Con otra educación, más revolución

Por Lucas Grimson *

“La educación (…) cambia a las personas que van a cambiar el mundo”, dice Paulo Freire señalando el rol clave que juega la educación en grandes revoluciones, como la feminista; y también el rol clave que tenemos nosotrxs, lxs estudiantes. Una vez escuché a la rectora de un colegio secundario decir que cada secundaria era una isla, una burbuja, que cada una vivía en su mundo. Afortunadamente, aunque de vez en cuando se lo intente, no es así. Existen profesorxs que traen problemas de actualidad al aula y estos temas también están muy presentes en los centros de estudiantes, entre otros espacios de contacto entre estudiantes y realidad que hay para que la secundaria cumpla uno de sus objetivos fundamentales, el de prepararnos para el mundo adulto.

Uno de los tantos temas de la realidad que cruzan las fronteras de las aulas, es la cuestión de género, tratada desde hace varios años en las comisiones de los centros de estudiantes.  Los grupos de género han logrado tener espacios de debate en los colegios, haciendo eje en discusiones sobre el feminismo  y la igualdad. Se ha logrado tirar abajo gran parte de los códigos de vestimenta machista y dar lugar a algo tan importante para todas las personas como es la militancia, el defender nuestros propios ideales -en este caso feministas- y a favor del respeto a la diversidad, lo cual define nuestra identidad.

Estos espacios de militancia estudiantil son claves para aprender, debatir, formarse, preguntar; sobre todo porque cuando estamos cerca de los 16 años en Argentina ya podemos votar (y creo que deberíamos gozar de ello con la responsabilidad que merece). También porque estamos en un año electoral y en un país con un gobierno que no solo está presidido por un hombre que dijo que a todas las mujeres les gustan los piropos aunque estén acompañados de una grosería, sino que además desde que comenzó recorta muchas de las políticas por los derechos de las mujeres establecidas por el gobierno anterior, el que sin embargo tampoco permitió debates fundamentales como el de la legalización del aborto. Y más aún, en un mundo afectado por las decisiones del misógino presidente de la mayor potencia mundial, Donald Trump.

Desde las instituciones educativas y la política estatal en esta área, además de promover charlas sobre feminismo, igualdad de género y diversidad, creo que hay dos puntos importantes para mejorar. Por un lado, la educación sexual. Por ejemplo, en el ILSE, el colegio al que voy, cada curso tiene una charla de educación sexual por año, en la cual se nos intenta fomentar a hacer preguntas pero una vez que pasó la charla, nunca se vuelve a hablar del tema. Además, a mí manera de ver, las charlas suelen ser bastante repetitivas año a año y no están muy actualizadas a las problemáticas de lxs jóvenes de hoy en día, ni a la ley de Educación Sexual Integral. Otro ejemplo podría ser lo que sucedió en el colegio Carlos Pellegrini el septiembre pasado: militantes kirchneristas fueron invitadxs por el Centro de Estudiantes para realizar un debate sobre la despenalización del aborto. Un chico preguntó sobre cómo hacer un aborto con pastillas y, ya que esta agrupación también brinda charlas sobre eso, lo explicaron. Esto generó muchísima polémica en contra de lxs estudiantes, las autoridades y lxs militantes, a pesar de que la realidad es que 500 mil mujeres abortan anualmente en Argentina y este es un tema de interés de lxs jóvenes que quieren estar informadxs.

Por otro lado, necesitamos contención ante situaciones de violencia de género que sucedan tanto dentro como fuera del colegio. Es muy probable que todos los días las alumnas lleguen al colegio habiendo sido acosadas en la calle y también es probable que un día llegue una chica habiendo sido violada; o dentro de la escuela se pueden vivir situaciones de violencia de género tanto física como verbal, situaciones de homofobia, transfobia o incomodidad de lxs jóvenes con su identidad de género, para lo cual la contención está ausente. Si una chica le dice a una docente que se siente acosada por un compañero, la respuesta no puede ser “ay qué bueno, gusta de vos!”. Lxs docentes deben estar preparadxs para contener, asistir y ayudar, porque son la primera autoridad y adultx a la que recurrirán y quizás en sus casas ni lxs escuchan, y en una comisaría ni hablar.

Los movimientos feministas argentinos comenzaron a reactivarse con más fuerza hacia fines de 2014 y desde entonces este tema me empezó a interesar cada día más. Comencé a cuestionarme estereotipos y órdenes sociales que explican la violencia de género actual e histórica. Me convencí de que no tenía por qué tener más privilegios que otras personas por haber nacido de sexo masculino y empecé a luchar por la liberación de la mujer, por la igualdad de género y contra los estereotipos de género. En este camino, me encontré con obstáculos, como personas que me dicen que por ser leído por la sociedad como hombre no tengo derecho a opinar sobre feminismo o a participar de cierta actividad, aunque también con compañerxs que no tienen ningún problema en que milite o debata sobre el tema con ellxs. Además esta militancia me permitió conocer más gente y formarme más en el tema género.

Luchemos todxs: “si tocan a una, nos organizamos miles”

Frente al nuevo avance mundial del neoliberalismo y la llegada de Trump al gobierno de los Estados Unidos, el movimiento feminista se activa fuertemente con movilizaciones mundiales como la #WomensMarch o locales como el reciente #Tetazo.  Es necesario seguir uniéndonos internacionalmente y por eso se convoca al Paro Internacional de Mujeres este 8 de marzo, como un gran acontecimiento que abona a la concientización de la sociedad sobre este tema, mostrando la importancia de las mujeres.  Por eso la idea de que cesen sus actividades con la frase “si mi vida no vale, produzcan sin mí” y con la posterior movilización masiva para que todxs sigamos luchando por la liberación de la mujer, que en un futuro llevará a la igualdad de género. Para llegar a una sociedad mejor, más justa, igualitaria y diversa, me parece que tenemos que ser más abiertos y tolerantes, tanto en el movimiento feminista como fuera de él, no odiando a quien no odia. Creo necesario que no nos frenemos porque “es muy utópico”, sino que en vez de esperar a “ver para creer”, nos convenzamos de nuestros ideales. Que los defendamos y los promovamos, basándonos en “creer para ver” y así acompañar la puesta en práctica con la concientización.

Me parece importante que cada unx de nosotrxs tome esta convocatoria al paro internacional de mujeres del 8 de marzo, y la promueva, difunda y reproduzca en su espacio de alguna manera, en lugares de trabajo, colegios, etc. En la secundaria a la que voy, aunque las chicas no van a hacer un faltazo masivo en señal de paro ya que es muy complicado siendo estudiantes, sí pensamos en pedir charlas en todos los cursos para debatir sobre el tema, en la medida de lo posible dado que va a ser nuestro primer día de clases. También proponemos llevar símbolos de adhesión y solidaridad, y asistir a la marcha convocada para demostrar que “si tocan a una, nos organizamos miles” y decir una vez más todxs juntxs, esta vez internacionalmente, “ni una menos, vivas las/nos queremos”.

 

* Lucas Grimson es estudiante en el Instituto Libre de Segunda Enseñanza y miembro de la Comisión de Género del Centro de Estudiantes de ese establecimiento. Le gusta escribir y sacar fotos.

 

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