Malén Denis

Malén es escritora y estudiante de Filosofía.

Romper el cristal

Mi recorrido por la mayor parte de las cosas que me importan lo hice a través de la música, la literatura y el cine. El feminismo, el feminismo en mí, mi deconstrucción de los estereotipos de género, mi militancia feminista, todas esas cosas que pueden ser o no ser la misma cosa, no fueron la excepción. A los 11 años hice mi primera traducción libre, estaba intentando explicarle a una amiga, Bárbara, lo que me hacía doler la panza de esta canción de Madonna, lo que me provocaba ese video. Sí, ese video en el cual ella chocaba autos, se tapaba heridas, hacía cosas “de mala”, hacía cosas “de chico”, o más bien, hacía cosas que en un chico no serían tan raras pero que en una chica serían un espanto, o que eran más espantosas porque no es lo que se supone que haga una chica, me perdía intentando dar con una sola idea que explicara el conjunto, el contrapunto. Todo eso y más cosas intentaba explicar cuando le decía que me conmovía el video en el cual Madonna agitaba a su madre o abuelita asustada en un auto robado a toda velocidad en contramano. A mí no me parecía terrible, o sí, me parecía terrible, pero era otra cosa lo que me parecía terrible, había algo más que me parecía terrible. Algo así ensayé en ese momento:

“Las chicas pueden ponerse jeans y cortarse el pelo corto
Usar camisas y botas
Porque está bien ser un chico
Pero para un chico parecerse a una chica es humillante
Es que vos creés que ser una chica es humillante
Pero en el fondo te morís por saber cómo es, ¿no?
Qué se siente
Qué se siente ser una mujer”

‘What it Feels like for a Girl’, Madonna

Decidí elegir cosas que me marcaron de chica, entonces tengo que pedir disculpas porque en este caso la película que quiero recomendar no fue dirigida por una mujer. Se trata de Welcome to the Dollhouse (1995) y es de Todd Solondz. Si bien en principio me hizo ruido recomendar algo dirigido por un varón, es en el personaje femenino -que es la protagonista de la película- y su relación con las cosas en lo que me quiero concentrar. Dawn es una chica de aproximadamente 12 años, encarnada exquisitamente por Heather Matarazzo. Todo lo que tiene de supuestamente “atípico” Dawn es lo que la hace la chica más real del mundo: es “fea” (al menos eso dicen sus compañeros de colegio), egoísta, buchona, torpe, y sin embargo en ningún punto del retrato de su supuesta monstruosidad uno siente que deba ser transformada en otra cosa, sino lo contrario. Hay algo en el modo de mostrar cómo la “normalidad” es un concepto absurdo que es aliviante y que me permitió vincularme desde muy chica con la idea de que no hay, o no debería haber, una forma correcta de ser una chica. Dawn no es una cenicienta, no es un día transformada en una versión normativamente bella de ella misma y que triunfa a raíz de esa transformación, es una chica fallada, no es una proyección utópica de una mujer imposible de conseguir, es una mujer que existe, una mujer que quiere asesinar a su hermana con un martillo, que se enamora del chico más popular del colegio y decide conseguirlo, que se anima a explorar su sexualidad, que detesta a sus padres y que al mismo tiempo sueña que la amen. Es contradictoria, es humana.

The Bell Jar, Sylvia Plath

 “Se suponía que la tenía que estar pasando espectacular”

A eso de los 18 años descubrí esta novela. La volví a leer varias veces después. Sé lo que dicen, sé que dicen que la poesía de Plath es mejor, sé lo que se dice de los géneros demasiado autobiográficos, trabajo en esas zonas pantanosas. Esta novela cuenta la historia de una chica que se siente atrapada, es más que una historia sobre la patología mental, sobre la depresión. Habla también de estar atrapada en una sociedad que supone lo mejor para los hombres, una sociedad que supone a las chicas livianas y como un espacio, una cosa, un lugar hacia donde ellos se arrojan como flechas, porque ellos tienen la capacidad del movimiento, y de la dirección.

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