Deprimidas y abandonadas. Es hora de hablar de nuestra salud mental.

Por Laura F. Belli y Danila Suárez Tomé*

 

 

El tema prioritario elegido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para este 7 de abril, Día Mundial de la Salud 2017, es la depresión. La depresión es un trastorno mental que afecta en todos los países a personas de todas las edades, condiciones sociales y profesiones. Este trastorno es actualmente la principal causa de problemas de salud y discapacidad en todo el mundo. Sólo en la Región de las Américas se estima que afecta a cerca de 50 millones de personas (el 5% de la población). En el mundo, más de 300 millones de personas viven con depresión –cifra que tuvo un aumento de más del 18% entre 2005 y 2015.

La depresión es una enfermedad que se caracteriza principalmente por una tristeza persistente y por la pérdida de interés en las actividades de las que normalmente se disfruta. No sólo genera malestar emocional, sino que también repercute en la capacidad de las personas de llevar a cabo tareas cotidianas. Además, como muchos otros trastornos similares, posee un fuerte impacto negativo en las relaciones personales con familiares, amistades y colegas. Las personas que la sufren a menudo cargan también con el estigma social de padecer un trastorno mental. En otros casos, se minimiza esta condición de salud reduciéndola equivocadamente a la simple “falta de voluntad” para lograr “estar bien”. La falta de apoyo a las personas con trastornos mentales, junto con el miedo al estigma social, impiden que muchos/as accedan al tratamiento que necesitan para vivir vidas saludables y productivas (incluso en los países de altos ingresos, casi la mitad de las personas con depresión no reciben tratamiento).   

 

La depresión también es una cuestión de género

Como muchos otros problemas de salud, la depresión afecta de manera diferente a mujeres y a varones. El género determina el impacto que los condicionantes socioeconómicos poseen sobre la salud de varones y mujeres, así como también su susceptibilidad y exposición a riesgos específicos en relación con la salud mental.

En primer lugar, la depresión es más común en las mujeres que en los varones. En 2010 su prevalencia global anual fue de 5,5% y 3,2% respectivamente, lo que representa una incidencia 1.7 veces mayor en las mujeres. Además, los trastornos depresivos representan cerca del 41,9% de la discapacidad por trastornos neuropsiquiátricos en las mujeres, en comparación con el 29,3% entre los hombres. Estas cifras responden a diferencias en los factores socioeconómicos, acceso a la educación y violencia contra las mujeres, pero también a factores biológicos propios de los cuerpos femeninos.

Las experiencias de vida de las mujeres las predisponen a mayor riesgo de sufrir de depresión ya que esta condición está fuertemente relacionada con los factores de riesgo interconectados y las experiencias y eventos negativos sufridos a lo largo de la vida (como la violencia de género, la pobreza, la desnutrición, la desigualdad de ingresos, el estatus social bajo y subordinado al de los varones y la responsabilidad constante de estar al cuidado de los demás). Existe una relación reconocida entre la frecuencia y gravedad de estos hechos y la frecuencia y gravedad de los problemas de salud mental en las mujeres.  

En segundo lugar, el sesgo de género en salud hace que -en lo relacionado con trastornos psicológicos- los/as profesionales de la salud sean más propensos/as a diagnosticar la depresión en las mujeres en comparación con los hombres, incluso cuando tienen puntuaciones similares en las medidas estandarizadas de la depresión o presentan síntomas idénticos, haciendo que reciban en mayor medida tratamientos con psicotrópicos (cosa que, veremos más adelante, presenta varios problemas). Lo paradójico es que, al mismo tiempo, muchas mujeres nunca son correctamente diagnosticadas ya que muchos de los síntomas que refieren son tomados como “problemas emocionales” relacionados con su condición de mujer e ignorados por muchos/as profesionales.

En tercer lugar, en muchos países del mundo la comunicación entre las mujeres y los profesionales de la salud (especialmente si se trata de médicos o enfermeros varones) es en extremo difícil. Las desigualdades de género dificultan que las mujeres sientan temor de mencionar que sufren una aflicción psicológica ya que no haría más que reforzar el estigma sufrido por ser mujer.

En cuarto lugar, las mujeres tienen una mayor predisposición genética que los varones a sufrir de depresión. Sumado a cuestiones hormonales, especialmente durante el embarazo, parto y en la menopausia, existe un mayor riesgo de desarrollar el trastorno.

 

Las mujeres y los antidepresivos

Las mujeres están subrepresentadas en los ensayos e investigaciones clínicas de drogas para tratar la depresión. Teniendo en cuenta que las diferencias biológicas entre las mujeres y los varones afectan la salud de diferente manera, esta disparidad influye también en los efectos que las drogas contra la depresión tienen sobre sus cuerpos. Los varones y las mujeres pueden diferir en su respuesta a los medicamentos por varias razones: diferencias en la farmacocinética, la farmacodinámica, los efectos del ciclo menstrual y los efectos de tomarlos junto con anticonceptivos orales. Si bien en los últimos años muchos estudios sobre tratamientos para la depresión incluyen mujeres entre sus participantes, no se examinan los resultados por género. Entender cómo las mujeres difieren de los varones en respuesta al tratamiento es fundamental para mejorar la eficacia del tratamiento.

Al tiempo que aumenta el porcentaje de personas con depresión en el mundo, aumenta también el porcentaje de mujeres embarazadas que consumen antidepresivos. Es claro que el beneficio de cualquier medicamento tomado durante el embarazo debe superar el riesgo, sin embargo, con la falta de buenos datos para evaluar el costo beneficio, muchas mujeres a menudo se ven obligadas a tomar una decisión que podría ser perjudicial para ellas o para el feto (el caso del antidepresivo Paxil es un ejemplo de esto: aprobado en 1992, recién en 2005 se emitió una advertencia de que estaba asociado con defectos de nacimiento en los fetos).

 

Las voces de las mujeres que sufren de depresión posparto son a menudo silenciosas

La depresión posparto es tan frecuente como desconocida: afecta a una de cada seis mujeres que dan a luz y pocas hablan de ello. Se puede presentar poco después del parto o hasta un año más tarde. Además de los síntomas comunes a la depresión, la depresión posparto también puede manifestarse como un profundo sentimiento de agobio, falta de lazos afectivos con el/la bebé, llanto persistente sin motivo aparente y dudas sobre la capacidad de cuidar de una misma y del/la  bebé.

Las mujeres no hablan de este tema por varios factores, principalmente por desconocimiento. Al ser la depresión posparto una condición tabú, muchas puérperas al enfrentarse con sus síntomas se culpabilizan por no sentirse felices y bien en un momento en el cual creen que deberían hacerlo. Este miedo de “ser malas madres” o de lo que los demás puedan pensar sobre ellas hace que callen lo que les sucede, lo cual no permite que se detecte el trastorno.

Las mujeres con depresión posparto tienden a sufrir los síntomas durante bastante tiempo antes de reconocerlos como tales y buscar ayuda. Incluso muchas nunca lo logran ni reciben la ayuda necesaria, sosteniendo la esperanza de que los síntomas se disipen con el tiempo. Muchas eligen sufrir solas, incapaces de hablar con sus amigas, pareja u obstetra sobre lo que está sucediendo por miedo a ser hospitalizadas o separadas de su bebé. A menudo luchan con esta decisión, sabiendo que al no buscar ayuda se ponen a sí mismas ya su nuevo bebé en peligro. Sin embargo, el miedo a romper el silencio es más fuerte.

De lo que tampoco se habla es de que sin tratamiento, la depresión posparto puede durar mesdees o incluso años y puede afectar tanto la salud de la mujer como la del recién nacido. Además, aumenta el riesgo de suicidio. Es importante saber que no hay que culpabilizarse, que le sucede a muchas mujeres y que puede tratarse con ayuda profesional (incluso hay medicamentos seguros durante la lactancia materna para mejorar esta condición).

 

 

La necesidad de invertir en salud mental

Un factor más a tener en cuenta, además de todo lo expuesto, es la inversión en salud mental. En muchos países esta inversión es o bien nula o bien escasa: en promedio, sólo el 3% de los presupuestos de salud los países a nivel global se destina a salud mental. En los países con ingresos más altos, el promedio de inversión es de un 5%, y sin embargo casi el 50% de las personas con depresión no reciben tratamiento. En los países de menores ingresos, el presupuesto destinado a salud mental es del 1% o menor en promedio.

Invertir en salud mental beneficia el desarrollo económico de los individuos, las empresas y los estados, mientras que la desinversión es costosa. Según se ha podido calcular, cada dólar que se invierte en la ampliación del tratamiento para depresión y trastornos asociados como la ansiedad, tiene una retribución de 4 dólares gracias a mejoras en la salud y, concomitantemente, la mejora en la capacidad de trabajo. Por el contrario, sobre 36 países entre 2016 a 2030, la falta de inversión y ampliación de acceso a la atención de la depresión y la ansiedad dieron como resultado una pérdida económica global de un billón de dólares por cada año. Las personas pierden financieramente cuando no pueden trabajar y los/as empleadores/as sufren pérdidas cuando sus empleados/as son incapaces de trabajar o bajan su nivel de producción.

En las Américas, casi 7 de cada 10 personas con depresión no reciben el tratamiento que necesitan. Desde la OPS/OMS Dévora Kestel (jefa de la Unidad de Salud Mental y Abuso de Sustancias) dijo: “Debemos actuar ahora para cerrar la brecha que separa a las personas con trastornos mentales de los servicios de salud que necesitan”.
* Danila Suárez Tomé es doctoranda en Filosofía y Laura Belli es doctora en Filosofía.

1 comentario
  1. Laura Cicone
    Laura Cicone Dice:

    Hola quisiera saber cual es la fuente que utilizaron para descfribir los datos estadisticos. que poblacion y cual seria ambito de procedencia de las mujeres que representan la muestra. Trabajo actualmente en la tematica en una institucion estatal nacional desde la cual se diseñan politicas públicas relativa a género. De ahi mi interes. muchas gracias por la respuesta y por el material que publican

    Responder

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