La Economía Feminista en el XXXI ENM

 

 

por Josefina Marcelo

Lic. en Economía (UNLP) Becaria doctoral (CONICET-UNICEN)

Integrante del Espacio de Economía Feminista en la SEC

 

Entre las 70.000 participantes, los 69 talleres, las más de 120 actividades culturales y las marchas que coparon la XXXI edición del Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario, muchas mujeres de todo el país, algunas de ellas economistas, nos dimos reunión para discutir y compartir con todo el movimiento de qué hablamos cuando hablamos de economía feminista.

Por primera vez apareció esta extraña combinación en la descripción de uno de los talleres (Economía y feminismo?! Qué es eso?!), más específicamente en el número 54 bajo la temática “mujeres y estudios de género” y hacia allí nos dirigimos con muchas inquietudes y ganas de compartir con el resto de compañeras interesadas en esta amplia temática.

Los Estudios de Género

Desde los más diversos lugares de origen, edades y formaciones, y en más de cuatro comisiones fuimos debatiendo en un ambiente sumamente democrático y de respeto, las realidades y temáticas que abarcan los estudios de género. Fuimos viendo que, salvo en pocas carreras de pocas facultades como filosofía y letras, en general la perspectiva de género estaba ausente en la formación de todas las allí presentes, y en todos los niveles educativos. Desde historiadoras que manifestaban la cuasi inexistencia de las mujeres en el relato histórico oficial, hasta biólogas que evidenciaban que la anatomía que se aprende se basa en el cuerpo masculino (excepto al estudiar el “aparato reproductivo”) o diseñadoras que casi pierden una materia por no cumplir con la consigna de hacer un logo celeste para nenes y rosa para nenas, fuimos viendo que esta es una triste realidad y la economía claramente no es una excepción.

En los pocos lugares en que la perspectiva de género se enseña o se aplica en las investigaciones, suelen ser núcleos aislados, muchas veces identificados como “estudios de las mujeres”, pero sin generar una aplicación transversal de los contenidos en las formaciones.

Ni hablar de la falta que tenemos en la educación inicial, primaria y secundaria donde muchas veces no solo no se enseña con perspectiva de género, sino que hasta se reproducen los estereotipos heteronormativos que desde algunos feminismos se buscan romper. Incluso las docentes que participaron del taller manifestaron que en los niveles terciarios también hay ausencia de formación en géneros y sexualidades, y que la ley de Educación Sexual Integral[1] (Ley 26.150, promulgada en el 2006) prácticamente no se aplica o se aplica mal.

Por lo tanto se evidenció que el primer gran problema a resolver era incorporar todos estos debates en el sistema educativo para que todxs comencemos a pensarlos y discutirlos.

GéneroS

La discusión se profundizó en el análisis de la categoría género y se hizo énfasis en su pluralidad[2]. Desde las vivencias de cada una de las presentes fuimos ensayando una definición colectiva que, sin pretender ser taxativa, aproximó varias ideas al respecto. Se identificó a los géneros, sus múltiples manifestaciones y las relaciones de poder entre los mismos como construcciones sociales, históricas y culturales, que han cambiado según las diferentes sociedades y momentos históricos, y por lo tanto la conclusión clave fue que son factibles de modificaciones.

También se habló de romper con la noción biologicista y binaria de los géneros, entendiendo que la misma da lugar a relaciones de poder y dominación desde el punto de vista económico y también en múltiples aspectos. Se remarcó la importancia del respeto a la autopercepción para la construcción de los géneros y se discutió la necesidad (o no) de categorizarlos, considerando que esto podría encasillarlos, pero que sin embargo nombrarlos es visibilizarlos.

Feminismos

Otra de las propuestas ordenadoras del taller era pensar los aportes de los estudios de género al feminismo y los movimientos de mujeres, y en el medio del debate una compañera acotó muy acertadamente que en sus orígenes la relación fue inversa. Fue el movimiento feminista quien impulsó la existencia de espacios en las universidades que analizaran estas problemáticas con una perspectiva crítica brindando herramientas al feminismo para sus luchas. Por eso concluimos que en la actualidad ambos (estudios de género y feminismos) se retroalimentan, y que debería ser uno de los objetivos cuando no lo hicieran, para evitar limitarse a solo “agregar mujeres y mezclar”[3] en las perspectivas de género.

Discutimos ampliamente sobre los feminismos y sus variantes, pero siempre entendiéndolo como movimiento emancipador para la equidad que va en contra de los privilegios y por lo tanto es intrínsecamente revolucionario. Remarcamos (porque lamentablemente siempre hace falta repetirlo) que el feminismo no es “el machismo a la inversa”.

Economía Feminista

Finalmente llegó el momento de discutir lo que muchas presentes se preguntaron desde un principio. En lugar de dar una definición cerrada de la misma fuimos explorando entre todas los temas sobre los que la economía feminista trabaja, investiga y se propone transformar.

En primer lugar se abordó la llamada División Sexual del Trabajo, las esferas del trabajo productivo (remunerado en el mercado) y trabajo reproductivo (también llamado de cuidados) y el claro rol que mujeres, cuerpos feminizados y hombres tenemos en ambas. Cada una desde sus lugares de trabajo podía identificar y dar ejemplos de segregación horizontal (en ramas claramente feminizadas como las trabajadoras de la salud) o de segregación vertical: el típico caso que muchas docentes mencionaron es que las mujeres son la gran mayoría delante de las aulas, pero son minoría en las esferas de poder de la propia institución, ministerios y representación sindical. También se trabajaron los conceptos de “techo de cristal” y “piso pegajoso” y todas coincidíamos en las mayores dificultades que las mujeres tenemos a la hora de “competir” en el mercado laboral.[4]

Sobre el trabajo reproductivo se identificaron la existencia de la doble y hasta triple jornada laboral de las mujeres, y concluimos que dicho trabajo debe ser visibilizado y valorado (económicamente) para mostrar su importancia y el rol sistémico que cumple[5]. A partir de las experiencias también se vio que las más afectadas por esta organización social del cuidado somos las mujeres, pero más específicamente las mujeres de menores ingresos. Aquellas que no logran acceder a los niveles educativos más básicos, que deben cuidar a niños y/o adultos, y que cuentan con menores ingresos, son a quienes más carga de trabajo de cuidados se les asigna y no acceden al mercado laboral o lo hacen en mayores condiciones de precariedad, reproduciendo su situación y por lo tanto la gran desigualdad socioeconómica existente. De ahí la importancia de trabajar estos temas desde la economía, el feminismo y todos aquellos movimientos que busquen un ideal social más igualitario.[6]

Una cuestión que fue muy discutida es que en toda esta última parte nos referimos siempre al colectivo “mujeres”, pero parte de la razón es lamentablemente la falta de información estadística sobre la realidad de otras identidades y géneros no incluidos en el binomio hombre-mujer. Sin embargo, entendemos que muchas de estas identidades  se enfrentan aún a mayores condiciones de precariedad tanto en el trabajo productivo como reproductivo (por ejemplo el colectivo de personas trans)[7].

Qué hacer?

Por supuesto, no podía terminarse el taller sin pensar entre todas qué hacer para cambiar esta realidad que vivimos cotidianamente las mujeres. Propusimos algunas políticas públicas que pudieran ayudar a resolver la situación, pero siempre considerando que son procesos de largo plazo que implican cambios estructurales económicos, sociales y culturales, y por lo tanto que no deben abandonarse las luchas que se hacen desde los distintos colectivos feministas.

En primer lugar, reivindicamos el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, y como tal la necesidad de una ley que garantice el aborto legal, seguro y gratuito. Nos parece clave que el cuidado de lxs hijxs sea una elección de las mujeres y no una obligación, por eso propusimos la existencia de jardines públicos y gratuitos para los primeros cuidados (mal llamados “maternales”). También propusimos una licencia por paternidad y natalidad más amplia para fomentar la crianza compartida como herramienta para modificar la organización social de los cuidados.

Vimos la necesidad de que estas políticas, y otras que vayan en el mismo sentido, sean universales y no dependan de las condiciones de trabajo, porque en un país como Argentina con altos niveles de informalidad no llegarían a beneficiar a los grupos más vulnerables.

Por último, vimos que los temas económicos no nos son indiferentes a las mujeres, lesbianas, travestis, trans y bisexuales, incluso en el ENM abundaron talleres sobre estas temáticas: trabajo productivo, sindicatos, trabajo reproductivo, mujeres y deuda externa, mujeres y crisis, feminización de la pobreza entre otros, sin embargo entendemos la importancia de un abordaje conjunto de todos estos temas. Por eso la existencia de un Taller sobre Economía Feminista que discuta integralmente estas problemáticas para el próximo ENM fue la propuesta que cerró estos enriquecedores días de debate, además del compromiso asumido por las participantes para llevar estas discusiones a nuestros distintos espacios generando un efecto multiplicador.

[1] Para ampliar información sobre la ESI: http://www.me.gov.ar/me_prog/esi.html?mnx=esi&mny=_llamamos&carpeta=esi

[2] Una compañera aportó el dato de que están tipificados hasta 120 géneros. Para conocer algunos de ellos puede acceder a:  http://www.feminismoactual.com/2015/07/31/54/

[3] Frase de la filósofa feminista Sandra Harding en referencia a nuevas perspectivas teóricas y metodológicas en los estudios de género.

[4] Para ampliar más sobre estos conceptos recomendamos la nota de Magalí Brosio, Violeta Guitart y Mercedes D’Alessandro: http://w4000416.ferozo.com/rompamos-el-techo-de-cristal/

[5] En países donde se mide, como en México, a través de la cuenta satélite del trabajo no remunerado representa el 20% de su PBI, más que lo generado por toda la industria manufacturera en el país. http://www.inegi.org.mx/est/contenidos/proyectos/cn/tnrh/

[6] Recomendamos la entrevista a Corina Rodríguez Enríquez en http://www.unsam.edu.ar/tss/la-desigualdad-que-no-se-mide/

[7] Para mayor información sobre esta problemática, se recomiendan el informe de la fundación huésped:  https://www.huesped.org.ar/informe-situacion-trans/ , la nota http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-224-2008-08-01.html y la campaña http://inclusionlaboraltrans.com.ar/

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