cuando eso depende de factores que conozco a priori y de un funcionamiento absolutamente transparente. El círculo de mujeres que dice basarse en la confianza (en el poder de las mujeres, en la generosidad y en la abundancia) como valor a rescatar de lo ancestral en realidad reproduce la transparencia moderna en la que lo dicho, lo expuesto, cuanto más políticamente incorrecto más verdadero y eso aparece como valor. Por ejemplo, si alguien me invita a un recital y me pregunta qué me pareció la banda y le contesto “malísima la verdad, un embole”, podrá pensar que soy una maleducada, pero no una mentirosa. De la misma forma, el telar se opone al neoliberalismo reproduciendo su mecánica más miserable y por lo tanto pareciendo verdadero.

La relatividad de Einstein instaló más que un modelo matemático que se viene confirmando con el funcionamiento eficiente de cada tecnología que se basa en él. Albertito nos metió muy profundo en la cabeza el pensar que lo evidente puede no ser cierto y que la realidad es relativa al observador. Por eso no sirve de nada pensar que las integrantes de un telar son unas estúpidas incapaces de comprender los más simples principios matemáticos o tratar genuinamente de prevenir a una amiga de lo que creemos es una estafa. Para desarticular la lógica del telar hay que desarticular sus propios argumentos.

“Las mujeres no somos un número” me dijeron al mostrar el gráfico de la distribución del dinero.  Yo agregaría que el dinero tampoco es un número y bien demostrado queda, por ejemplo, con que las predicciones de la teoría del derrame, respaldada por Premios Nobel y muchas páginas de matemáticas muy prolijas, tampoco parecieran funcionar. La similitud entre un componente fundamental de una teoría académicamente aceptada como es la presunción neoliberal de que la acumulación indiscriminada de riqueza resultará en que el que acumula tenga que distribuir algo de su riqueza empleando a más personas para producir más, con su contraparte que propone derrocar estas nociones creando un sistema en el que cuantas más personas multipliquen su inversión mediante la acumulación más probable es que otras tantas reciban lo suyo, es tan paradójico como los gemelos de Einstein; nos hace suponer que la verdad está en el punto de vista del observador mientras ambas propuestas se rigen con las mismas leyes.

Si hubiera algo así como “la biblia de los telares”, sería el libro “Sacred Economics” de Charles Eisenstein. A lo largo de casi 500 páginas, Eisenstein abraza mucho esto de que el dinero no es un número y le asigna la responsabilidad por cuestiones como la alienación, la competencia feroz, la escasez y el consumo desmedido. El componente sagrado viene de que fundamenta esta visión mediante una revisión histórica de sociedades antiguas cuya economía se basaba en el trueque, solo que él lo propone como un intercambio de regalos. Para sortear los embates de la vida moderna que devendrán en el colapso de nuestro sistema económico, propone volver a este sistema de regalos conectando con los valores morales que queremos recuperar en la humanidad. De esta manera, experimentaré la solidaridad desprendiéndome de algo que me sobra o que verdaderamente quiero dar sin esperar nada a cambio; y la abundancia cuando alguien que no espera nada a cambio me dé algo que necesito.

Si volvemos a mirar el gráfico de la flor sin tratar de buscar las similitudes con esquemas conocidos propios de la economía tradicional, sino con la óptica de su discurso, tampoco encontraremos que responda a la llamada geometría sagrada, una expresión esotérica muy citada por los “telaristas”. En la naturaleza no hay una sola flor a la que le crezcan dos pétalos del centro y de esos crezcan dos más. La matemática de las flores es la del número aúreo de Fibonacci, una espiral de patrones complejos. Tampoco encontraremos una flor cuyos movimientos sean constantemente de afuera hacia adentro, como el flujo de dinero de un telar de mujeres, que siempre va hacia el medio. Las flores se cierran y se abren. Por último, la observación que más me gustó sobre este paralelismo flor-telar es que las flores se van marchitando hasta eventualmente desaparecer y así fertilizan el suelo para dar lugar a flores nuevas, mientras que en el telar lo nuevo está constantemente alimentando a lo viejo.

La estructura que más se parece a la progresión geométrica (1+2+4+8) de la flor de la abundancia es, como señalé antes, una pirámide. En la geometría sagrada, que es la de los patrones de la naturaleza, las pirámides cobraron especial importancia al aparecer la Teoría de Campo Unificado. En ella, el físico Nassim Haramein modeliza aspectos del movimiento en las ecuaciones con las que Einstein describe el continuo espacio – tiempo utilizando el tetraedro estrella, una figura que se compone de pirámides superpuestas en distintas direcciones.  Como en la estrella de David, en la que dos triángulos apuntan en distintas direcciones, si los telares de mujeres dijeran “bueno está bien, es una pirámide, pero sagrada” deberían incluir alguna forma de circulación opuesta del dinero. Una reinversión no sería el caso, ya que la que recibió el regalo volvería a hacerlo entrar en el mismo sentido. Los valores más allá del dinero también circulan unidireccionalmente en el telar; las más antiguas imparten conocimiento a las más nuevas. Si esto fuera una analogía con lo ancestral, la entrega de dinero se hace en una ceremonia que podría ser análoga al rito de iniciación de cualquier agrupación cerrada, solo que aquí el dinero garantiza la entrada mientras que en los otros casos hay una preparación previa.

Cuestionado acerca de esta práctica, Eisenstein dijo que los telares de mujeres representan “la monetización de todo”. Los compara con las iglesias evangelistas, en las que los pastores piden fe en forma de pertenencias materiales que volverán multiplicadas si se tiene fe. Si no vuelven, entonces, no se tuvo fe suficiente. Muchas mujeres que han salido de los telares dicen exactamente esto; que al preguntar por qué no recibían su regalo les contestaron que no creían lo suficiente en la abundancia. “Ante esto, quiero reconocer las hermosas aspiraciones que están tratando de emerger; apostar a la generosidad y la abundancia y formar comundiades con otros que estén en el mismo camino. Para ello es necesario un camino de sabiduría y un reclamo de la naturaleza divina de la feminidad” dice Eisenstein. Para ello, propone dos alternativas a los telares. En la primera, el círculo se reúne y cada uno dice algo que está dispuesto a dar (una clase de canto, ropa que ya no le sirve, un cuarto en su casa) y algo que quiere recibir (puede en el momento tomar alguno de los ofrecimientos de un compañero o pedir, por ejemplo, ayuda para mudarse). En la segunda, el mismo círculo se reúne y cada uno pone algo de plata en un fondo común. Entre todos deciden a quién dárselo, pero nunca es a alguien del círculo.

Entre todo esto, el feminismo aparece como el portador de sentido. Los telares llegan a empoderar mujeres que lo necesitan porque son perjudicadas por un sistema que hace que ganen menos y tengan peores trabajos, pero también que sean enemigas entre ellas. Luciana Peker lo dice muy bien,  “los medios focalizan donde siempre: en las mujeres que se destruyen entre ellas, en triángulos donde el varón se salva y las paralelas se tocan para escupirse blasfemias” o “La pica femenina es real. Pero no inocente. Los medios muestran las malas relaciones y no las buenas. Priorizan y dan roles protagónicos a mujeres más jodidas y menos solidarias que ejercen el rol de modelo de éxito. Las películas clásicas para chicas se basan en el eje amor romántico y guerra con otra contrincante. Se salvaguarda a los varones de sus errores y se demoniza a las diabólicas chicas malas”. Una propuesta que diga promover la solidaridad desinteresada entre mujeres prende como pólvora ante esta necesidad de relacionarnos de otra manera.  Y aquí emerge otra paradoja, porque cuando queremos dejar de criticar, cuando nos damos cuenta que eso de “yo prefiero laburar con hombres, las minas son muy competitivas” no es lo que creemos sino lo que nos imponen, una mina empapada en discurso new age, si algo, es una víctima igual que yo, pero jamás una potencial estafadora que inició el telar para cagarle guita a las demás (y eso si tenés la suerte de saber quién lo inició, porque no creo que sea casualidad que la base de su sostenibilidad sea el crecimiento exponencial y que esto a su vez sea bastante funcional a borrar la traza de quien lo haya empezado).

El telar como forma de organización económica alternativa con perspectiva de género no se sostiene ni desde la economía que combate ni desde la economía a la que dice adherir. Propone prácticas femeninas como sinónimo de feminismo para acoplarse al discurso contestatario de la época y se sostiene con la confusión de agarrar un poquito de cada cosa. Si a esta altura vale la analogía de sobrecito de azúcar, el telar es muy bueno para hacer telas de araña de lo más pegajosas, pero no sirve para armar mantitas que sean refugio.

 

Fuentes:

La paradoja de los gemelos (video animado) https://www.youtube.com/watch?v=9K2u9sZWTYo

http://eyeswideopenlife.com/blog/alexis-neely/womens-gifting-circles-secret-scam-or-saving-grace/

https://ecosomatica.wordpress.com/2013/07/28/womens-gifting-circles-sacred-economy-or-pyramid/

http://www.shareable.net/blog/gifting-circles-and-the-monetization-of-everything

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-308003-2016-08-29.html

http://www.revistaanfibia.com/ensayo/chiruzas/

Han, Byung Chul,  “La Sociedad de la Transparencia”, Herder Editorial, 2013

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *