La mujer dentro de la clase élite argentina: el análisis sobre la minoría selecta que escapa de limitaciones económicas pero continúa siendo oprimida

Por Denise Pérez Della Valle 

 

El propósito de este trabajo  recae en el análisis de la desigualdad educativa de género, atento a la urgencia de analizar las experiencias formativas de las mujeres pertenecientes a los sectores más privilegiados de Argentina.

A comienzo de este siglo, la fragmentación educativa comenzaba a ser estudiada haciéndose eco de la preocupación naciente de la crisis y las falencias desigualitarias de las políticas públicas, cuestionando la igualdad que supuestamente nos caracterizaba como país. Si bien diversos estudios han profundizado la educación fragmentada y desarrollado a la misma desde una perspectiva socioeconómica particular, mi trabajo propone un desarrollo bajo una perspectiva de género, subrayando la importancia de indagar la experiencia formativa de las mujeres pertenecientes a la elite y sus roles dentro de la misma.

El presente trabajo explora la lógica cultural subyacente que organiza disposiciones y prácticas parentales de familias de clase alta. Su busca ayudar a profundizar el conocimiento de los procesos y significados que despliegan familias de élite económica y cultural enfatizando las diferencias de los mismos dependiente del género.

 

La composición familiar de la clase alta

Cuando hablamos de clase alta argentina, no nos referimos meramente a un nivel adquisitivo muy alto, sino también a determinados apellidos: el apellido es el primer signo distintivo de pertenencia a las mismas. Los apellidos tienen historia, remiten a quienes participaron en la construcción de la Nación, por lo tanto, la trayectoria genealógica e histórica de las familias no son recientes, sino “antiguas”. Las familias elitistas por lo tanto se crean y se recrean, lo cual conlleva el trabajo de mantener buenas relaciones entre los miembros como condición crucial para conservar la unidad, y de este modo transmitir el prestigio pero también conservar el capital económico del que depende la subsistencia material del grupo parentesco. Este trabajo de reproducción, es tradicionalmente asignado a las mujeres.

La narrativa del origen familiar crea la familia “patricia” dándole reconocimiento social, estabilidad y honor, y oculta eventuales conflictos presentados en la trayectoria de su ramificación. El trabajo de integrar a la familia como unidad armónica ausente de disturbios no puede separarse de las implicancias en la reproducción de los medios económicos del grupo parentesco. El discurso dominante adjudica que la madre debe ser la encargada y responsable del cuidado de las relaciones familiares tanto como de la educación y la integración social de los hijos, mientras el padre desarrolla su rol de proveedor. La madre cumple así el rol de reguladora del bienestar y el desarrollo cognitivo-cultural de los hijos: función asociada al género que también se ha construido desde su propia historia familiar. Se busca reproducir las prácticas familiares percibidas como exitosas en la propia familia de origen.

 

La educación y la vocación clasista

“La educación formal que recibieron los varones difirió sensiblemente de la brindada a las mujeres, reforzando patrones ya presentes en la educación doméstica, y que, a su vez, reflejaban los distintos horizontes proyectados para unos y otras en su vida adulta. Así, mientras en el hogar los varones recibían una formación que los preparaba para ingresar luego en el sistema educativo formal, a las niñas se les inculcaba una fuerte formación religiosa y se las adiestraba en las artes de adorno” (Losada, 2008)

 

La escuela

La posesión de recursos económicos determina la capacidad y oportunidad que estas familias tienen para ejercer el derecho de libre elección sobre la escolaridad de sus hijos. Dentro de los criterios de elección del establecimiento educacional el principal campo de valoración se relaciona con cuestiones de carácter educativo: se privilegian los colegios que cuenten con un proyecto institucional centrado en el desarrollo de la persona y sus valores familiares por sobre el éxito académico de sus estudiantes. La escuela es uno de los espacios que producen la trama familiar densa, y una  a distintas generaciones en una íntima familiaridad que favorece su cohesión y su solidaridad interna, y de esta forma colabora con la formación de este grupo social.

“La escuela pareciera ser sólo un eslabón más dentro de un complejo sistema de inversión educativa compuesto de otros múltiples y variados servicios que se definen y gestionan privadamente por la familia. Las élites determinan por sí solas (…) el tipo de colegio y complementos extracurriculares que se hagan necesarios. El centro de las decisiones educativas se traslada desde el campo institucional a la intimidad de la vida familiar.” Gubbins Foxley, Veronica – Estrategias educativas de familias de clase alta

 

La escuela y las mujeres adultas: el trabajo de la reproducción social

La escuela es un espacio para la construcción de lazos sociales y reconocimiento entre las familias elitistas. Es el medio social donde todo el mundo se conoce. En estos espacios en común, se mezclan relaciones de parentesco que tejen también una trama de relaciones sociales. Ese ir y venir (actividad conocida como pool –buscar a cada chico en su casa  llevarlo a la escuela–, destinada a las madres) pone en manifiesto la dedicación y el tiempo empleados en crear, mantener y cuidar ese mundo social: las escuelas por ende, son espacios de socialización para los adultos.

Las  mujeres dedican gran parte de su semana al cuidado de los hijos y al contacto con las otras madres del colegio, pese a que el 60% posee estudios universitarios terminados y un 20% ejerce su profesión (Gessaghi, Victoria – 2016). La actividad de pool, pone en contacto a las madres ya desde la mañana.

“A menudo las madres se organizan para tomar un café luego de haber dejado a sus hijos en la escuela, o almuerzan juntas. Las actividades recreativas que los chicos realizan los fines de semana se convierten también en un espacio para que los padres se vinculen: para conocer y hacerse conocer, para integrarse como miembro de la comunidad.” (Gessaghi, Victoria – 2016).

Las mujeres con estudios universitarios tienden a situar el cuidado de los hijos como el principal movilizador de su acción. La madre cumple así el rol de reguladora del bienestar y el desarrollo cognitivo-cultural de los hijos, función asociada al género que también se ha construido desde su propia historia familiar. Se busca reproducir las prácticas familiares percibidas como exitosas en la propia familia de origen. A su vez, los vínculos matrimoniales constituyen desde siempre la principal forma de  reproducción social entre grandes familias. A principios de  siglo, el entrelazamiento mediante el matrimonio fue un medio fundamental para que ellas cobraran forma como grupo (Losada, 2008).

 

La vocación diferencial y la segregación por género

En el espacio de la orientación Educativa y Profesional se abre la posibilidad de cuestionar ciertas ideas tradicionales acerca de los roles y los espacios que la cultura asigna a las personas. Pese al acceso a la educación superior de más alto nivel académico y social, aún se reproducen estereotipos de género en cuestiones vocacionales. Esto implica que la mujer no sólo esté sujeta a determinadas áreas profesionales sino que también el trabajo  se desarrolle como una razón de mera satisfacción personal cotidiana, desestimando la necesidad individual humana de desarrollar una carrera por el mérito personal y académico. Müller lo enfatiza como la necesidad de: “Abrir espacios inéditos de reflexión acerca del sí, del sentido de lo vivido, del sentido de lo por vivir”. Y hacerlo desde lo central de su ser y su vivir, desde aquello que llaman subjetividad, como centro de enunciación, de conciencia de sí, de lugar de opciones y construcción y realización de proyectos.” (Müller, 2003).

“El concepto segregación ocupacional significa que la distribución de las personas en el mercado laboral está claramente diferenciada, según sean hombres o mujeres. La segmentación de las ocupaciones por género determina, en gran medida, la situación de las mujeres en el mercado de trabajo. Las ocupaciones “masculinas” son siete veces más diversificadas que las “femeninas”. Esto significa que hay más oportunidades para los hombres que para las mujeres. En un corte horizontal se puede observar cómo las mujeres se agrupan sobre todo en el sector servicios y en especial en los servicios personales, según reportes de la OIT” (Abramo, 2003).

Además de poco diversificadas, las ocupaciones “femeninas” tienden a ser menos prestigiosas, generando menor ingreso y menos oportunidades de desarrollo profesional que las “masculinas”. Gloria Arenas (1996) afirma que a la par del currículo formal de una escuela, la institución también maneja un conjunto de valores y actitudes que permean todo el contenido formal en el marco del aula y constituyen un aspecto importante del llamado curriculum oculto. Entre los valores disfrazados están los estereotipos de género que en la escuela se transmiten y con ello legitiman los llamados roles de género. Arenas encontró que en la práctica educativa cotidiana tanto docentes como directivos y los propios niños “dan carta de naturalización a esta división sexual.”

Los estereotipos de género comienzan a construirse al nacer en el seno de una cultura que establece y fija roles, espacios, comportamientos y actitudes específicas a mujeres y hombres, se configuran en la familia y se legitiman en muchos espacios de la vida pública, en especial en la escuela en todos los niveles y se ve cristalizada en las opciones vocacionales. La discriminación de género en el mercado de trabajo se manifiesta sobre todo en la llamada segregación ocupacional (Abramo, 2003). La riqueza explicativa del concepto género permite comprender y coadyuvar a deconstruir esta inequidad. (Ana María Rosado, 2012)

La estructura familiar de la clase alta

El deber de ser madre  y mantener lazos unidos

Hoy en día, las relaciones de alianza continúan siendo habituales dentro de las familias de clase dirigente. El trabajo femenino de integrar a la familia en una unidad armónica que  absorbe los conflictos no puede separarse de las implicaciones en la reproducción de los  medios económicos del grupo de parentesco. Toda empresa  familiar depende del desarrollo entre los miembros de la familia, de los sentimientos y los deseos que los motiven a llevar adelante la empresa (Gessaghi, Victoria – 2016). Es curioso como la mujer cumple un rol económico con una dualidad inquebrantable: si bien no es apta ni capaz para desarrollarse profesionalmente en una carrera tradicionalmente estudiada por hombres (ya sea abogacía, ciencias económicas o ingenierías) es la responsable de desarrollar los vínculos necesarios para la continuidad de la empresa, vínculos que cumplen una condición sine qua non.  “Los sentimientos y deseos necesarios para mantener la integración familiar se forman en la vida cotidiana, mayormente a través de prácticas diarias en el núcleo familiar” (Gessaghi, Victoria – 2016). Por ende podemos concluir en que  la reproducción social y económica de la clase se basa en el trabajo social reproductivo femenino y la  capacitación profesional masculina.

 

Conclusión

La sociedad no construye a todos sus individuos con el mismo nivel de subordinación, con los mismos privilegios o la misma posibilidad de inclusión: se torna difícil reconocer que la mujer de clase alta, joven, blanca, madre y esposa heterosexual comparta la subordinación de género con una mujer pobre, vieja, negra, lesbiana o bisexual y/o discapacitada. Pero en distintas esferas, lo es. Todas las mujeres  compartimos el mandato de ser para un hombre independientemente de nuestro status clasista. La obligación biológica de dedicarnos centralmente a ser madres y amas de casa se nos es impuesta. Ninguna mujer está exenta de la violencia de género y el abuso sexual, del mandato patriarcal y de la represión sobre su sexualidad y vocación. Todas vivimos en un mundo que silenciosamente nos aniquila y nos recuerda que ser mujer no es ser persona, aunque todas formamos partes de un sinfín de culturas diferentes a lo largo del planeta que representan distintos tipos de subordinación patriarcal.

“El género es la definición cultural del comportamiento asignado como apropiado para cada uno de los sexos en una sociedad determinada. El género es un conjunto de roles culturales. Es un disfraz, una máscara con la que hombres y mujeres bailan su desigual danza”. Gerda Lerner

 

 

Fuentes:

Tiramonti, Guillermina – Las transformaciones de la política educativa nacional en los años de la democracia

Gubbins Foxley, Veronica – Estrategias educativas de familias de clase alta

Gessaghi, Victoria – La educación de la clase alta argentina

Rodriguez Moyano, Inés – Lo que la escuela no mira, la AUH ‘non presta’: Experiencia escolar de jóvenes en condición de vulnerabilidad social

Bourdieu – L’esprit de famille, Raisons pratiques sur la théorie de l’action. Editions du Seuil, París

Fries, Lorena y Facio, Alda – Feminismo, género y patriarcado

Müller, M – Subjetividad y orientación profesional. Orientación y Sociedad, 2003/2004

Abramo, L. –  Notas sobre la incorporación de la dimensión de género a las políticas de empleo y erradicación de la pobreza en América latina. Organización Internacional del Trabajo

Ana María Rosado  – Género, orientación educativa y profesional

Arenas, G. La cara oculta de la escuela

3 comentarios
  1. Pablo
    Pablo Dice:

    Este texto podría haber sido interesante. Pero no es mas que otro texto escrito a la nada. Primero y principal, donde esta la critica al capitalismo tan impregnado de “clase de élite” que es el que reproduce los valores machistas? Mas parece un cuento de como la oligárquica argentina educó a las mujeres y punto, nos quedamos en un hermoso relato de como las “señoras bien” a pesar de tener todas las comodidades “sufren” el rigor de una sociedad patriarcal que les recorto “libertades” (termino anacrónico a la sociedad patricia a la que la autora refiere). Sin tener en cuenta en las obviedades en las que cae como decir: “La sociedad no construye a todos sus individuos con el mismo nivel de subordinación, con los mismos privilegios o la misma posibilidad de inclusión: se torna difícil reconocer que la mujer de clase alta, joven, blanca, madre y esposa heterosexual comparta la subordinación de género con una mujer pobre, vieja, negra, lesbiana o bisexual y/o discapacitada.” precisamente por algo llamado capitalismo existen esas diferencias y la autora en ningun lado siquiera lo sita. Me parece que en realidad la autora de cierta forma comparte los valores capitalistas y oligárquicos y esto no es mas que una loa a su clase tratando de colgarse de un tema tan sensible como lo es la igualdad de genero.

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  2. Mara
    Mara Dice:

    Sinceramente creo que si se difunden artículos referidos al feminismo sin un punto en concreto, malinterpretando las ideas y reiterando obviedades que sólo refuerzan el estereotipo del cual se sujeta el hombre primitivo para condenar a un movimiento basado en la IGUALDAD y no la VICTIMIZACIÓN cuasi-anárquica, seguiremos perdiendo tiempo y recursos y continuaremos atropelladas por una sociedad que, en lugares delicados y analizables (con la debida investigación) que realmente podemos cambiar.
    Saludos.

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  3. Juliana
    Juliana Dice:

    Buen día, los comentarios son para hacer aportes sin agresiones. La critica que hiciste la podrías haber hecho sin adjetivar a la autora despectivamente, lo podes hacer argumentando desde marcos teóricos y construcciones criticas propias, pero sin descalificar.

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