Danila Suarez Tomé

Danila es Profesora de Enseñanza Media y Superior en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y está haciendo su doctorado en Filosofía. Podés leer más en danilasuareztome.com. Es cofundadora de la Red Argentina de Mujeres en Filosofía.

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Un libro: El segundo sexo de Simone de Beauvoir (1949)

Puede parecer obvio que, ante el pedido de recomendación de un libro feminista, elija El segundo sexo de Simone de Beauvoir, pilar intelectual del feminismo de la segunda ola. Sin embargo, no es tan obvio que tod*s lo hayan leído y por eso quiero recomendarlo. Para unas vacaciones largas, un libro largo. En El segundo sexo van a encontrar in nuce (o “in a nutshell”) casi todos los desarrollos posteriores del feminismo teórico. Es una obra imprescindible con la cual dialogaron y discutieron todas las teóricas feministas contemporáneas y posteriores a Beauvoir pero que, por haber avanzado fructíferamente en la teoría, ha quedado un tanto relegada por parecer anacrónica. No obstante, si se la lee en su contexto histórico, se puede ver la enorme y brillante visión de Beauvoir en cada planteo, cada mito, cada tesis. Y en muchos casos, les aseguro, se puede ver la horrorosa actualidad de muchas de sus denuncias. En mi paso como estudiante en la carrera de Filosofía leí muchos libros y no leí este. Cuando me tocó enseñarlo, esta vez como docente, me di cuenta que por primera vez estaba enseñando -y mis alumn*s estaban estudiando- un libro que cambió el mundo. A menudo me pregunto cómo puede ser que un libro tan importante (les aseguro que la mayoría de los libros que leí en mi carrera son muy interesantes, pero no cambiaron el mundo) puede quedar afuera de las curricula filosóficas. El estilo de Beauvoir es inteligente, a veces poético, a veces sarcástico. Es bastante ligero de leer, aunque tenga ¡casi 800 páginas! Así que si no lo hicieron ya, este es un gran momento para adentrarse en el pilar de la filosofía feminista. Un dato de color: Beauvoir no se consideraba feminista cuando escribió El segundo sexo. Es más, si lo leen van a poder ver sus críticas al movimiento. Otro dato de color: si bien su afirmación “una no nace mujer sino que se hace mujer” se afirma como expresión célebre de la división entre sexo y género, Beauvoir no traza conscientemente esta distinción en su obra.

 

Una película: Jeanne Dielman de Chantal Akerman (1975)

Sí, otro clásico. Y me voy a tomar el atrevimiento de sugerir por qué es tan importante mirarla. El hombre ha dominado tradicionalmente todos los ámbitos del saber y, en consecuencia, todas las representaciones del mundo arraigadas en la cultura occidental refieren a una experiencia masculina. Incluso, por supuesto, las representaciones de lo femenino. A esto se refieren las teóricas feministas cuando hablan de “androcentrismo” En el caso del cine existe un concepto interesante: el de “mirada masculina” (male gaze). ¿A qué refiere este concepto? La noción de “mirada masculina” designa la idea de que cuando miramos imágenes en pantalla, las observamos del modo en que lo haría un hombre, incluso siendo mujeres, porque esas imágenes están construidas para ser miradas por hombres. Este concepto se tornó relevante a partir de un famoso artículo, “Visual Pleasure and Narrative Cinema” escrito por Laura Mulvey en los años 70 en donde la autora demostraba que detrás de esta mirada masculina se homogeniza a l*s espectador*s sin importar cuál fuere su género. Delante de la mirada masculina nos encontramos, como correlato, con la mujer como objeto de la mirada o la mujer como espectáculo: cuerpo para ser mirado, lugar de la sexualidad, objeto de deseo. Aquí también las mujeres, como seres históricos reales, quedan homogeneizadas en una construcción ficticia de la mirada masculina. La intervención feminista dentro del cine, desde lo que se dió a conocer como el cine de mujeres, tuvo el cometido de liberar la producción de imágenes de la llamada “mirada masculina” la cual, a la vez, crea desde lo masculino y homogeniza a los espectadores y las espectadoras dentro de lo masculino y, concomitantemente, a liberar la representación de la mujer del yugo de esa misma mirada masculina. El primer período de intervención feminista en cine se concentró en el cambio del contenido de la representación femenina; mientras que el segundo período buscó, de modo radical, involucrarse en el proceso de creación mismo, el lenguaje de la representación y los principios estéticos del cine de mujeres. Chantal Akerman retrata en Jeanne Dielman la rutina de una ama de casa de clase media. Desde lo estético, Akerman buscó una mirada femenina: son las acciones de esta mujer, su cuerpo y su mirada, su temporalidad y su ritmo las que definen el campo de la visión de l*s espectador*s. La película construye, como bien analiza Teresa de Lauretis en “Repensando el cine de mujeres. Teoría y estética feminista”, un retrato de la experiencia femenina. En mi opinión, mirar esta película en combo con la lectura del capítulo “Situación y carácter de la mujer” del Segundo sexo de Simone de Beauvoir es un golazo absoluto para entender y analizar el problema de la experiencia femenina y su representación en un mundo de acción y representación eminentemente androcéntrico.

 

Un disco: Wild is the Wind de Nina Simone (1966)

Bueno, siempre es un placer escuchar a Nina Simone, pero en este disco hay una canción muy inmensa que se llama “Four Women”, escrita y ejecutada por Nina Simone. Allí canta la historia de cuatro mujeres negras (african-american women) y cada una de ellas cuatro representa un estereotipo particular: la mujer servil (My back is strong / Strong enough to take the pain), la mujer “mestiza” (My father was rich and white / He forced my mother late one night), la mujer prostituta (Whose little girl am I? / Anyone who has money to buy), la mujer rabiosa y harta (I’m awfully bitter these days / because my parents were slaves). En esta última estrofa, Nina Simone eleva la intensidad de su voz y de su piano y termina gritando el nombre, marcando el empoderamiento de la mujer negra y llamando a ese mismo empoderamiento. El detalle de que las cuatros mujeres digan sus nombres me pareció siempre muy significativo en tanto da voz de mujer real a los estereotipos culturales despersonalizados, en un juego de contraste. Si buscan en internet, hay mucho escrito sobre este tema. Algunas radios se negaban a pasarlo por considerarlo racista al describir estereotipos (claramente la intención de Nina Simone era la contraria) y otras porque hablaba de una prostituta.

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