Editoriales de Graves y Agudas para cada sesión de la Locademia

A continuación te dejamos lo que nos compartieron las compañeras de Graves y Agudas en cada una de las presentaciones de Locademia de Feministas

 

Juntas nos sabemos poderosas | Editorial 19 de octubre

Hoy somos parte de una movida que busca formarnos y de-formarnos desde una perspectiva académica. Desde Graves y agudas acompañamos a Locademia de feministas recién llegadas del ENM para multiplicar y expandir la voz de las mujeres. Elegimos hacerlo desde el territorio. No nos instalamos en una burbuja, sino que nos inmiscuimos en el corazón de la movida… podríamos hacer un móvil o una entrevista, pero consideramos que el movimiento político feminista es el de la cercanía, el del encuentro, el de acompañarnos, porque juntas nos sabemos poderosas.

Los movimientos feministas de Argentina están mostrando otra forma de tomar el espacio público y vamos copando lugares que nos han sido históricamente negados. La formación académica es uno de estos espacios en donde aún necesitamos instalar nuestra voz. No somos objetos de estudio, sino productoras de conocimiento. Un conocimiento sobre nosotras mismas que circula gracias a la cercanía, a la empatía y las alianzas sororas. Desde hoy y durante cuatro jueves sacamos una vez más la radio al espacio público.

Mariel Giménez (Graves y agudas) – En audio aquí

Hacer mierda al patriarcado | Editorial 26 de octubre

Esta semana, Ariana Charrúa, microfonista del canal A24, decidió denunciar a un acosador. Gracias a la denuncia de Ariana, quien recibió agravios y agresiones en las redes sociales durante varios días y a pesar de eso mostró pruebas del acoso. Sofía Rigler, una maquilladora del mismo canal, reveló que este acosador le tocó la cola en dos oportunidades, pero que no se había animado a decir nada hasta ahora. Gracias a ellas, también Malena Dip, que trabajó con este acosador hace 8 años, reveló que fue víctima de situaciones similares y dio su testimonio: “Cuando tuve mi entrevista de trabajo fui con el currículum y me dijo que no hacía falta que leyera el CV, que me contrataba porque era linda”, contó. Eso fue seguido de amenazas, abusos de poder y otras actitudes misóginas que terminaron con su renuncia.

Pero eso no bastó. También Federica Guibelalde, ex locutora de La Batidora y El exprimidor, rompió el silencio y confesó, después de muchos años, que sufrió acosos y renunció porque no soportó más la situación, además de expresar su solidaridad con Ariana Charrúa y reconocer su la valentía. “Empecé a trabajar muy joven y recién recibida tuve que vivir mi propio tormento en el ámbito laboral porque las conductas machistas las asumíamos como normales”, dijo. “El motivo de este pequeño testimonio es acompañar la lucha por los derechos de la mujer, hoy como madre de cuatro nenas”, agregó.

LAS PIBAS NO NOS CALLAMOS MÁS. No aguantamos más, no nos hacemos más las boludas, no dejamos pasar más los abusos, acosos y violencias que sufrimos en la calle, en el trabajo, y en la propia casa, con la excusa de que son normales, inevitables…de que es lo que nos toca por tener cuerpos feminizados.

Pero para eso, las pibas necesitamos más voz. Y los medios de comunicación aún sostienen lógicas patriarcales que nos obligan a tener lugares secundarios, menores, a cobrar menos, trabajar más, tener que renunciar por ser madres o sentir que algo nos falta para llegar a puestos de poder, como sí llegan nuestros compañeros varones. Lo sufrimos especialmente las más jóvenes. En los medios, las voces de varones superan ampliamente a las de mujeres, las discusiones sobre política o economía nos aparecen vedadas, o nos tenemos que resignar a dar el tiempo, la humedad, el tránsito…  

Según relevamientos internacionales realizados desde 1995 por la WACC: “Sólo el 24% de las noticias que circulan en tele, radio gráfica y redes sociales a nivel global tienen a mujeres como protagonistas. Además, cuando aparecemos, mayoritariamente lo hacemos como víctimas. No como especialistas de política, de economía”.

Según un monitoreo reciente de Nos Quemaron Por Brujas, en las radios argentinas pueden pasar 50 minutos sin que se escuche la voz de una mujer. Y entre las 6 y las 10 de la mañana, en AM y FM se escuchan sobre todo voces de varones: el 69% por ciento de los programas son conducidos por hombres.

Los estereotipos de género siguen vivos en los medios, que construyen y son parte de una desigualdad estructural que es política y es simbólica.

Para cambiar esta situación, necesitamos MÁS feministas en los medios, MÁS perspectiva de género en los abordajes, MÁS trabajo para periodistas mujeres…

Las feministas tomamos los medios y nos metemos en donde nos mandaban a callar.

Frente a los discursos que nos construyen como “fanáticas de los boliches”, “fiesteras” para desacreditar nuestras voces y para justificar nuestras muertes, decimos ya no más. Frente a los pactos entre machos que mantienen silenciadas a las mujeres que han sufrido acoso en los medios, manteniendo por detrás prácticas que sostienen y mantienen la opresión a mujeres, travas, trans y lesbianas y que al acosador lo perdonan o evitan denunciarlo. Nosotras escribimos, hablamos y contamos nuestras propias historias. Nos formamos, aprendemos las tecnologías necesarias para multiplicar nuestras voces y tenemos la ambición de hacer mierda al patriarcado, ni más ni menos.

Desde Graves y Agudas estamos nuevamente en Locademia de feministas para hablar de nosotras, de nuestras voces, de todo lo que hace falta que rompamos y sigamos rompiendo…

Vanina Pikholc (Graves y agudas) – En audio ACÁ

 

Interviniendo el espacio público estamos tomando espacios de poder | Editorial 02 de noviembre

Aparece lo íntimo, lo único, el mundo interior, lo subjetivo, “lo privado” como aparte, separado de la dimensión pública. ¡Mentira!

Esta mentira sostiene que en la vereda de enfrente, de manera opuesta, aparece “lo público”, lo político. Lo público podría ser lo que mi cuerpo enuncia por su sola presencia en el espacio público.

Estoy en la parada esperando el bondi para ir al colegio. Tengo 12 años. Me auto percibo como una chica. Pasa uno y me grita algo sobre mis tetas. ¿Qué puedo hacer? El hecho de estar ahí parada, a los ojos de todos, que mis tetas apenas se asomen como un bulto en mi remera las hace pasibles de ser señaladas. No puedo hacer nada para evitarlo. Estoy ahí parada siendo una chica, ¿qué otra cosa puedo hacer? Estoy ahí anunciado mi feminidad. Ese discurso de mi cuerpo atrae a otros discursos… el de esos tipos que me han gritado que me cogen y cómo, cuando aún iba a la primaria. Eso que mi cuerpo enuncia, es en mi caso mi feminidad, pero hablamos de cualquier cuerpo que no sea el del hombre-blanco-heterosexual. “El sujeto masculino se torna modelo de lo humano y sujeto de enunciación paradigmático de la esfera pública”, dice – quién si no, Rita Segato. Todo aquello que no entre en ese paradigma se disciplina a gritos, a toqueteadas, a palazos, a violaciones, a torturas y muertes. ¿Aceptamos que ese es nuestro lugar en la esfera pública? No. No aceptamos que la dimensión política que ocupamos deba ser disciplinada.

También nuestra política es distinta. Rita habla de recuperar un tipo de politicidad: hacer política en el espacio vincular, de contacto estrecho, de cercanías. Rescatar la apreciación de nuestra corporalidad; rescatar la forma de hacer política de las mujeres, desde la cercanía. La política de las mujeres apunta a destruir esta aparente dualidad entre lo público y lo privado que reposa sobre nuestros cuerpos, para construir otro tipo de enunciación posible, en la que se jueguen lo íntimo y lo público.

Esto pasa en los Encuentros Nacionales de Mujeres, Lesbianas y Trans, esto pasa acá en Locademia de Feministas, donde nos juntamos, nos acercamos, promovemos un espacio de encuentro en el que nos mirados las miradas, hacemos preguntas. Estamos tomando otro rol en espacio público. La queja es que “ya no se puede decir nada,  que saltan las feministas estas….”. Te gritan que sos una loca cuando respondes a los acosos en la calle. Mujeres arman talleres de autodefensa, para que no quede ninguna agresión sin respuesta. Y esta construcción de nuestro papel en el espacio público, nuestra intervención activa es sobre la base del encuentro, de sabernos juntas y poderosas, de validarnos, escuchar nuestros relatos, empatizar.  

Interviniendo el espacio público estamos tomando espacios de poder. Porque el poder no se pide, se arrebata. A veces no somos conscientes que nuestra sola presencia en un espacio en el que no se espera que haya “no-hombres”, es disruptiva. Planteamos un conflicto ahí. Rompemos una lógica naturalizada, en la que las trayectorias no masculinas no existen.

¿Qué va a pasar en el mundo, el día que no temamos salir a la noche? ¿Te imaginas? No hay duda de que nadie se perjudica en eso, de que sería un mundo mejor. No viajamos solas si vamos con amigas. No hay mujeres solas si están juntas. No espacios públicos en los que las mujeres, lesbianas, travestis y trans no deberíamos estar.

Mariel Giménez (Graves y agudas) – En audio AQUÍ.

 

La fuerza de empujarnos de a muchas | Editorial 09 de noviembre

Las mujeres somos competitivas, entre nosotras. Casi como modo eliminación; a la otra la elimino, la anulo. Hablamos mal unas de las otras, como una característica muy propia de nosotras. Somos así, bichas, víboras, zorras, yeguas… toda la fauna existente.

“Nos sacamos el cuero”, “nos escaneamos sin ningún tipo de códigos”, nos fijamos en la otra para encontrar sus defectos y fallas, y jamás decírselo.. o decírselo por lo bajo a nuestras amigas. Somos las reinas del odio implícito; de los mensajes cifrados, de manejar el odio con diplomacia e hipocresía.

Las mujeres nos escudriñamos en busca de defectos. Sólo observamos a otras mujeres para criticarlas, porque son amenazantes. La celulitis, la ropa que se pone, demasiado gorda, demasiado flaca, demasiado puta, demasiado santa. Otra mujer es competencia. ¿Y por qué competimos? por la atención de los hombres, claro. No tenemos reparos en hundirnos entre nosotras, según los discursos que nos atraviesan desde niñas.

Desde chicas, nos confinan a la cocina de juguete y a las muñecas. Nos proponen ideales inalcanzables desde los cuales seremos juzgadas el resto de nuestras vidas. Y este engranaje se construye cagándonos la cabeza una a una. La conquista es de a una. Confinadas en lo doméstico, en la esfera de lo privado, todo lo que nos invite a salir de ahí es amenazante, peligroso o competitivo, un espacio donde debemos cuidarnos o seremos responsables de lo que nos pase.

Cuando decidimos dejar estas estructuras atrás, cuando nos animamos a explorar lo que no nos es permitido, encontramos a otras mujeres que nos inspiran. Encontramos pares a las cuales admiramos y con un vínculo tan íntimo y tan cercano, donde la adoración tiene el lugar en los espacios compartidos y no en un tótem inalcanzable. Descubrimos la admiración a las amigas, lo hermoso de tener a tus ídolas tan cerca. Ese aprendizaje se da en el encuentro íntimo, en la cercanía. Nos nutrimos de las experiencias y empezamos a darnos cuenta que lo que le pasó a una, le pasó a muchas; sólo faltaban los puentes que nos unieran.

Si nos quedábamos en casa, en la cocina, si no nos hubiéramos reunido en espacios que creamos para descomprimir la opresión sentida en otros ámbitos, no habríamos descubierto las múltiples posibilidades que tenemos de vincularnos, el potencial de una mirada empática y la fuerza en empujarnos de a muchas.

Creamos, con mucho esfuerzo, espacios para nosotras, en los que transitar nuestras experiencias compartidas, y donde podamos hacer carne algo que nos fue velado durante mucho tiempo: ser unidas, armar proyectos con pares, amarnos entre mujeres.

La competencia nos dice que hay un sólo lugar para muchas interesadas. La sororidad nos enseña que hay lugar para todas, pero que esos lugares hay que conquistarlos. Brujas, locas… un grupo de mujeres que saben poderosas siempre es peligroso.

Mariel Giménez (Graves y agudas) – En audio ACÁ.

 

 Graves y agudas – @gravesyagudas

 

 

 

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