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Un presupuesto de ajuste que (además) amplía brechas de género

Por Mercedes D’Alessandro

 

La Argentina firmó un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que plantea un escenario recesivo para la economía.  Tal como el mismo organismo internacional advierte en sus primeras páginas, el estado actual de la economía argentina es peor que el “escenario adverso“ que habían delineado como peor pesadilla en la primera versión del acuerdo hace apenas 5 meses. Por aquel entonces, se pensaba que, en el peor de los casos, la Argentina cerraría el 2018 con una caída del 1,3% en 2018 y un crecimiento nulo en 2019.  Hoy se plantea una caída del 2,8% para este año y de 1,7% para el próximo. Es decir, en tan solo 5 meses, el equipo económico de Cambiemos logró triplicar la caída y se aseguró una larga y profunda recesión.

El acuerdo con el FMI se expresa en el Presupuesto 2019 que ya tiene media sanción en Diputados y que espera ser aprobado en el Senado. Este Presupuesto, a la medida de los acreedores externos, significa un ajuste que el propio dream team de Christine Lagarde cataloga de “ambicioso“ y que se ubica en el 5% de ajustes más estrictos que atravesó algún país de los que tomaron estos fondos Stand-by. Además, el plan puede fallar, las posibilidades son varias y se listan en el mismo documento: desde expectativas inflacionarias que dinamiten el nuevo esquema monetario a la sed de mal de los mercados internacionales, los altísimos niveles de endeudamiento, tormentas, huracanes, monstruos marinos y, agrego, la clásica inoperancia que viene demostrando el equipo económico en los asuntos productivos. El escenario más optimista que muestran las proyecciones económicas, en lo que a los y las trabajadores respecta, es tan solo crisis y desolación por varios años: aumento de los niveles de desempleo, precarización laboral, la pobreza que acompaña estas situaciones junto a una marcada redistribución de los ingresos (hacia los de arriba). También se observa un deterioro del poder adquisitivo de los ingresos como consecuencia de los altos niveles de inflación. Las promesas en este plano siguen, como desde el primer día de Sturzenneger: sin cumplirse. Ahora vaticinan llegar a UN dígito en 2021… ¿Qué más podemos decir?

Más allá del diagnóstico, el problema central en el que coinciden los y las economistas críticos, es en la falta de estrategias que apunten a que la economía vuelva a crecer, a un estímulo a la producción. En la actualidad, el Banco Central sostiene tasas de interés que dejan fuera de toda posibilidad de financiamiento a las microempresas, que son más del 80% de la estructura empresarial del país. La presión tributaria será récord en 2019. ¿De qué manera o quiénes podrían encabezar un desarrollo productivo?

Lo simpático de todo este esquema es que en la carta de intensiones de Dujovne se menciona que “aun en estas difíciles circunstancias, mantenemos nuestro compromiso de equilibrar las condiciones entre hombres y mujeres, de manera de asegurar que las mujeres y niñas accedan a las oportunidades económicas a las que tienen derecho.” En principio, en un contexto de desigualdad estructural, sin medidas específicas y profundas, es difícil revertir el conjunto de obstáculos de acceso y permanencia en el mercado trabajo que enfrentan las mujeres: ellas ganan en promedio un 28% menos que sus pares varones, 1 de cada 5 jóvenes menores de 29 años no consigue empleo, el 36% de las trabajadoras está precarizada y además realizan el 74% de las tareas domésticas y de cuidados no remunerados, que para muchas se convierten en una segunda jornada laboral. Además, 7 de cada 10 personas con menores ingresos en la Argentina son mujeres.

Ante esta situación, el Presupuesto de Dujovne y su amiga Lagarde solo prevé un aumento del 12% en guarderías y jardines de infantes públicos mientras recortan el financiamiento del Instituto Nacional de las Mujeres, que pierde 18% frente a la inflación. Plantean tratar la extensión de licencias de paternidad, que pasen de 2 a 15 días, como si esto fuera a transformar la distribución de los cuidados. Y hasta se animan a exigir un registro de “equidad de género“ en directorios y puestos gerenciales. Lo hacen sin tener ellos mismos ni de cerca una participación paritaria de mujeres en ministerios o grupos de trabajo. Incluso María Eugenia Vidal gobierna con un gabinete de todos varones.

Este presupuesto se viene tratando en medio de movilizaciones y represión. Tal como sucedió el año pasado con la reforma previsional, que también significó un retroceso para las mujeres en edad de jubilarse que amplía –otra vez- las brechas de género.

Está claro que el acuerdo con el FMI y su Presupuesto 2019 no traerán soluciones ni mejoras para los y las trabajadoras, pero vale insistir en que las consecuencias más demoledoras de las políticas de ajuste (o de austeridad, como le dicen en otros países) recaen asimétricamente sobre las mujeres por su condición económica estructural. Por eso también es que decimos que el feminismo tiene que plantarse frente a esta medida. Por eso es que el feminismo rechaza este plan de ajuste y miseria.

 

 

PD: No se puede conseguir igualdad en un mundo de opresión, porque no hay igualdad en un mundo de pobreza, porque no hay igualdad en un mundo de explotación.

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