Cuando la ciencia miente: seis datos falsos sobre la salud de las mujeres

 

Por Aldana Vales *

 

Hay muchos mitos sobre la salud de las mujeres. Algunos de ellos no tienen ningún fundamento. Desde un supuesto riesgo de locura para las mujeres que se bañaban mientras menstruaban o la aversión a fotografiar embarazadas, el desconocimiento sobre el cuerpo y la salud femenina ha tomado distintas formas a lo largo de la historia. La mayoría integran el “saber” popular o el folclore, pero, en algunos casos, las mentiras tomaron estatuto de verdad científica de la mano de autores reconocidos.

 

1 – Inferioridad intelectual

Para Charles Darwin, biólogo central en la historia de la ciencia, la mujer era inferior. Eso dicen las españolas S. García Dauder y Eulalia Pérez Sedeño en su libro «Las ‘mentiras’ científicas sobre las mujeres». Allí recuerdan que en la obra The Descent of Man and Selection in Relation to Sex, de 1871, Darwin se centra en la selección sexual, que depende para él de la lucha entre los individuos de un mismo sexo, especialmente los machos. Según el autor de El origen de las especies, los rasgos masculinos están asociados a un grado superior de perfección y las mujeres son imitativas. Las ideas evolucionistas también consideraban que la mujer debía quedar relegada a la esfera privada por “gastar mucha energía” en la formación de óvulos y tener instinto maternal.

 

2- El cerebro de la mujer es más pequeño

El cerebro femenino y masculino no son exactamente iguales. El de la mujer tiene más materia gris, el de los hombres tiene una amígdala mayor, pero no hay otras diferencias significativas. Un estudio publicado hace unos años en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences demostró que el tamaño del cerebro no varía entre hombres y mujeres más de lo que lo haría entre individuos del mismo sexo. En la investigación, un equipo de la Universidad de Tel Aviv midió el volumen de materia gris y de materia blanca. Encontraron pequeñas diferencias entre hombres y mujeres, pero descubrieron sobre todo que los cerebros no podían clasificarse en forma tajante entre femeninos y masculinos, sino que el órgano puede tener ciertos rasgos y carecer de otros independientemente del sexo.

 

3 – La histeria, una enfermedad mental femenina

Es la enfermedad de la mente femenina por excelencia. Lo pensaban Hipócrates y Platón, en la Grecia antigua, y lo creía Sigmund Freud, quien se dedicó a tratarla. Para los griegos, la histeria era provocada por un “útero errante”, que se paseaba por el cuerpo y provocaba los males. Galeno creía que si el útero no funcionaba, algo que les sucedía aparentemente a las viudas o a las mujeres que no tenían sexo por un tiempo prolongado, la sangre menstrual quedaba retenida y enfermaba al cuerpo.

 

4 – Esclavas de las hormonas

Estrechamente ligada a la idea de la histeria está la creencia de que las mujeres están sometidas a una dictadura de los ovarios y hormonas. Dauder y Pérez Sedeño enumeran en su libro distintos diagnósticos psiquiátricos que han tenido un sesgo de género. No solo la histeria fue bautizada a partir del cuerpo femenino: “lunático” como patología también hace referencia al ciclo menstrual.

 

5 – La violación, una estrategia reproductiva

El biólogo Randy Thornill y el antropólogo Craig Palmer sostuvieron en su obra A Natural History of Rape que la violación era una estrategia evolutiva de los machos, que les permite propagar sus genes, ya que de otra forma no podrían hacerlo. Convenientemente, los autores consideraron violación sólo a la penetración vaginal de una mujer en edad reproductiva bajo coerción, una definición que excluye violación a hombres, a mujeres por fuera del rango de edad reproductiva, a la violación seguida de muerte y formas no vaginales de abuso. El libro, publicado en 2000, no solo causó el rechazo de organizaciones feministas, sino también las críticas de la comunidad científica.

 

6 – Los hombres nacen con una capacidad para las matemáticas y las mujeres no

Los hombres son buenos para matemática y las mujeres para las cuestiones verbales. La afirmación, falsa, se basa en los estudios que analizan pruebas matemáticas. Por ejemplo, en un examen como el SAT, que realizan los estudiantes estadounidenses antes de ingresar a la universidad, los hombres tienen un puntaje en promedio más alto que las mujeres. Hay más chicos que chicas entre los que consiguen las calificaciones más altas, pero también los hay en mayor proporción entre las notas bajas. Sin embargo, pruebas similares en otros países, como Japón, no tienen esas diferencias. En Islandia, en cambio, las mujeres tienen mejores calificaciones. Como conclusión, Dauder y Pérez Sedeño dicen que este tipo de análisis mide más la preparación que han tenido los estudiantes más que estimar una capacidad innata.

 

* Periodista

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