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Los números de la pandemia

Por el equipo de EcoFemiData

A partir de esta semana, se encuentra disponible una nueva edición del informe La desigualdad de género se puede medir. Esta edición, correspondiente a los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC sobre el 2do trimestre de 2020, se destaca por ser el primero que, en su totalidad, nos retrata los efectos en los principales aglomerados urbanos del país de la pandemia por COVID-19 y el consecuente Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO).

En este sentido, el impacto de la pandemia y la cuarentena juegan un doble rol: el que tuvieron sobre los fenómenos del mercado de trabajo, los ingresos y las horas que se dedicaron al trabajo remunerado y no remunerado; y también el que tuvieron sobre el proceso mismo de intentar captar y medir estos fenómenos. Es por esto que desde el INDEC aclararon que la encuesta pasó de una modalidad habitualmente presencial, a una telefónica para entrevistar a los hogares. Además, la muestra se vio fuertemente reducida y el propio instituto advierte que ciertos datos no cuentan con la calidad que presenta habitualmente la EPH. Sin embargo, estos datos no sólo se mantienen como una de las mejores fuentes para caracterizar la situación, sino que además los resultados son sumamente ricos para comprender mejor los cambios que ya se habían asomado desde fines del primer trimestre.

En el segundo trimestre de 2020 las tasas de actividad y de empleo se redujeron fuertemente, en tanto que la tasa de desocupación alcanzó el 13,1%, un máximo histórico desde 2004. El principal impacto de la emergencia sanitaria sobre el mercado laboral se expresó en la tasa de empleo, que se redujo casi 9 puntos porcentuales en comparación al trimestre anterior y también respecto al mismo trimestre del año anterior. 

Como era de esperarse, también se observó un aumento en la proporción de trabajadores que no pudieron concurrir a sus puestos de trabajo por suspensiones, otras causas laborales y licencias. A su vez se incrementó significativamente el número de personas que realizó el trabajo desde su vivienda. Por su parte, el aumento de la tasa de desocupación se explica tanto por un aumento de gente que buscó activamente un trabajo y no lo consiguió (aunque esta búsqueda estaba acotada por las restricciones a ciertas actividades y a la circulación), como por la reducción en general de la población económicamente activa total (el denominador de esta tasa). Al mismo tiempo, se incrementó la proporción de personas que no buscaban un empleo activamente, pero estaban disponibles para trabajar. 

Todos estos movimientos no fueron homogéneos, sino que entre distintos grupos y categorías se expresaron diferencias. Por ejemplo, en el caso de la tasa de empleo, el impacto fue más fuerte entre les trabajadores que no perciben descuento jubilatorio, es decir quienes trabajan informalmente, les trabajadores por cuenta propia y en general entre quienes trabajan en el sector privado. Teniendo en cuenta las ramas de actividad, la caída del empleo fue proporcionalmente más intensa en los sectores Construcción, Hoteles y restaurantes y Servicio doméstico.

El género es otra de las variables a partir de la cual se pueden distinguir especificidades. En este caso, puede apreciarse que la tasa de actividad cae mayormente entre los varones (más de 10 puntos, del 68,7% al 58%), sobretodo entre los varones de hasta 29 años (más de 14 puntos), y entre las mujeres también se destaca el grupo etario más joven (reduciéndose unos 11 puntos). La tasa de empleo también se reduce más pronunciadamente en el caso de los varones jóvenes, pasando del 44,3% al 30,8% entre el primer y el segundo trimestre del año. Entre la gente de 30 a 64 años, la caída es de 12 puntos en el caso de los varones, y de 10 puntos entre las mujeres.

El pico histórico de la tasa de desocupación se presenta de la mano de un incremento en todos los grupos mencionados. En general, los varones en su conjunto presentan una mayor suba de la desocupación, alcanzando el 12,8%, aunque el indicador sigue siendo mayor entre las mujeres, ubicándose en 13,5%. Se destaca el aumento en las mujeres jóvenes, para las que crece 4,6 puntos, pasando del 23,9% al 28,5% entre trimestres. Esto significa que, entre abril y junio, más de una de cada cuatro jóvenes estaba desocupada

El caso de la tasa de subocupación merece especial atención. Este indicador identifica a las personas que trabajan menos de 35 horas semanales y están dispuestas a trabajar más horas, ya sea que se encuentren en una búsqueda activa o no. Este trimestre, la tasa se redujo significativamente entre las mujeres y, contrario a lo que sucede habitualmente, es mayor entre los varones. Se redujo sobretodo en términos de quienes, aunque se encuentran trabajando, buscan trabajar más horas. Esto puede entenderse ya sea porque el contexto indicaba que no era una buena época para la búsqueda de más horas de trabajo. Pero además, que la reducción se haya visto sobretodo en las mujeres, también puede explicarse porque a la carga del trabajo remunerado, la pandemia y la cuarentena adicionaron una mayor intensidad de las tareas domésticas y de cuidado, quitando la posibilidad de estar dispuestas a trabajar más horas en el mercado. En tanto la subocupación se reduce entre las mujeres jóvenes, lo hace con más fuerza entre las trabajadoras adultas. Y mientras se reduce levemente entre los varones adultos, aumenta entre los jóvenes varones. La distribución asimétrica del trabajo y los estereotipos de género están a la orden del día.

Tomando en consideración a quienes trabajan en relación de dependencia, se incrementó la participación de quienes tienen un descuento jubilatorio y otros derechos laborales, pero únicamente a costa de que, como mencionamos antes, las personas que estaban expuestas a la informalidad también fueron las más expuestas al desempleo. La tasa de no registro en la seguridad social sigue siendo mayor entre las mujeres asalariadas.

En cuanto a los ingresos, cabe destacar que los ingresos totales individuales que perciben en promedio tanto las mujeres como los varones disminuyeron nominalmente respecto del trimestre anterior. La brecha que expresa la diferencia entre los ingresos de varones y mujeres se mantuvo similar a la del trimestre anterior, pero en una comparación interanual, pasó del 27,2% en el 2do trimestre de 2019, a 22,6% en el 2do del 2020. Sin embargo, las reducciones de este indicador no deben ser leídas linealmente y festejadas, en tanto la búsqueda de los feminismos para borrar las diferencias de género no trata de una “igualación hacia abajo”. No sólo los ingresos de las y los trabajadores en general se vieron duramente afectados, sino que además, entre aquellos que menos derechos laborales tienen, la brecha alcanza el 33,5%.

Durante los últimos años y regularmente, la diferencia entre las horas de trabajo remunerado entre varones y mujeres era de aproximadamente un 22%. Mientras las mujeres trabajaban en promedio unas 31 horas por semana (una típica jornada de tiempo parcial), los varones promediaban 40 horas a la semana (lo que se denomina una jornada completa). Durante el segundo trimestre del 2020, las horas semanales que en promedio trabajan los varones ocupados se redujeron a 36 horas por semana, y las de las mujeres se mantuvieron, con lo que la brecha se sitúa en un 16%. Sin embargo, al igual que en el primer trimestre de 2020 o el segundo trimestre de 2019, la asimétrica distribución de las tareas del hogar se mantiene: del total de personas que realizan tareas domésticas, un 73% siguen siendo mujeres

El resto de los informes se puede ver acá.

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