¿Nadie menos?

Por Diego Tajer **

 

I.

Entre los eventos políticos más llamativos de los últimos años están las concentraciones alrededor de la consigna Ni una menos. Un aspecto que se ha criticado mucho es la naturaleza particularista del reclamo: ¿por qué reclamar contra el femicidio, si en sentido estricto mueren muchos más hombres en hechos de violencia que mujeres? Muchos dijeron que la consigna de la marcha debería ser Nadie Menos. Bien, este problema es relevante y merece algún tipo de respuesta.

Debería ser claro que las mujeres no están reclamando por el fin de la violencia callejera o la inseguridad en general. No es que no lo deseen (¿quién no lo desearía?), pero esa no era la base del reclamo. Tampoco se trata de un reclamo por cierto método particular de resolución de un conflicto. Sí fue un reclamo por algunos conflictos específicos.

Hay al menos cuatro fenómenos que las mujeres sufren mucho más que los hombres: acoso sexual callejero, violencia doméstica, violaciones y asesinatos por parte de parejas o exparejas.

Violencia doméstica: En el primer trimestre de 2017, por ejemplo, hubo 3461 personas afectadas en denuncias de violencia doméstica. 60% de las víctimas fueron mujeres adultas, 9% hombres adultos (el resto por niños o niñas). Fuente: CSJN.

Violaciones: Sólo para dar un ejemplo, en la Ciudad de Córdoba (segunda ciudad del país) en 2011 las denuncias por violación hacia mujeres fueron 1400 (de las cuales más de 1000 eran niñas), mientras que fueron 154 hacia hombres (114 de los cuales eran niños). En resumen: las niñas son por lejos las principales víctimas de violaciones, seguido por mujeres adultas y niños. Fuente: Policía Judicial.

Asesinatos por parejas: Anualmente hay alrededor de 200 asesinatos de este tipo en Argentina hacia mujeres. No he podido encontrar cuántos hombres son asesinados por sus parejas mujeres, aunque podemos estimar (siguiendo los datos de violencia doméstica de la Corte Suprema) que los números son mucho menores. Sólo para comparar, podemos ver los datos del FBI : en Estados Unidos en 2010, murieron 603 mujeres asesinadas por sus maridos, y 110 maridos asesinados por sus mujeres. En 2013, el ratio fue 534:108. Podemos estimar que el ratio general es 5:1.

A diferencia de otros conflictos violentos (como las peleas, que son el principal motivo de homicidio en Argentina), tres de estos cuatro fenómenos son particularmente callados porque son culturalmente vistos como vergonzantes: si te gritan por la calle, quizás fuiste vestida provocativamente; si te pegan en tu casa, deberías haber elegido mejor pareja; si te viola un conocido (el tipo más común de violación), quizás fue consensuado y ahora te querés vengar. El caso de la violencia doméstica suma el hecho de que sucede “puertas adentro” y entre conocidos, por lo cual (según la mentalidad tradicional) pertenece a la esfera privada y no debería ser mencionado en público. El único caso que generalmente no se asume como vergonzante es un femicidio (si bien algunas minorías insisten en que las mujeres asesinadas se lo merecen por tal o cual razón, se trata de grupos marginales); esto permite que el femicidio se instale como el reclamo central.

II.

Como muestran los datos, las mujeres sufren más de esta clase de crímenes. Los grupos “masculinistas” suelen decir que los hombres también sufrimos cientos de violaciones, si contamos las ocurridas en la cárcel. Bien, sería tonto plantear el juego como una competencia de quién es más violado. Incluso si hubiese más violaciones en cárceles que violaciones de mujeres fuera de cárceles (hecho altisimamente improbable en Argentina), este dato es una mera curiosidad. Es claro, y está documentado, que (fuera de las cárceles, al menos) las mujeres sufren mucha más violencia sexual que los hombres. Y esto es suficientemente grave. Si hubiese alguna solución legal o cultural al problema de la violencia sexual hacia mujeres, no invalida a la solución al problema de los hombres en cárceles. Dicho sea de paso, ambos hechos de violencia son cometidos en su vasta mayoría por hombres.

Otro típico argumento del “masculinismo” es que las mujeres no son “oprimidas”, porque históricamente los hombres fueron a la guerra cuando las mujeres se quedaban tranquilas en la casa. Esta clase de argumentos sólo buscan minimizar los reclamos específicos (que responden, como vimos, a problemas específicos) de las mujeres. La discusión sobre si el soldado sufría más que la ama de casa con quince hijos en 1832 es totalmente irrelevante para el asunto de la violencia callejera o sexual de hoy en día. [Nota: A pesar de mi apatía por esta clase de discusiones, este tema fue muy discutido. Algunas personas sostienen que la ama de casa tenía más bienestar pero menos autonomía, y por ende una vida “peor” que el soldado. En cualquier caso, me parece un asunto filosófico muy complejo y abstracto comparado con los problemas más urgentes en torno al tema.]

Más allá de la insulsa guerra de los sexos, es cierto que el femicidio es una causa de muerte estadísticamente baja (tomando como muestra el total de muertes de seres humanos). Mueren muchas más personas por accidentes de tránsito todos los años (alrededor de 7500 muertes por año en Argentina). Pero esto no invalida el reclamo sobre femicidios. Un hecho fundamental de la sociedad civil, o del liberalismo en general, es que las demandas surgen desde abajo. Las personas no tienen el ojo del burócrata y no se supone que lo tengan. No miran los fenómenos desde arriba, se quejan de aquello que los afecta o de aquello por lo que sienten empatía. Sumado a esto, los femicidios suelen ser vistos como una última etapa particularmente violenta de los tipos de problemas antes mencionados, que casi todas las mujeres sufrieron en mayor o menor medida.

Por otro lado, incluso mirando con el ojo del burócrata, los problemas específicos se solucionan con medidas específicas. El fin de la violencia sexual involucra muchos cambios (culturales y legales), que tienen muy poco que ver con las medidas necesarias para terminar con (por ejemplo) los accidentes de tránsito.

III.

Entender la marcha como una adhesión generalizada a una ideología estricta u otra está bien para llenar el papel, pero es una lectura basada en la mala fe (agrego: esta falta de honestidad y construcción constante de “muñecos de paja” es la característica fundamental de los movimientos anti-feministas). Es claro que no fue así. Las personas que toman por suyo el reclamo de “Ni una menos” piensan cosas muy distintas entre sí. Por último, no pueden quedar dudas de que estas marchas sirven de algo.

En términos estrictamente procesales, ponen presión sobre los casos específicos, muchas veces enturbiados en un sistema legal extremadamente corrupto.

En términos políticos, pueden ayudar a la creación de instancias institucionales para proteger a las víctimas de violencia doméstica, abusos o violaciones, crímenes que muchas veces son ignorados por su naturaleza vergonzante.

Pero el significado fundamental de la marcha (o del movimiento en sí, que no se reduce a las marchas) es cultural. Se refuerza la difusión y la denuncia de casos de violencia doméstica, acoso y abuso sexual. Se cuestiona la naturaleza vergonzante de estos crímenes (no por otro motivo, las denuncias se multiplican los días posteriores). Esto es un mensaje para mujeres (no dejarse pisar) y para varones (no ser criminales con las mujeres que conocen). La cultura influye fuertemente en estos fenómenos: así es como, incluso teniendo leyes similares, un país donde el presidente se declara “feminista” como Canadá tiene una tasa de violación dieciséis veces menor a la de su vecino Estados Unidos.

El aspecto cultural también explica el odio que generan estas marchas. Muchas personas están dispuestas a apoyar legislaciones fuertes contra violadores (“gente mala” que debe ser castigada). Pero cuestionar las estructuras y discursos que generan que “gente normal” participe en hechos de abuso o violencia sexual (como agentes o encubridores) es un cambio de paradigma que pocas personas están dispuestas a hacer.

 

 

**El autor es Doctor en Filosofía y enseña Lógica en la Universidad de Buenos Aires

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