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El territorio de la divulgación

Nota sobre Locademia de Feministas y la ecofeminita Mercedes D’Alessandro, publicada en la revista Experiencia Konex.

 

Por Ilan Kazez y Roly Villani

En estos espectáculos no hay un juego de luces deslumbrante y, a veces, ni siquiera escenografía. Tampoco hay coreografías milimetradas. El elemento privilegiado es la palabra y el conocimiento que se transmite a través de ella: estamos hablando de los encuentros de formación e ideas, un género que en los últimos años creció con fuerza.

EL TERRITORIO DE LA DIVULGACIÓN

Ciudad Cultural Konex es uno de los espacios porteños que más alberga esta clase de eventos. Ciclos como Locademia de feministas o los encuentros protagonizados por el filósofo Darío Sztajnszrajber y el historiador Felipe Pigna, son algunos de los ejemplos más paradigmáticos, ya que cuentan con una gran afluencia y recepción de público.

Estos eventos se acercan más a una clase o a una conferencia que a un espectáculo tradicional. Pero, a diferencia de los ámbitos académicos, la clave está en cómo se transmiten los contenidos. En ese sentido, es de vital importancia la combinación de la palabra con elementos audiovisuales, como imágenes, videos, música y teatro, para que se entienda mejor y sea más atractiva al público en general.
“Es todo un desafío para quienes venimos de la academia poder cambiar el lenguaje y expresar ideas de una forma más amplia”, dice Mercedes D’Alessandro, fundadora del espacio Economía Femini(s)ta y creadora de Locademia de feministas, un ciclo de reflexión sobre género y feminismo que tuvo lugar en el Konex en octubre y noviembre de 2017.

Con la presencia de expertas en distintas áreas y disciplinas, durante cuatro encuentros se abordaron temas relacionados con la política, el espacio público, los estereotipos de género en la comunicación y la sororidad, entre otros. Todos los encuentros fueron a sala llena y tuvieron una fuerte repercusión en las redes sociales. Para D’Alessandro, la forma de las presentaciones es crucial: “En Economía Femini(s)ta venimos trabajando hace casi tres años en la difusión de contenidos teóricos, datos y estadísticas con un lenguaje más accesible. No solo en las palabras y el tono, sino también en la forma en que los presentamos, con visualizaciones e imágenes. Nuestra experiencia es que hay mucho interés y que cuando las personas entienden el mensaje, se sienten parte y se unen a la conversación”, cuenta.

Generalmente, estos espectáculos son conocidos como de “divulgación”. Disciplinas que comúnmente se cree que están hechas para un grupo reducido de personas, pero que logran hacerse masivas a través de una presentación distintiva. En filosofía, uno de los divulgadores más importantes y talentosos es Darío Sztajnszrajber. Su claridad a la hora de transmitir contenidos profundos hizo que cruzara las fronteras del ámbito académico.

“La academia siempre fue muy celosa, no solo de sus temas, sino sobre todo, de sus formas. La divulgación no solo intenta que los contenidos sean accesibles para todos, sino que para generar ese acceso, tiene que descontracturar la lógica y el formato de la academia”, explica.
Darío comenzó en 2015 con el Curso de iniciación a la filosofía, un ciclo de trece encuentros por el que pasaron casi seis mil personas. Al año siguiente, lo repitió, y el número superó las ocho mil trescientas. Durante 2017, se presentó con cuatro ciclos: Salir de la caverna, Filosofía en 12 clases, Angustia existencial y Desencajados, y vendió más de quince mil tickets solo ese año. Ahora, realizará el ciclo Filosofía en 12 libros, que comenzará el próximo 24 de abril.

Desde la historia, otro de los grandes divulgadores es Felipe Pigna. En 2016, realizó un curso de historia argentina y en 2017, los encuentros llamado Ilustres desconocidos, y Grandes hechos del siglo XX. Además, junto con Sztajnszrajber realizó Preguntas de la historia y la filosofía.
En todos estos ciclos, participaron más de diez mil personas. La clave para estos especialistas es salir de la selectividad y poner el conocimiento al servicio de todos. “La academia vive también de circunscribir sus alambrados, que tienen casi como una lógica de gueto. No hay que temerle a que gran parte de sus investigaciones llegue a más personas para que la gente se apropie de ellas”, sostiene Sztajnszrajber. De modo similar, define D’Alessandro: “Para mí, es muy importante que la ciencia esté al servicio de proyectos de transformación de nuestras vidas. La comunicación pública de la ciencia es un desafío enorme y una necesidad imperiosa, más aun en una era como la nuestra en la que gracias a internet podemos llegar muy lejos, cruzar fronteras geográficas y sociales”.

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