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Sangre, sudor y gastos: ¿por qué la menstruación es un factor de desigualdad?

Las mujeres ganan en promedio un 27% menos que los hombres. Y las toallitas y tampones pueden representar hasta el 10% de sus ingresos.

Casi siete de cada diez personas del sector de menores ingresos de la Argentina son mujeres y promedian un ingreso de $ 2566 pesos por mes. Para ellas, el costo estimado para gestionar la menstruación mediante el uso de toallitas o tampones representa casi un 10% de sus ingresos. Este gasto no es optativo para las personas que menstrúan y, sin embargo, ganan un 27% menos que los varones. La carga económica que genera la menstruación resulta central para considerarla un factor de desigualdad.

En nuestro país, como en muchos otros, estos productos están gravados con IVA. En algunos otros lugares incluso son tipificados como bienes de lujo. En Colombia, la campaña Menstruación Libre de Impuestos consiguió reducir la tasa impositiva del 16% al 5% para luego eliminarlos completamente, argumentando que son bienes de primera necesidad. En Canadá, el gobierno quitó el impuesto en 2015 luego de que una iniciativa juntara 74 mil firmas pidiendo su remoción.

En un contexto en el que la mayor parte de las personas pobres son mujeres, no poder adquirir los medios para gestionar la menstruación es un factor de ausentismo escolar y laboral. Según Naciones Unidas, en India y África, entre el 20 y el 30% de las niñas reportan no asistir a clases durante los días de sangrado por temor a mancharse o falta de espacios limpios y cómodos para cambiarse. El Banco Mundial ha estimado que, a nivel global, se pierden entre el 10 y el 20% de los días de clase por esta razón. Además, debido a la falta de acceso a información y recursos, muchas veces se practican formas de gestión menstrual antihigiénicas como el uso de paños viejos y desgastados, o trapos, que pueden causar infecciones del tracto urinario, problemas de salud reproductiva y hasta infertilidad.

El documental ganador del Oscar este año, Period. End of Sentence, puso a la menstruación como un factor más de desigualdad en la agenda internacional al retratar la situación en India. En el cortometraje se ve cómo un grupo de mujeres rurales recibe máquinas y capacitación para hacer toallas descartables de bajo costo y luego venderlas. Eso, en un país en donde aún es común que durante la menstruación las mujeres no puedan dormir dentro de las casas y en el que, para 70 millones de personas, el costo mensual de los apósitos representa el 12% de sus ingresos.

En Estados Unidos, el organismo encargado de regular las cárceles emitió un memo en 2017 instando a que todos los establecimientos penitenciarios proveyeran gratuitamente estos productos luego de notar que en muchos casos resultaban una moneda de intercambio a cambio de buen comportamiento o favores.

Un tabú que arrasa el bosque

El impacto de la dificultad de acceso a la gestión menstrual es invisibilizado sistemáticamente mediante la construcción de un tabú y un estigma respecto a la menstruación que la sitúa en un lugar vergonzoso. Esto tiene consecuencias también en la producción de conocimiento y la circulación de información.

En nuestro país, la Universidad de la Plata realizó un estudio sobre los componentes de toallitas y tampones y encontró que en el 85% había trazas de glifosato. Sin embargo, tal como sucede con estudios internacionales sobre distintos componentes potencialmente tóxicos de estos productos, no contamos con ensayos que monitoreen los efectos de esta exposición a largo plazo en sujetos vivos.

Por otro lado, las estimaciones locales indican que el uso de productos descartables genera al menos 132 mil toneladas de residuos no biodegradables anualmente. Banco de Bosques señaló que, dado que la pasta fluff constituye el 60% de la composición de los apósitos menstruales, anualmente se utilizarán 10.140 toneladas de esta manufactura proveniente del desmonte de selva nativa. Esto tiene un impacto directo sobre el derecho a un ambiente saludable y la gestión de los bienes comunes, cuestión que afecta a toda la población y no sólo a quienes menstrúan.

Desde 2017, la campaña argentina #MenstruAcción busca visibilizar la problemática mediante tres reclamos: quita del IVA, provisión gratuita, y realización de investigaciones y socialización de datos que permitan tomar decisiones tanto públicas como privadas respecto a la gestión menstrual.

La creación de políticas públicas que ataquen directamente las desigualdades producidas por la restricción de acceso a productos adecuados para contener el sangrado es un eje fundamental en el camino a instalar nociones inclusivas en la sociedad. Para ello, la menstruación debe dejar de ser «cosa de mujeres» y convertirse en un tema de Estado a la hora de pensar cómo garantizar igualdad de oportunidades para todos.

*Este artículo fue publicado orginalmente en el diario Tiempo Argentino el domingo 18 de agosto de 2019

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