Publicaciones

Libro Qué la ciencia te acompañe

Qué la ciencia te acompañe (a luchar por tus derechos)

de Agostina Mileo

Editorial Debate

Desde chiquitos nos enseñan que la ciencia es universal y objetiva, que se puede aplicar a cualquier cosa o persona en cualquier lugar del mundo, independientemente de sus circunstancias. Desde el siglo pasado, esta idea ha sido discutida con distintos enfoques y fines: una de las críticas a estos valores señala que, en la práctica, este sujeto universal, al que aplica todo lo que la ciencia conoce, es un verón blanco heterosexual que se toma como “modelo”. Uno de los objetivos de este libro es mostrar este sesgo en la discusión de algunos temas populares, que van desde orgasmos hasta dietas.

Libro Economía Feminista

Economía feminista. Las mujeres, el trabajo y el amor

de Mercedes D’Alessandro

Ediciones B (España)

Economía feminista propone, basándose en evidencias estadísticas, una mirada que cuestiona la economía como ciencia y plantea nuevas dimensiones a las viejas disputas sobre desigualdad y pobreza, al tiempo que aporta ideas para construir una sociedad más igualitaria y justa.

Lo conseguís en todas las librerías de España y en versión e-book aquí !!

Este libro es una adaptación de “Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour)”, publicado en diciembre de 2016 en la Argentina por Sudamericana. Después de 3 ediciones y de recorrer el país, cruza a Europa para sumarse a la discusión  y contribuir al debate de la economía feminista a través de las fronteras.

Podés ver notas y la cobertura de las presentaciones del libro en la Argentina en el LINK.

Reseñas edición de Argentina


Julia de Titto para Notas

Economía feminista: las raíces de un mundo desigual

Reseña de Julia de Titto para Notas 

Desde este 1 de diciembre estará en las librerías del país Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour), escrito por Mercedes D’Alessandro y editado por Sudamericana. Un material indispensable -y entretenido- para la comprensión de las desigualdades sociales desde una perspectiva de género.

Economía feminista… interpela. En primer lugar a la economía política, en la que escasea el estudio sobre las desigualdades de las mujeres. Y en segundo lugar a la sociedad de conjunto. El libro recorre y describe con datos, ejemplos y mucha pedagogía el rol que las mujeres ocupan en el sistema económico-político-social dominante: el capitalismo. Mercedes D’Alessandro logra sistematizar y sumar nuevos elementos para reflexionar sobre uno de los fenómenos más invisibilizados de la historia de la humanidad: sin mujeres, la economía del mundo es insostenible tal como está organizada.

Con precisión editorial, el libro sale a la luz al final de un año en el que centenares de miles de mujeres protagonizaron en distintas partes del mundo manifestaciones, movilizaciones y paros en reclamo por diversos derechos, pero también -como en el paro de mujeres argentino- poniendo de manifiesto las injusticias económicas: salarios más bajos, doble jornada laboral, techo de cristal, entre otras. En la introducción D’Alessandro acerca un primer dato central: en la Argentina, nueve de cada 10 mujeres hacen labores domésticas (trabajen fuera del hogar o no) mientras que cuatro de cada 10 varones no hace absolutamente nada en la casa (aunque estén desempleados).

Economía feminista… es, valga la redundancia, un libro feminista. Aunque discute con la idea de que “con el kit de ser mujer viene un chip feminista” y no sólo le habla al género femenino, sí busca interpelarlo especialmente.

D’Alessandro articula estadísticas con referencias culturales como libros y películas, pero también autores (principalmente autoras) de distintas disciplinas científicas y filosóficas para desmenuzar todas esas formas invisibles en las que opera la desigualdad de género. No hay teoría sin fundamentos. Para cada hipótesis hay un dato, dos, tres. Estadísticas de Argentina, de Estados Unidos, de América Latina y globales.

¿Qué es el techo de cristal? ¿Existen paredes del mismo material que siguen limitando el acceso de mujeres a determinados trabajos? ¿Cómo fue la mejoría a lo largo de la historia? ¿Por qué importa tener mujeres en el poder? ¿Eso garantiza políticas con perspectiva de género? De South Park a Virginie Despentes, de Silvia Federici a ZoolanderEconomía feminista… acerca respuestas y nuevas preguntas, que incomodan e incitan a pensar.

La imagen, los estereotipos, la participación política y el mundo científico son otras de las esferas que incorpora al complejísimo mundo de la desigualdad social. Pero no sólo analiza “problemas clásicos”, sino que suma la actualidad de un mercado laboral cambiante. “Los programadores son los más demandados del mercado, en la actualidad solo uno de cada 10 de ellos es una mujer”, comenta. Y agrega que en Silicon Valley, la capital mundial de las compañías informáticas, solo el 9% de los CEO son mujeres.

Para D’Alessandro es clave incluir a toda posición teórica sobre la economía la perspectiva de género: “No habrá ni políticas económicas, ni estrategias de acción o participación política para las mujeres si la dimensión de su aporte al desarrollo social no es debidamente reconocida en el campo conceptual. No se trata simplemente de hacer encajar un concepto en el andamiaje teórico, sino de transformar la teoría para que sea capaz de comprender su objeto de estudio”.

¿Cómo se incorpora el trabajo no asalariado -la economía doméstica- de las mujeres a las cuentas nacionales? ¿Es posible medir el impacto real de las políticas públicas sin esta variable?  “Los recortes presupuestarios en salud o educación, por ejemplo, son absorbidos por las mujeres en sus casas: ellas son las enfermeras de sus hijos o padres mayores, son quienes tendrán que dejar sus propias ocupaciones para atenderlos porque no hay disponibles jardines maternales o geriátricos”, aporta la autora.

La economista, docente de la Universidad de Buenos Aires por 15 años y editora del portal Economía Femini(s)ta que nació al calor de la convocatoria por Ni Una Menos, suma también preguntas y algunos elementos para pensar cómo se incluye a personas LGBT en las teorías.

Y siguen las referencias culturales: Mad Men, Virginia Woolf, Los Simpson, todo para hacer de temas complejos un recorrido amigable y entretenido. Al final del libro llegamos a las publicidades y los estereotipos: solo el 3% de las mujeres que aparecen en un comercial lo hace en algún trabajo que no sea el doméstico, apunta D’Alessandro. “Entre los mejores creativos publicitarios del mundo, las Peggy Olson son el 3%”, agrega y pasa a hacer pedazos al pink tax (“impuesto rosa”) que hace que productos idénticos salgan más caros para las mujeres por puro marketing.

Economía feminista… sintetiza lo estructural del capitalismo patriarcal con el rol de los Estados modernos con problemas contemporáneos que tienen muy pocos años de visibilización y que sólo se manejan en un mundillo reducido. Es el caso del Test de Bechdel para analizar el machismo en las películas, o la primera persona que aparece para decir que “a veces cuando creemos combatir estereotipos es cuando más los afianzamos”, para referirse a la vestimenta, los colores y la imagen. ¿Qué es ser mujer? “¿Cómo hacemos para librarnos de mandatos y exigencias?”, se pregunta D’Alessandro.

“La economía feminista es revolucionaria o no es, porque no se puede conseguir igualdad en un mundo de opresión, porque no hay igualdad en un mundo de pobreza, porque no hay igualdad en un mundo de explotación”, concluye el libro, invitando a masticar las reflexiones y salir a cambiar el mundo.

¿Cómo lograr que un libro sobre economía y feminismo sea entretenido y leído por no-economistas y no-feministas? Mercedes D’Alessandro tiene bastante para decir al respecto.

María Florencia Alcaraz para Nuestras Voces.

Economía en bombacha

Reseña de María Florencia Alcaraz para Nuestras Voces

En Argentina 9 de cada 10 mujeres hacen labores domésticas, mientras que 4 de cada 10 hombres no hacen nada en la casa. El cuidado de chicos, ancianos y mascotas recae casi siempre sobre las mujeres, aunque ahora trabajen. Adelanto del libro “Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour)”.

¿Cuánto nos deberían pagar por dejar la comida preparada? ¿Cuánto vale la lista con instrucciones para cuidar el gato? ¿Y acompañar a la suegra al médico tiene precio? ¿U ocuparse de los deberes del nene? ¿Cuánto deberíamos cobrar por cuidar a nuestra madre enferma? Aún cuando las mujeres trabajamos fuera de nuestras casas, volver al hogar significa seguir trabajando. Las tareas de cuidado recaen, la mayoría de las veces, en nosotras. Una actividad que tiene un valor invisible: requiere tiempo y esfuerzo, pero no se ve ni se habla. “Eso que llaman amor es trabajo no pago”, dice la italiana Silvia Federici, autora del ya clásico ¨Caliban y la bruja¨. En un tono pop y académico al mismo tiempo, la economista argentina Mercedes D’Alessandro despliega este concepto, entre otros, en “Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour)”. El libro estará en todas las librerías a partir de diciembre. En esta nota, adelantamos algunos de los temas clave que desarrolla.

Igualdad, ¿cuál igualdad?

“¿Podemos aspirar a un mundo igualitario cuando ni siquiera reconocemos el trabajo cotidiano de millones de mujeres?”, dispara D’Alessandro para abrir el debate. En Argentina, 9 de cada 10 mujeres hacen labores domésticas, trabajen fuera del hogar o no. Mientras que 4 de cada 10 varones no hace nada en la casa, aunque estén desempleados. “Esto es algo que se reproduce en todo el mundo. Las mujeres, para dar su salto hacia la ‘independencia’, se cargaron dos trabajos encima”, explica. Y describe a las mujeres con “superpoderes del multitasking”: hacen todo y lo hacen a costa de su propia sobreexplotación o de distintas formas de empobrecimiento de su vida cotidiana. Es decir, la división sexual del trabajo y las tareas no remuneradas le significan menos tiempo para ocio, pero también peor calidad del cuidado familiar y una salud más precaria.

Lavar la ropa, planchar, cocinar, limpiar los muebles, hacer las compras: las mujeres argentinas que trabajan full time fuera de sus casas dedican 5,5 horas más al trabajo doméstico. Un hombre desempleado le dedica 4,1 horas a estas tareas.

Lavar la ropa, planchar, cocinar, limpiar los muebles, hacer las compras: las mujeres argentinas que trabajan full time fuera de sus casas dedican 5,5 horas más al trabajo doméstico. Un hombre desempleado le dedica 4,1 horas a estas tareas. Los datos, que aparecen en el libro, se desprenden de la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo, del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) realizada en 2013.

La brecha salarial

La brecha salarial es otro de los pilares centrales de la publicación de Editorial Sudamericana. Si en los `80 Cyndi Lauper cantaba “las chicas solo quieren divertirse”, ahora corea “las chicas solo quieren ganar igual”. Y no es metáfora. D’Alessandro cuenta que la cantante visitó un programa televisivo estadounidense y reversionó el hit para hablar de una de las tantas demandas actuales del movimiento de mujeres. Se trata de un tema universal: a nivel mundial las mujeres ganan en promedio 25 por ciento menos que los varones, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

“¿Por qué hay tan pocas mujeres en puestos altos en las empresas”, se pregunta la economista en uno de los capítulos en los que habla del techo de cristal. Y cuenta que en Silicon Valley, la capital mundial de las compañías informáticas, solo el 9 por ciento de lxs CEO son mujeres. Si se consideran las principales empresas tecnológicas (Google, Facebook, Twitter, Yahoo, Amazon, Apple, Microsoft, Intel), solo el 30 por ciento de sus trabajadores son mujeres y en las áreas técnicas (programación, diseño, desarrollo) apenas llegan al 15 por ciento.

A lo largo de once capítulos D’Alessandro profundiza sobre la brecha salarial, el trabajo no remunerado, el rol de la maternidad en las posibilidades laborales de las mujeres, la feminización de la pobreza y el techo de cristal al que nos enfrentamos las mujeres en la política y el mundo laboral. Los temas son brotes que hacen emerger otros como el acceso al aborto legal, seguro y gratuito y la importancia de una educación sexual integral en las escuelas. La mirada es amplia porque está puesta en las formas de construcción de una sociedad más igualitaria.

Hacia el final, D’Alessandro aporta una mirada novedosa sobre la invisibilización de los colectivos de lesbianas, gays, travestis, transexuales, queer e intersex en las estadísticas estatales. Y así propone la inclusión de las variables LGBTIQ en los modelos económicos. Este es uno de los temas que queda presentado pero, desde la lectura, dan ganas de más.

De Virginia Woolf a Lisa Simpson

Estará disponible en todas las librerías del país a partir de diciembre. Y será en este último mes del año en el que la autora estará presentando el libro en Argentina. La primera presentación será en la Universidad Nacional de General Sarmiento el 5 de diciembre, donde la escritora fue titular de la carrera de la Licenciatura de Economía Política. En la Legislatura porteña la presentación será el 6 de diciembre, luego continuará en el Congreso de la Nación, el 12; en la Facultad de Ciencias Económicas-UBA el 14 del mismo mes y, por último, en su ciudad natal lo presentará en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Posadas Misiones el 21.

Con un hilo común que une demandas históricas del movimiento de mujeres con evidencia científica y teoría feminista con hipervínculos pop, D’Alessandro recorre las distintas aristas de las desigualdades de género. Con citas a Virginia Woolf, Betty Friedan, Silvia Federici, Thomas Piketty pero también a South Park, la pequeña feminista amarilla Lisa Simpson y Mad Men, la economista logra una lectura entretenida y fluida del universo económico. A puro dato, dato y más dato, el libro aborda distintas temáticas y cruza información y cifras de Estados Unidos -donde reside la autora- Argentina, Latinoamérica y el mundo. Evidencia la importancia de una economía en bombacha, una economía feminista.

Manu Martínez para Revista Palta

Cómo pedir igualdad en el capitalismo

Por Manu Martínez para Revista Palta

No tuvo que ver con dejarme crecer pelos en las axilas, convertirme en una persona malhumorada y empezar a odiar a los hombres. Nada de eso pasó. Fue más bien empezar a cuestionarme un rol que me había sido impuesto, y al que -durante muchos años- obedecí sin preguntar.

Nací machista. Fue lo que me enseñaron. Y si bien jamás dije, o me dijeron, -explícitamente- que los hombres eran “superiores” a nosotras, me llené de mandatos y de exigencias inconscientes sobre lo que significaba ser mujer, que tuve que aprender a desprogramar cuando decidí volverme feminista. Fue un acto consciente.

Creo que siempre lo es; y que cuesta. Tiene que ver con desprogramar una mentalidad y una cultura que están arraigadas en la formación que recibimos: tenemos una educación machista, una economía machista, una política machista. Y tenemos, a la vez, un movimiento cada vez más arrollador de mujeres que viene pidiendo derechos con una potencia infernal, invadiendo las plazas, recuperando las calles. Mujeres que le pedimos a un Estado que no otorga, que nos sentimos abrumadas por una sensación de impotencia. Llenas de consignas feministas a las que les falta -o les faltaba- una perspectiva, un qué, un cómo.

De eso se trata Economía Feminista, de darnos una base sobre la que construir el camino para marchar. De desmenuzar criterios, conductas, estereotipos y enfoques de la economía mundial con un filtro feminista. De poner en datos empíricos ejemplos de desigualdad, mostrar la ausencia, hacerla visible. Cuestionando prejuicios que van desde temas más urgentes como la violencia machista o el derecho al aborto legal; hasta la pobreza sexista, la publicidad, la educación sexual, la falta de tiempo, la maternidad, el ejercicio del amor propio, la inclusión de variables LGTB en los modelos económicos. Se trata de, pedagógicamente, recorrer e interpelar el rol que las mujeres ocupamos en el sistema económico-político-social dominante: el capitalismo.

La autora argumenta que si la desigualdad es una cuestión económica, entonces el principal problema económico es el género: las mujeres, mitad de la población mundial, hoy son minoría en todos los ámbitos en los que se toman decisiones de peso y donde se piensa nuestra época. Parlamentos, gobiernos, ciencia, medios de comunicación, empresas multinacionales, tecnología, arte, filosofía, literatura. Y disputar estos lugares tiene que ver con transformar la manera en la que pensamos el rol de la mujer en toda la historia pasada.

¿Podemos aspirar a un mundo igualitario cuando ni siquiera reconocemos el trabajo cotidiano de millones de mujeres? ¿por qué nunca está en juego que quien se quede en la casa sea el padre?

A pesar de que ya no vivimos como en los años 60 -en la fantasía de la mujer ama de casa y el hombre proveedor-, algo de esa distribución se mantiene: “En la Argentina, nueve de cada diez mujeres hacen labores domésticas (trabajen fuera del hogar o no), mientras que cuatro de cada diez varones no hace absolutamente nada en la casa (aunque estén desempleados)”.

Mercedes hace visible la actividad -indispensable en el funcionamiento de toda la sociedad- que realizamos las mujeres de manera gratuita. Y explica que, si bien está muy naturalizado, esa es la razón por la cual trabajamos menos por fuera del hogar, con empleos más precarios, salarios más bajos, y que también seamos las más afectadas en situaciones de crisis: con los recortes presupuestarios lo primero que se recorta son servicios sociales, educación, salarios docentes; todos campos en los que hay más mujeres. Somos nosotras incluso las que, en momentos de recesión, dejamos nuestras propias ocupaciones para convertirnos en enfermeras de nuestros hijos o padres mayores al no haber jardines maternales o geriátricos disponibles.

Reorganizar esta estructura es fundamental. No es sólo una cuestión de hombres o mujeres, tiene que ver con pensar en quién se ocupa de tales tareas, si los servicios tienen que estar profesionalizados, quién los paga, qué les corresponde a las empresas, cuáles son las necesidades que el Estado tiene que cubrir, quién cuida y cría a los niñxs, qué lugar se le da a la familia y, también, qué es una familia.

Pasando por referencias culturales tan variadas como South Park, Virginie Despentes, Silvia Federici, Zoolander, Mafalda, Alfonsina Storni, Los Simpsons, Virginia Woolf, El diablo viste a la moda y más, que sirven para acercar y para hacer más amigable el camino; Mercedes D’Alessandro cuestiona al sistema entero, lo incomoda. Lejos de los textos académicos, nos invita lxs que la leemos a entender la relación funcional que se da entre patriarcado y capitalismo, a aprender a pensar lo personal como político, lo cotidiano como económico.

A entender la necesidad que tenemos de que más mujeres ocupen puestos de poder. Más creativas publicitarias como Peggy Olson, más periodistas como Ellen DeGeneres, más CEOs como Barbie (que es la única de nosotras que logra aparecer en el buscador de imágenes de Google) y, claro, más economistas como Mercedes.

Con su libro, me ayudó a reafirmarme como feminista y me dio herramientas para hacerlo. Material teórico que sirvió tanto para sustentar mi ideología y apoyarme en argumentos más firmes, como para hacerme reflexionar sobre otras cuestiones que me inquietaban, que me tenían dudosa, indecisa. La base que me faltaba para opinar con seguridad y cuestionar lo que es obvio y lo que no lo es tanto.

Entendí que está a mi alcance la tarea de transformar el mundo que me tocó en el mundo en el que quiero vivir. Y que puedo hacerlo con o sin maquillaje, con o sin pelos en las piernas, con tacos o en zapatillas.

Mercedes me inspira. Hablo en presente porque su libro se transformó en una suerte de Biblia a la que vuelvo cada tanto. Que me sirve para entrenar una mirada crítica en todo momento, incluso a la hora de ir a un restaurant, hacer las compras o mirar la tele.

Economía feminista funciona así, como un manual para entender al movimiento como un llamado político a la igualdad y a la diversidad. Para que lo lean mujeres y varones, lxs feministas y lxs que dudan de nuestra lucha.

No es un anexo, un capítulo aparte dedicado a las mujeres; sino una construcción teórica nueva. La revolución conceptual que tenemos que abrazar si no queremos seguir encaminándonos a un futuro como el de los Supersónicos, con una reestructuración espléndida a nivel de diseño urbano, pero donde los roles de género siguen intactos:“La economía feminista es revolucionaria o no es, porque no se puede conseguir igualdad en un mundo de opresión, porque no hay igualdad en un mundo de pobreza, porque no hay igualdad en un mundo de explotación”.

Celeste Murillo para La Izquierda Diario

Economía feminista, radiografía de la desigualdad

Por Celeste Murillo para La Izquierda Diario

Publicado por Sudamericana, Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour), llegó a las librerías el 1 de diciembre. Como parte del trabajo del blog Economía Femini(s)ta, Mercedes D’Alessandro recorre en sus páginas los recovecos de la desigualdad de género, que afecta nada menos que a la mitad del mundo.

Ya desde sus primeras líneas choca con el sentido común de que como “las mujeres avanzaron mucho” no habría de qué quejarse, algo que se desliza cada vez que se dice en voz alta que hay desigualdad, que hay discriminación y que la mayoría de las mujeres todavía somos ciudadanas de segunda. Es cierto, la vida de las mujeres cambió enormemente, gracias a la movilización de las mujeres (aunque suene redundante), pero nunca está de más recordar que recién se cumplirá un siglo desde que las primeras mujeres votaron (en nuestro país todavía faltan 20 años para ese aniversario), y la discriminación económica, laboral y profesional está vigente. Aunque no hay leyes que “permitan” discriminar por género, las mujeres cobran salarios menores, acceden a peores puestos de trabajo y están sobrerrepresentadas entre los precarios y los pobres.

De eso se trata Economía feminista, de poner en datos ejemplos esa desigualdad, debatir estereotipos y prejuicios que acompañan la brecha salarial o la presencia todavía minoritaria de las mujeres en muchos ámbitos, que todavía parecen reservados a los varones. Lejos de los textos académicos, Economía feminista invita al público no economista a la fiesta en un momento en el que las mujeres recuperan las calles.

La periodista del suplemento Las 12 del diario Página/12 Luciana Peker decía en la presentación en la Legislatura de Buenos Aires que el libro y su autora eran producto del movimiento de mujeres, indiscutiblemente protagonista en Argentina, sus debates y sus demandas. Y, con razón, agregaba que la urgencia de la lucha contra la violencia machista y la necesidad de vida o muerte del derecho al aborto legal, a veces no deja tiempo para discutir otros problemas que afectan a las mujeres, como la sobrerrepresentación femenina en el desempleo que golpea con más dureza a las jóvenes.

Desde la brecha salarial hasta el “techo de cristal” (con paredes incluidas), pasando por el trabajo no remunerado, el libro ofrece no solo cifras (que muchas veces son cuidadosamente olvidadas) sino que se mete en el debate sobre los motivos de esa desigualdad. Desde lo (literalmente) inexplicable de la brecha hasta los estereotipos que le otorgan el resplandor del amor al trabajo doméstico, a medida que pasan las páginas, lectoras y lectores atentos descubrirán algo de esa relación tan funcional, y por eso tan duradera, entre patriarcado y capitalismo.

En una disciplina como la economía, que suele estar en el centro del debate sobre la desigualdad en el capitalismo, es notoria la poca (aunque creciente) atención que merecen los problemas de la mitad de la población del mundo, más en un sistema social que se beneficia del sometimiento de esa porción de la población. Una “desatención” que señala la propia autora especialmente con respecto a las corrientes críticas (aunque, si Federico Engels tuviera Twitter ya estaría arrobándola pidiendo derecho a réplica y seguramente se ganaría más de un retweet).

El poder no derrama igualdad

Así lo señala, correctamente, una de las páginas de Economía feminista. “El poder no derrama y la políticas que apuntan a la igualdad de género o el acceso de las mujeres a los distintos espacios políticos tampoco aparecen mágicamente”. A esta afirmación, que compartimos, le agregamos que no solo no derrama sino que las instituciones, los parlamentos, organismos internacionales, e incluso las cúpulas de la burocracia sindical, han sido terreno estéril para la igualdad que desean las mujeres.

Las políticas que responden, de forma lenta, tardía e insuficiente, a la desigualdad y la discriminación hablan más de la potencia de movilización de las mujeres que de la buena voluntad o las intenciones de mujeres poderosas o “feministros”, en palabras de D’Alessandro. El género no es garantía de políticas progresivas (lo sabemos las argentinas), ni de que las mujeres apoyen tu plataforma (pregúntenle a Hillary Clinton), pero tampoco la presencia de las mujeres en los parlamentos y los ministerios ha garantizado la implementación de políticas que resuelvan, aunque más no sea parcialmente, sus problemas o demandas.

Todas las leyes, medidas y conquistas se han conseguido siempre fuera de las instituciones, aunque sus resultados parezcan surgir dentro de sus paredes. Fue el caso de las islandesas y su “viernes largo”, que puso sobre la mesa la participación de las mujeres en la vida económica, el de las estadounidenses que conquistaron el derecho al aborto y decidir cuándo ser madres (aunque cargan hasta hoy con el peso de afrontar la maternidad en medio del trabajo sin licencia paga ni derechos) o el de las polacas para frenar la prohibición reaccionaria del derecho al aborto. Es el caso también de la enorme visibilización que ha logrado el movimiento de mujeres en Argentina con la consigna #NiUnaMenos, más allá de la respuesta insuficiente o casi nula del gobierno de Mauricio Macri.

Cuando la mala salud de la economía capitalista empuja a las mujeres a recibir el impacto de los recortes en salud, educación y cuidados, en sus hogares, al regreso de empleos precarios y mal pagos, los debates que recorre Economía feminista son los necesarios para un movimiento de mujeres que ha demostrado una potencia de movilización arrolladora pero, a la vez, se enfrenta a la necesidad cada vez más urgente de una estrategia política.

La agitación callejera de las mujeres (¿como respuesta en continuado a las consecuencias sociales de la crisis económica o anticipo de aires nuevos?) que sobrevuela varios países vuelve a abrir viejos debates en el feminismo y mide las estrategias para terminar con la opresión. Con gran parte del feminismo recluido en las agendas oficiales, y reducido a la “libre elección” de cómo vivir la vida, lejos de la transformación social, vuelven las ideas de las huelgas, los paros y las movilizaciones como la vía para transformar nuestras realidades.

Economía feminista anuncia en su portada que la pelea por una sociedad igualitaria puede librarse “sin perder el glamour”. Creemos que la belleza está en la calle, como anunciaba el famoso grafiti del Mayo Francés y estamos convencidas de que este es el terreno donde se defiende lo conquistado y se conquista lo que falta, pero el movimiento necesita ideas, reflexiones y debates como los que se leen en sus páginas, y eso es motivo de sobra para darle la bienvenida.

Libro ¿El futuro es feminista? 

Por Florencia Angilletta, Mercedes D´Alessandro, Marina Mariasch

Editado por Le Monde diplomatique, edición Cono Sur/Capital Intelectual

Entre los diversos movimientos y movilizaciones de este tiempo ninguno como el “Ni una menos” conmovió tanto la agenda política del país. De repente, la clase política, la militancia y los medios de comunicación reformularon o pusieron en crisis sus usos del lenguaje, aceitaron reflejos y salieron rápido a hablar de cupos, todos corriendo detrás de un “nuevo tema”: un feminismo de la cuarta ola que en realidad ya no pide cupo sino paridad. Pero, ¿se trata verdaderamente de algo nuevo?

Nadie quiere ser “incorrecto” en la Argentina de la grieta. Y sin embargo, ¿sabemos de qué estamos hablando? La pregunta por el futuro feminista proyecta una nueva luz sobre las discusiones abiertas en torno al género, las desigualdades, la revolución y el llamado “fin del patriarcado”. En la tolerancia extrema de un presente global donde es más fácil pensar el fin del mundo que el fin del capitalismo, el feminismo –o, dicho más adecuadamente, los feminismos- reabren un horizonte utópico en torno a una pregunta sobre nuestras vidas, las de todos: ¿qué mundo deseamos?

Reseñas


Celeste Murillo para La Izquierda Diario

Economía feminista: las raíces de un mundo desigual

Publicado en la Izquierda Diario

El libro publicado en diciembre 2017 por Le Monde diplomatique, edición Cono Sur/Capital Intelectual reúne tres ensayos acerca de los debates (nuevos y viejos) del feminismo a la luz de la revitalización del movimiento de mujeres en gran parte del mundo, cuando parece que casi todo se ha vuelto “feminista”, incluido el establishment que ahora reza a los cupos y los medios de comunicación que exorcizan su misoginia con la autocrítica del lenguaje.

Atravesadas por el terremoto Ni Una Menos de 2015 en Argentina, con réplicas variadas en otros países, las lecturas de las autoras aportan reflexiones, hipótesis y preguntas sobre la vigencia de un movimiento con un sinfín de matices. Florencia Angilletta, Mercedes D’Alessandro y Marina Mariasch brindan tres enfoques diferentes, cruzados por un diálogo constante que emula la dinámica del propio feminismo y el movimiento de mujeres.

El feminismo no existe

“El feminismo no existe”, dispara Florencia Angiletta para iniciar un recorrido posible sobre el feminismo, tensado en “la grieta” que podría definirse entre la idea de que habría que destruir la palabra porque ya no representa nada y las posiciones que intentan sacralizarlo como horizonte único de las luchas de las mujeres.

Desde textos fundacionales como la “Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana” de Olimpia de Gouges en la Revolución francesa, pasando por El segundo sexo de Simone de Beauvoir, una de las “biblias” de la segunda ola como Política Sexual de la recientemente fallecida Kate Millet, para llegar al momento donde resuena la pregunta sobre si existe un posfeminismo.

Angiletta ensaya un apretado pasaje del feminismo reivindicativo que reclamaba al Estado al de la crítica a la sociedad patriarcal y a los varones. “Sistema sexo-género, patriarcado y falogocentrismo son tres maneras de nombrar y pensar el dispositivo de gestión social centrado histórica y conceptualmente en los varones”, nos dice Angiletta antes de presentar a las corrientes que cuestionan incluso los sentidos comunes del feminismo (liberal o neoliberal, podríamos agregar) como la heteronormatividad o el debate sobre el destino biológico.

A la luz de esas “grietas”, se despliegan los ejes problemáticos y debates del siglo XXI, desde el lugar de las mujeres en la esfera pública, la educación y discusiones de gran actualidad y alto voltaje sobre la prostitución

Si hay futuro

Mercedes D’Alessandro aborda uno de los debates que marcó los últimos años, cómo articular un punto de vista crítico en el feminismo, tomando la “agenda” del 99 % de las mujeres. A tono con la crítica que surgió en la crisis económica de 2008, que denuncia la desigualdad creciente que atraviesan las sociedades capitalistas actuales, dentro del feminismo también aparecen voces críticas con la perspectiva que parecía hablar en nombre de un supuesto “universal” femenino (blanco, de clase media, heterosexual y occidental).

Junto con la discusión acerca de cómo enfrentar la violencia contra las mujeres, aparecieron en movilizaciones y debates problemas como la desigualdad y los cruces que afectan las condiciones de la opresión de las mujeres. Como parte de esos debates, señala: “…es necesario entender que hay una cuestión de clase difícil de soslayar y que, tarde o temprano, pone límites muy claros a los intentos de hacer del feminismo un movimiento único y homogéneo”.

D’Alessandro destaca uno de los elementos clave de la brecha de género: el trabajo reproductivo, no remunerado y realizado mayoritariamente por mujeres. En su recorrido sobre este problema en el capitalismo, la autora toma varios de los planteos de Silvia Federici, una de las teóricas que ha analizado este tema. La incorporación de las mujeres al mercado de trabajo productivo, en condiciones de desigualdad, no supuso un reparto igualitario del trabajo reproductivo que representa, para Federici el “campo de batalla” de las mujeres. Un debate, demasiado extenso para abordar en esta reseña, que marca mucho más de lo que se discute las estrategias que hoy están en juego en el movimiento de mujeres.

Alrededor de este debate, la posibilidad de una sociedad del postrabajo o el impacto de la robotización, resuenan preguntas que bien podrían ser parte de una agenda mucho más amplia de un feminismo, que a menudo, parece más tentado a reformar esta sociedad que a transformarla.

¿Queremos estar acá?

El ensayo de Marina Mariasch elige la incomodidad desde el comienzo y se pregunta para empezar si este libro debería existir. En un mundo que ha aceptado la “igualdad de género” (a secas y bien delimitada) como sentido común tolerado por el establishment político, los medios de comunicación y las clases dominantes, no está de más preguntarnos si queremos estar en los “espacios que nos otorgan” o ir más allá.

A través de su mirada sobre la presencia de las mujeres en los medios (ausentes o “papisas indiscutibles”), Mariasch introduce una reflexión necesaria cuando la integración de sectores de elite de los sectores oprimidos es una marca registrada de las democracias capitalistas. La ecuación se repite con otros colectivos oprimidos: una minoría de quienes eran discriminados y estaban excluidos del poder, de la “palabra pública” son integrados a condición de que no se cuestione ni se haga temblar la estructura.

“Las mujeres llegamos a tapa de los medios exhibiendo atributos físicos, por peleas de histéricas, de peluquería, cuando se trata de debates políticos como víctimas de femicidios”, apunta Mariasch y agrega “En el caso de las escritoras, muchas veces de la mano de otras: ‘Mujeres que escriben’, titula la nota como si alguien hubiera levantado aquella piedra y hubiera encontrado bichos raros”.

Ausentes en los “grandes problemas de la política”, cosificadas o victimizadas en los medios; presentadas como “bichos raros” o “lo otro” en la literatura, todos signos de una sociedad donde la mitad de sus miembros sigue siendo oprimida por su género. La sofisticación de las formas hablan de la necesidad de preservar esa opresión que es funcional para el sostenimiento de esta sociedad y los espacios conquistados, de las luchas que dieron dan las mujeres, aunque los resultados deban seguir siendo criticados.

En el terreno de la literatura, Mariasch vuelve sobre preguntas que han tenido algunas respuestas pero sobre las que se sigue preguntando: ¿hay literatura o escritura femenina? ¿Sigue teniendo vigencia la idea de la “hermana tapada” de Virginia Woolf para explicar los obstáculos que enfrentan las mujeres que escriben? Aun cuando nos hagamos la pregunta en 2018, todo indica que sí porque el acceso a la educación sigue siendo desigual para la mayoría de las mujeres y esa mayoría todavía sigue dedicando demasiado tiempo al trabajo doméstico (sin mencionar los prejuicios culturales que intentan delimitar de qué hablan, qué escriben y sobre qué pensamos las mujeres).

Con tres enfoques y lecturas diferentes, ¿El futuro es feminista? invita a una reflexión que puede ser pensada desde múltiples puntos de vista, abarcar un universo heterogéneo de ideas, tan disímil y diverso como es el feminismo atravesado por las clases, las etnias, las culturas y las subjetividades. Hoy, cuando el principal desafío del movimiento de mujeres es tener una agenda para convencer a la mayoría de quienes luchan por transformar la sociedad de que su “agenda” es inevitable, lo único que no puede ser esa reflexión es indiscutible o sagrada. El día que el movimiento deje de hacerse preguntas, entonces, sí, ya no será solo una afirmación provocadora decir “el feminismo no existe”.

María Florencia Alcaraz para LatFem

¿El futuro es feminista? Un libro para la cartera o la mochila de las pibas

Reseña de María Florencia Alcaraz para Latfem

En la marea virtual diaria donde la definición “feminista” aparece como una especie de confesión en biografías de Twitter, Facebook e Instagram, condensada en carteras de locales de accesorios estandarizados, en pines, sintetizada en parches en mochilas y estampada en remeras bien cancheras, siempre es pertinente y necesario tomarse de una tabla segura para no naufragar en sobreentendidos, mandatos y femvertising. ¿El futuro es feminista? es una de esas tablas. El libro publicado por Le Monde diplomatique reúne tres textos de la licenciada y profesora en Letras Florencia Angilletta, la doctora en Economía Mercedes D´Alessandro y la escritora e integrante del colectivo Ni Una Menos, Marina Mariasch.

Las autoras ensayan diversas respuestas y reflexiones a la pregunta del título y abren el debate a más interrogantes desde distintos frentes. El prólogo está a cargo de la escritora Mariana Enríquez. Además el libro incluye un potente poema de Silvina Giaganti y otro de Mariela Gouiric. Se consigue en los kioscos de diarios y revistas de toda la Argentina.

La irrupción de Ni Una Menos en tanto colectivo, lema y, a la vez, movimiento social masificó un mensaje, una agenda temática y una forma de pararse frente al mundo, que antes circulaba de manera subterfugia o directamente era invisibilizada por los medios de comunicación tradicionales, como la peregrinación de feminidades a los Encuentros Nacionales de Mujeres. Después de 2015 y tras el primer paro de mujeres a fines de 2016, nadie puede omitir a las feministas en tanto sujetxs políticxs en Argentina: en la prensa, en las universidades, en los sindicatos, en los espacios de trabajo, en los centros de estudiantes. El desborde feminista se dio en todos los ámbitos.

El problema, muchas veces, aparece cuando se trata de profundizar aquellas demandas, consignas épicas y planteos que aparecen estampados en remeras, pintados en las paredes como si fueran dogmas o certezas sin fisuras. La primera, segunda, tercera ola; “lo personal es político”, la sororidad: hay una vorágine que hace pasar por entendidos una serie de acuerdos básicos, definiciones y genealogías que muchas veces no son tales. ¿Para ser feminista basta con decirse feminista? ¿Todas las personas que van a las marchas contra los femicidios son feministas? ¿Qué es para vos el patriarcado? ¿Qué diferencias hay entre decir “género” y decir “feminismo”? ¿Qué es “falogocentrismo? ¿De dónde sale la frase “Lo personal es político”?

¿El futuro es feminista? no da nada, absolutamente nada, por entendido de antemano. Tampoco plantea certezas absolutas sino más bien abre a preguntas y desafíos. La lectura es fluida, entretenida, aporta datos, argumentos y traza hipervínculos a otras lecturas, otros libros, otros textos como una pequeña caja de herramientas para principiantes y no tanto. Sin romantizar el movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans, ni tampoco demonizarlo: lo vuelve complejo.

“El feminismo no existe”, dispara irreverente Angilletta para empezar y desarmar así el singular que aplana y simplifica. El libro habla de feminismos y ese planteo atraviesa todas las páginas. La diversidad de estilos al momento de escribir, los distintos focos y las reflexiones de las autoras es el “mosaico de múltiples consensos pero también de tensiones, ambigüedades, o deseos a veces contradictorios y luchas por el poder” como describe Angilletta a los feminismos en su texto donde traza un mapeo posible para pensar la historia política del movimiento y los debates más interesantes.

“Si hay futuro, es feminista”, asegura la fundadora de Ecofeminita en su artículo y pone la linterna sobre el mundo del trabajo con estadísticas, números, reflexiones y un debate abierto sobre el programa que se plantea el feminismo como alternativa al capitalismo.

Marina Mariasch pone en palabras las dificultades para poder intervenir más allá del activismo o las limitaciones con las que se encuentran cuando las identidades femeninas van al frente: un embudo en los medios, la política, la ciencia, la tecnología, el pensamiento. La autora apela a “una perspectiva de género transversal a todas las esferas vitales, que salte por encima de los límites del corral”.

No se nace feminista. Y el libro editado por Le Monde diplomatique es una de las formas de acercarse a los debates actuales y fortalecer desde las charlas en la mesa familiar del fin de semana, en el ámbito del trabajo o hasta la asamblea feminista en la que estás por participar.

Libro Economía Feminista

Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour)

de Mercedes D’Alessandro

Editorial Sudamericana  

¿Hay una inclinación natural en las mujeres por enseñar y en los varones por construir? ¿Nacen las bebas con una escoba bajo el brazo y los bebés con taladros? ¿Por qué el trabajo doméstico no remunerado es “cosa de mujeres”? ¿Por qué sólo el 4% de las empresas más grandes del mundo tiene una CEO? ¿Cómo es que en 2016 la mayoría de los países nunca ha tenido una presidenta? Para responder estas preguntas Mercedes D’Alessandro, economista, propone un viaje al lado menos visible de la desigualdad, un recorrido que atraviesa las ideas centrales de la economía y muestra los nuevos desafíos que enfrentan las mujeres hoy: la brecha salarial, su rol como amas de casa desesperadas, la pobreza sexista. Basado en evidencia estadística, Economía feminista cuestiona estereotipos y postula una reflexión profunda sobre nuestras relaciones sociales; al mismo tiempo, aporta ideas inspiradoras para la construcción de un futuro más igualitario y por lo tanto más justo. Porque la igualdad es un negocio para todos, y porque las mujeres ganan menos que los varones en todo el planeta, ¡y tu mamá también!

Lo conseguís en todas las librerías de Argentina y en versión e-book aquí!!

El libro Economía feminista fue declarado de interés social en el ámbito de la mujer por la Legislatura porteña, proyecto del legislador Pablo Ferreyra. Fue declarado de Interés municipal por el Honorable Concejo Deliberante de Posadas (Misiones), proyecto de Natalia Gimenez y también en la ciudad de Rosario, mediando un proyecto de la concejala Norma López. En marzo de 2017 se publicó su 3ra edición. En abril de 2017 se presentó en la ciudad de Nueva York (Estados Unidos).

Podés ver notas y la cobertura de las presentaciones del libro en el LINK.

Reseñas


Julia de Titto para Notas

Economía feminista: las raíces de un mundo desigual

Reseña de Julia de Titto para Notas 

Desde este 1 de diciembre estará en las librerías del país Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour), escrito por Mercedes D’Alessandro y editado por Sudamericana. Un material indispensable -y entretenido- para la comprensión de las desigualdades sociales desde una perspectiva de género.

Economía feminista… interpela. En primer lugar a la economía política, en la que escasea el estudio sobre las desigualdades de las mujeres. Y en segundo lugar a la sociedad de conjunto. El libro recorre y describe con datos, ejemplos y mucha pedagogía el rol que las mujeres ocupan en el sistema económico-político-social dominante: el capitalismo. Mercedes D’Alessandro logra sistematizar y sumar nuevos elementos para reflexionar sobre uno de los fenómenos más invisibilizados de la historia de la humanidad: sin mujeres, la economía del mundo es insostenible tal como está organizada.

Con precisión editorial, el libro sale a la luz al final de un año en el que centenares de miles de mujeres protagonizaron en distintas partes del mundo manifestaciones, movilizaciones y paros en reclamo por diversos derechos, pero también -como en el paro de mujeres argentino- poniendo de manifiesto las injusticias económicas: salarios más bajos, doble jornada laboral, techo de cristal, entre otras. En la introducción D’Alessandro acerca un primer dato central: en la Argentina, nueve de cada 10 mujeres hacen labores domésticas (trabajen fuera del hogar o no) mientras que cuatro de cada 10 varones no hace absolutamente nada en la casa (aunque estén desempleados).

Economía feminista… es, valga la redundancia, un libro feminista. Aunque discute con la idea de que “con el kit de ser mujer viene un chip feminista” y no sólo le habla al género femenino, sí busca interpelarlo especialmente.

D’Alessandro articula estadísticas con referencias culturales como libros y películas, pero también autores (principalmente autoras) de distintas disciplinas científicas y filosóficas para desmenuzar todas esas formas invisibles en las que opera la desigualdad de género. No hay teoría sin fundamentos. Para cada hipótesis hay un dato, dos, tres. Estadísticas de Argentina, de Estados Unidos, de América Latina y globales.

¿Qué es el techo de cristal? ¿Existen paredes del mismo material que siguen limitando el acceso de mujeres a determinados trabajos? ¿Cómo fue la mejoría a lo largo de la historia? ¿Por qué importa tener mujeres en el poder? ¿Eso garantiza políticas con perspectiva de género? De South Park a Virginie Despentes, de Silvia Federici a ZoolanderEconomía feminista… acerca respuestas y nuevas preguntas, que incomodan e incitan a pensar.

La imagen, los estereotipos, la participación política y el mundo científico son otras de las esferas que incorpora al complejísimo mundo de la desigualdad social. Pero no sólo analiza “problemas clásicos”, sino que suma la actualidad de un mercado laboral cambiante. “Los programadores son los más demandados del mercado, en la actualidad solo uno de cada 10 de ellos es una mujer”, comenta. Y agrega que en Silicon Valley, la capital mundial de las compañías informáticas, solo el 9% de los CEO son mujeres.

Para D’Alessandro es clave incluir a toda posición teórica sobre la economía la perspectiva de género: “No habrá ni políticas económicas, ni estrategias de acción o participación política para las mujeres si la dimensión de su aporte al desarrollo social no es debidamente reconocida en el campo conceptual. No se trata simplemente de hacer encajar un concepto en el andamiaje teórico, sino de transformar la teoría para que sea capaz de comprender su objeto de estudio”.

¿Cómo se incorpora el trabajo no asalariado -la economía doméstica- de las mujeres a las cuentas nacionales? ¿Es posible medir el impacto real de las políticas públicas sin esta variable?  “Los recortes presupuestarios en salud o educación, por ejemplo, son absorbidos por las mujeres en sus casas: ellas son las enfermeras de sus hijos o padres mayores, son quienes tendrán que dejar sus propias ocupaciones para atenderlos porque no hay disponibles jardines maternales o geriátricos”, aporta la autora.

La economista, docente de la Universidad de Buenos Aires por 15 años y editora del portal Economía Femini(s)ta que nació al calor de la convocatoria por Ni Una Menos, suma también preguntas y algunos elementos para pensar cómo se incluye a personas LGBT en las teorías.

Y siguen las referencias culturales: Mad Men, Virginia Woolf, Los Simpson, todo para hacer de temas complejos un recorrido amigable y entretenido. Al final del libro llegamos a las publicidades y los estereotipos: solo el 3% de las mujeres que aparecen en un comercial lo hace en algún trabajo que no sea el doméstico, apunta D’Alessandro. “Entre los mejores creativos publicitarios del mundo, las Peggy Olson son el 3%”, agrega y pasa a hacer pedazos al pink tax (“impuesto rosa”) que hace que productos idénticos salgan más caros para las mujeres por puro marketing.

Economía feminista… sintetiza lo estructural del capitalismo patriarcal con el rol de los Estados modernos con problemas contemporáneos que tienen muy pocos años de visibilización y que sólo se manejan en un mundillo reducido. Es el caso del Test de Bechdel para analizar el machismo en las películas, o la primera persona que aparece para decir que “a veces cuando creemos combatir estereotipos es cuando más los afianzamos”, para referirse a la vestimenta, los colores y la imagen. ¿Qué es ser mujer? “¿Cómo hacemos para librarnos de mandatos y exigencias?”, se pregunta D’Alessandro.

“La economía feminista es revolucionaria o no es, porque no se puede conseguir igualdad en un mundo de opresión, porque no hay igualdad en un mundo de pobreza, porque no hay igualdad en un mundo de explotación”, concluye el libro, invitando a masticar las reflexiones y salir a cambiar el mundo.

¿Cómo lograr que un libro sobre economía y feminismo sea entretenido y leído por no-economistas y no-feministas? Mercedes D’Alessandro tiene bastante para decir al respecto.

María Florencia Alcaraz para Nuestras Voces.

Economía en bombacha

Reseña de María Florencia Alcaraz para Nuestras Voces

En Argentina 9 de cada 10 mujeres hacen labores domésticas, mientras que 4 de cada 10 hombres no hacen nada en la casa. El cuidado de chicos, ancianos y mascotas recae casi siempre sobre las mujeres, aunque ahora trabajen. Adelanto del libro “Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour)”.

¿Cuánto nos deberían pagar por dejar la comida preparada? ¿Cuánto vale la lista con instrucciones para cuidar el gato? ¿Y acompañar a la suegra al médico tiene precio? ¿U ocuparse de los deberes del nene? ¿Cuánto deberíamos cobrar por cuidar a nuestra madre enferma? Aún cuando las mujeres trabajamos fuera de nuestras casas, volver al hogar significa seguir trabajando. Las tareas de cuidado recaen, la mayoría de las veces, en nosotras. Una actividad que tiene un valor invisible: requiere tiempo y esfuerzo, pero no se ve ni se habla. “Eso que llaman amor es trabajo no pago”, dice la italiana Silvia Federici, autora del ya clásico ¨Caliban y la bruja¨. En un tono pop y académico al mismo tiempo, la economista argentina Mercedes D’Alessandro despliega este concepto, entre otros, en “Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour)”. El libro estará en todas las librerías a partir de diciembre. En esta nota, adelantamos algunos de los temas clave que desarrolla.

Igualdad, ¿cuál igualdad?

“¿Podemos aspirar a un mundo igualitario cuando ni siquiera reconocemos el trabajo cotidiano de millones de mujeres?”, dispara D’Alessandro para abrir el debate. En Argentina, 9 de cada 10 mujeres hacen labores domésticas, trabajen fuera del hogar o no. Mientras que 4 de cada 10 varones no hace nada en la casa, aunque estén desempleados. “Esto es algo que se reproduce en todo el mundo. Las mujeres, para dar su salto hacia la ‘independencia’, se cargaron dos trabajos encima”, explica. Y describe a las mujeres con “superpoderes del multitasking”: hacen todo y lo hacen a costa de su propia sobreexplotación o de distintas formas de empobrecimiento de su vida cotidiana. Es decir, la división sexual del trabajo y las tareas no remuneradas le significan menos tiempo para ocio, pero también peor calidad del cuidado familiar y una salud más precaria.

Lavar la ropa, planchar, cocinar, limpiar los muebles, hacer las compras: las mujeres argentinas que trabajan full time fuera de sus casas dedican 5,5 horas más al trabajo doméstico. Un hombre desempleado le dedica 4,1 horas a estas tareas.

Lavar la ropa, planchar, cocinar, limpiar los muebles, hacer las compras: las mujeres argentinas que trabajan full time fuera de sus casas dedican 5,5 horas más al trabajo doméstico. Un hombre desempleado le dedica 4,1 horas a estas tareas. Los datos, que aparecen en el libro, se desprenden de la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo, del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) realizada en 2013.

La brecha salarial

La brecha salarial es otro de los pilares centrales de la publicación de Editorial Sudamericana. Si en los `80 Cyndi Lauper cantaba “las chicas solo quieren divertirse”, ahora corea “las chicas solo quieren ganar igual”. Y no es metáfora. D’Alessandro cuenta que la cantante visitó un programa televisivo estadounidense y reversionó el hit para hablar de una de las tantas demandas actuales del movimiento de mujeres. Se trata de un tema universal: a nivel mundial las mujeres ganan en promedio 25 por ciento menos que los varones, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

“¿Por qué hay tan pocas mujeres en puestos altos en las empresas”, se pregunta la economista en uno de los capítulos en los que habla del techo de cristal. Y cuenta que en Silicon Valley, la capital mundial de las compañías informáticas, solo el 9 por ciento de lxs CEO son mujeres. Si se consideran las principales empresas tecnológicas (Google, Facebook, Twitter, Yahoo, Amazon, Apple, Microsoft, Intel), solo el 30 por ciento de sus trabajadores son mujeres y en las áreas técnicas (programación, diseño, desarrollo) apenas llegan al 15 por ciento.

A lo largo de once capítulos D’Alessandro profundiza sobre la brecha salarial, el trabajo no remunerado, el rol de la maternidad en las posibilidades laborales de las mujeres, la feminización de la pobreza y el techo de cristal al que nos enfrentamos las mujeres en la política y el mundo laboral. Los temas son brotes que hacen emerger otros como el acceso al aborto legal, seguro y gratuito y la importancia de una educación sexual integral en las escuelas. La mirada es amplia porque está puesta en las formas de construcción de una sociedad más igualitaria.

Hacia el final, D’Alessandro aporta una mirada novedosa sobre la invisibilización de los colectivos de lesbianas, gays, travestis, transexuales, queer e intersex en las estadísticas estatales. Y así propone la inclusión de las variables LGBTIQ en los modelos económicos. Este es uno de los temas que queda presentado pero, desde la lectura, dan ganas de más.

De Virginia Woolf a Lisa Simpson

Estará disponible en todas las librerías del país a partir de diciembre. Y será en este último mes del año en el que la autora estará presentando el libro en Argentina. La primera presentación será en la Universidad Nacional de General Sarmiento el 5 de diciembre, donde la escritora fue titular de la carrera de la Licenciatura de Economía Política. En la Legislatura porteña la presentación será el 6 de diciembre, luego continuará en el Congreso de la Nación, el 12; en la Facultad de Ciencias Económicas-UBA el 14 del mismo mes y, por último, en su ciudad natal lo presentará en el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Posadas Misiones el 21.

Con un hilo común que une demandas históricas del movimiento de mujeres con evidencia científica y teoría feminista con hipervínculos pop, D’Alessandro recorre las distintas aristas de las desigualdades de género. Con citas a Virginia Woolf, Betty Friedan, Silvia Federici, Thomas Piketty pero también a South Park, la pequeña feminista amarilla Lisa Simpson y Mad Men, la economista logra una lectura entretenida y fluida del universo económico. A puro dato, dato y más dato, el libro aborda distintas temáticas y cruza información y cifras de Estados Unidos -donde reside la autora- Argentina, Latinoamérica y el mundo. Evidencia la importancia de una economía en bombacha, una economía feminista.

Manu Martínez para Revista Palta

Cómo pedir igualdad en el capitalismo

Por Manu Martínez para Revista Palta

No tuvo que ver con dejarme crecer pelos en las axilas, convertirme en una persona malhumorada y empezar a odiar a los hombres. Nada de eso pasó. Fue más bien empezar a cuestionarme un rol que me había sido impuesto, y al que -durante muchos años- obedecí sin preguntar.

Nací machista. Fue lo que me enseñaron. Y si bien jamás dije, o me dijeron, -explícitamente- que los hombres eran “superiores” a nosotras, me llené de mandatos y de exigencias inconscientes sobre lo que significaba ser mujer, que tuve que aprender a desprogramar cuando decidí volverme feminista. Fue un acto consciente.

Creo que siempre lo es; y que cuesta. Tiene que ver con desprogramar una mentalidad y una cultura que están arraigadas en la formación que recibimos: tenemos una educación machista, una economía machista, una política machista. Y tenemos, a la vez, un movimiento cada vez más arrollador de mujeres que viene pidiendo derechos con una potencia infernal, invadiendo las plazas, recuperando las calles. Mujeres que le pedimos a un Estado que no otorga, que nos sentimos abrumadas por una sensación de impotencia. Llenas de consignas feministas a las que les falta -o les faltaba- una perspectiva, un qué, un cómo.

De eso se trata Economía Feminista, de darnos una base sobre la que construir el camino para marchar. De desmenuzar criterios, conductas, estereotipos y enfoques de la economía mundial con un filtro feminista. De poner en datos empíricos ejemplos de desigualdad, mostrar la ausencia, hacerla visible. Cuestionando prejuicios que van desde temas más urgentes como la violencia machista o el derecho al aborto legal; hasta la pobreza sexista, la publicidad, la educación sexual, la falta de tiempo, la maternidad, el ejercicio del amor propio, la inclusión de variables LGTB en los modelos económicos. Se trata de, pedagógicamente, recorrer e interpelar el rol que las mujeres ocupamos en el sistema económico-político-social dominante: el capitalismo.

La autora argumenta que si la desigualdad es una cuestión económica, entonces el principal problema económico es el género: las mujeres, mitad de la población mundial, hoy son minoría en todos los ámbitos en los que se toman decisiones de peso y donde se piensa nuestra época. Parlamentos, gobiernos, ciencia, medios de comunicación, empresas multinacionales, tecnología, arte, filosofía, literatura. Y disputar estos lugares tiene que ver con transformar la manera en la que pensamos el rol de la mujer en toda la historia pasada.

¿Podemos aspirar a un mundo igualitario cuando ni siquiera reconocemos el trabajo cotidiano de millones de mujeres? ¿por qué nunca está en juego que quien se quede en la casa sea el padre?

A pesar de que ya no vivimos como en los años 60 -en la fantasía de la mujer ama de casa y el hombre proveedor-, algo de esa distribución se mantiene: “En la Argentina, nueve de cada diez mujeres hacen labores domésticas (trabajen fuera del hogar o no), mientras que cuatro de cada diez varones no hace absolutamente nada en la casa (aunque estén desempleados)”.

Mercedes hace visible la actividad -indispensable en el funcionamiento de toda la sociedad- que realizamos las mujeres de manera gratuita. Y explica que, si bien está muy naturalizado, esa es la razón por la cual trabajamos menos por fuera del hogar, con empleos más precarios, salarios más bajos, y que también seamos las más afectadas en situaciones de crisis: con los recortes presupuestarios lo primero que se recorta son servicios sociales, educación, salarios docentes; todos campos en los que hay más mujeres. Somos nosotras incluso las que, en momentos de recesión, dejamos nuestras propias ocupaciones para convertirnos en enfermeras de nuestros hijos o padres mayores al no haber jardines maternales o geriátricos disponibles.

Reorganizar esta estructura es fundamental. No es sólo una cuestión de hombres o mujeres, tiene que ver con pensar en quién se ocupa de tales tareas, si los servicios tienen que estar profesionalizados, quién los paga, qué les corresponde a las empresas, cuáles son las necesidades que el Estado tiene que cubrir, quién cuida y cría a los niñxs, qué lugar se le da a la familia y, también, qué es una familia.

Pasando por referencias culturales tan variadas como South Park, Virginie Despentes, Silvia Federici, Zoolander, Mafalda, Alfonsina Storni, Los Simpsons, Virginia Woolf, El diablo viste a la moda y más, que sirven para acercar y para hacer más amigable el camino; Mercedes D’Alessandro cuestiona al sistema entero, lo incomoda. Lejos de los textos académicos, nos invita lxs que la leemos a entender la relación funcional que se da entre patriarcado y capitalismo, a aprender a pensar lo personal como político, lo cotidiano como económico.

A entender la necesidad que tenemos de que más mujeres ocupen puestos de poder. Más creativas publicitarias como Peggy Olson, más periodistas como Ellen DeGeneres, más CEOs como Barbie (que es la única de nosotras que logra aparecer en el buscador de imágenes de Google) y, claro, más economistas como Mercedes.

Con su libro, me ayudó a reafirmarme como feminista y me dio herramientas para hacerlo. Material teórico que sirvió tanto para sustentar mi ideología y apoyarme en argumentos más firmes, como para hacerme reflexionar sobre otras cuestiones que me inquietaban, que me tenían dudosa, indecisa. La base que me faltaba para opinar con seguridad y cuestionar lo que es obvio y lo que no lo es tanto.

Entendí que está a mi alcance la tarea de transformar el mundo que me tocó en el mundo en el que quiero vivir. Y que puedo hacerlo con o sin maquillaje, con o sin pelos en las piernas, con tacos o en zapatillas.

Mercedes me inspira. Hablo en presente porque su libro se transformó en una suerte de Biblia a la que vuelvo cada tanto. Que me sirve para entrenar una mirada crítica en todo momento, incluso a la hora de ir a un restaurant, hacer las compras o mirar la tele.

Economía feminista funciona así, como un manual para entender al movimiento como un llamado político a la igualdad y a la diversidad. Para que lo lean mujeres y varones, lxs feministas y lxs que dudan de nuestra lucha.

No es un anexo, un capítulo aparte dedicado a las mujeres; sino una construcción teórica nueva. La revolución conceptual que tenemos que abrazar si no queremos seguir encaminándonos a un futuro como el de los Supersónicos, con una reestructuración espléndida a nivel de diseño urbano, pero donde los roles de género siguen intactos:“La economía feminista es revolucionaria o no es, porque no se puede conseguir igualdad en un mundo de opresión, porque no hay igualdad en un mundo de pobreza, porque no hay igualdad en un mundo de explotación”.

Celeste Murillo para La Izquierda Diario

Economía feminista, radiografía de la desigualdad

Por Celeste Murillo para La Izquierda Diario

Publicado por Sudamericana, Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour), llegó a las librerías el 1 de diciembre. Como parte del trabajo del blog Economía Femini(s)ta, Mercedes D’Alessandro recorre en sus páginas los recovecos de la desigualdad de género, que afecta nada menos que a la mitad del mundo.

Ya desde sus primeras líneas choca con el sentido común de que como “las mujeres avanzaron mucho” no habría de qué quejarse, algo que se desliza cada vez que se dice en voz alta que hay desigualdad, que hay discriminación y que la mayoría de las mujeres todavía somos ciudadanas de segunda. Es cierto, la vida de las mujeres cambió enormemente, gracias a la movilización de las mujeres (aunque suene redundante), pero nunca está de más recordar que recién se cumplirá un siglo desde que las primeras mujeres votaron (en nuestro país todavía faltan 20 años para ese aniversario), y la discriminación económica, laboral y profesional está vigente. Aunque no hay leyes que “permitan” discriminar por género, las mujeres cobran salarios menores, acceden a peores puestos de trabajo y están sobrerrepresentadas entre los precarios y los pobres.

De eso se trata Economía feminista, de poner en datos ejemplos esa desigualdad, debatir estereotipos y prejuicios que acompañan la brecha salarial o la presencia todavía minoritaria de las mujeres en muchos ámbitos, que todavía parecen reservados a los varones. Lejos de los textos académicos, Economía feminista invita al público no economista a la fiesta en un momento en el que las mujeres recuperan las calles.

La periodista del suplemento Las 12 del diario Página/12 Luciana Peker decía en la presentación en la Legislatura de Buenos Aires que el libro y su autora eran producto del movimiento de mujeres, indiscutiblemente protagonista en Argentina, sus debates y sus demandas. Y, con razón, agregaba que la urgencia de la lucha contra la violencia machista y la necesidad de vida o muerte del derecho al aborto legal, a veces no deja tiempo para discutir otros problemas que afectan a las mujeres, como la sobrerrepresentación femenina en el desempleo que golpea con más dureza a las jóvenes.

Desde la brecha salarial hasta el “techo de cristal” (con paredes incluidas), pasando por el trabajo no remunerado, el libro ofrece no solo cifras (que muchas veces son cuidadosamente olvidadas) sino que se mete en el debate sobre los motivos de esa desigualdad. Desde lo (literalmente) inexplicable de la brecha hasta los estereotipos que le otorgan el resplandor del amor al trabajo doméstico, a medida que pasan las páginas, lectoras y lectores atentos descubrirán algo de esa relación tan funcional, y por eso tan duradera, entre patriarcado y capitalismo.

En una disciplina como la economía, que suele estar en el centro del debate sobre la desigualdad en el capitalismo, es notoria la poca (aunque creciente) atención que merecen los problemas de la mitad de la población del mundo, más en un sistema social que se beneficia del sometimiento de esa porción de la población. Una “desatención” que señala la propia autora especialmente con respecto a las corrientes críticas (aunque, si Federico Engels tuviera Twitter ya estaría arrobándola pidiendo derecho a réplica y seguramente se ganaría más de un retweet).

El poder no derrama igualdad

Así lo señala, correctamente, una de las páginas de Economía feminista. “El poder no derrama y la políticas que apuntan a la igualdad de género o el acceso de las mujeres a los distintos espacios políticos tampoco aparecen mágicamente”. A esta afirmación, que compartimos, le agregamos que no solo no derrama sino que las instituciones, los parlamentos, organismos internacionales, e incluso las cúpulas de la burocracia sindical, han sido terreno estéril para la igualdad que desean las mujeres.

Las políticas que responden, de forma lenta, tardía e insuficiente, a la desigualdad y la discriminación hablan más de la potencia de movilización de las mujeres que de la buena voluntad o las intenciones de mujeres poderosas o “feministros”, en palabras de D’Alessandro. El género no es garantía de políticas progresivas (lo sabemos las argentinas), ni de que las mujeres apoyen tu plataforma (pregúntenle a Hillary Clinton), pero tampoco la presencia de las mujeres en los parlamentos y los ministerios ha garantizado la implementación de políticas que resuelvan, aunque más no sea parcialmente, sus problemas o demandas.

Todas las leyes, medidas y conquistas se han conseguido siempre fuera de las instituciones, aunque sus resultados parezcan surgir dentro de sus paredes. Fue el caso de las islandesas y su “viernes largo”, que puso sobre la mesa la participación de las mujeres en la vida económica, el de las estadounidenses que conquistaron el derecho al aborto y decidir cuándo ser madres (aunque cargan hasta hoy con el peso de afrontar la maternidad en medio del trabajo sin licencia paga ni derechos) o el de las polacas para frenar la prohibición reaccionaria del derecho al aborto. Es el caso también de la enorme visibilización que ha logrado el movimiento de mujeres en Argentina con la consigna #NiUnaMenos, más allá de la respuesta insuficiente o casi nula del gobierno de Mauricio Macri.

Cuando la mala salud de la economía capitalista empuja a las mujeres a recibir el impacto de los recortes en salud, educación y cuidados, en sus hogares, al regreso de empleos precarios y mal pagos, los debates que recorre Economía feminista son los necesarios para un movimiento de mujeres que ha demostrado una potencia de movilización arrolladora pero, a la vez, se enfrenta a la necesidad cada vez más urgente de una estrategia política.

La agitación callejera de las mujeres (¿como respuesta en continuado a las consecuencias sociales de la crisis económica o anticipo de aires nuevos?) que sobrevuela varios países vuelve a abrir viejos debates en el feminismo y mide las estrategias para terminar con la opresión. Con gran parte del feminismo recluido en las agendas oficiales, y reducido a la “libre elección” de cómo vivir la vida, lejos de la transformación social, vuelven las ideas de las huelgas, los paros y las movilizaciones como la vía para transformar nuestras realidades.

Economía feminista anuncia en su portada que la pelea por una sociedad igualitaria puede librarse “sin perder el glamour”. Creemos que la belleza está en la calle, como anunciaba el famoso grafiti del Mayo Francés y estamos convencidas de que este es el terreno donde se defiende lo conquistado y se conquista lo que falta, pero el movimiento necesita ideas, reflexiones y debates como los que se leen en sus páginas, y eso es motivo de sobra para darle la bienvenida.

Columnas en medios

La Nación


Columna “Brotes rosas, sembrando ideas para una sociedad igualitaria”, de Mercedes D’Alessandro en Negocios de La Nación.