Todxs dicen misoprostol

Por Laura F. Belli

Con el debate sobre el aborto en boca de todxs en la Argentina, resuena en muchos oídos una palabra que se repite: misoprostol. Pero ¿qué es, para qué sirve y por qué parece ser central en esta discusión?

El misoprostol, vendido en nuestro país bajo el nombre Oxaprost, es un medicamento utilizado para prevenir y tratar las úlceras estomacales, pero también para iniciar el trabajo de parto, inducir un aborto y para el tratamiento de la hemorragia posparto. Fue desarrollado en 1973 como tratamiento de úlcera péptica, y las afecciones relacionadas, y actualmente figura (junto con la mifepristona) en la Lista de Medicamentos Esenciales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), debido a los beneficios que presenta su uso en ginecología y obstetricia.

Hasta la fecha, la versión en comprimidos vaginales sólo es permitida por la ANMAT para uso exclusivo en instituciones hospitalarias que cuentan con servicio de obstetricia y bajo ciertos controles. Es por ello que, hoy día en Argentina, el medicamento sólo está disponible como un subcomponente del Oxaprost (diclofenac + misoprostol) que se vende bajo la forma de comprimidos para ser administrados por vía oral (y su venta es bajo receta archivada).

Se estima que en la Argentina se producen cerca de 450 mil abortos clandestinos por año. Este dato se desprende de una estimación estadística realizada sobre datos disponibles de hospitales públicos (número de casos hospitalizados por complicaciones de aborto) y datos relacionados con salud sexual y reproductiva (provenientes de estadísticas vitales, censos y encuestas). Al tratarse de una práctica clandestina, muchas veces se realiza en condiciones de poca higiene y a través de métodos no seguro. Esto genera complicaciones como abortos incompletos —con alto riesgo de infección— y hemorragias. Las complicaciones por aborto inseguro son la primera causa individual de muerte materna en 17 de las 24 provincias.

A pesar de la evidencia que demuestra la seguridad y eficacia del misoprostol, obstáculos relacionados con cuestiones políticas y comerciales dificultan en muchos países la producción y distribución de este fármaco. Debido a su uso como abortivo, algunos gobiernos han restringido —o intentado restringir—  el acceso y el uso de misoprostol. Como resultado, la disponibilidad y el costo del misoprostol puede variar ampliamente de acuerdo al país, e incluso en países que lo han aprobado para una o más indicaciones.

Sin embargo, no han cesado los esfuerzos para aumentar la distribución y garantizar el acceso generalizado al misoprostol, especialmente en entornos de bajos recursos (dado a que su producción es de bajo costo, fácil de administrar y no necesita de refrigeración, entre otras cosas).

Mapa: “Registro global de misoprostol por indicación [médica]” https://www.womenonwaves.org

 

Producción pública de misoprostol

 

A pesar de su prohibición o difícil obtención, el misoprostol está creciendo como método de interrupción del embarazo en toda la región. En países donde el aborto es ilegal (o de acceso restringido) su uso mejoró la seguridad de los procedimientos clandestinos, disminuyendo las complicaciones en salud. Frente a leyes restrictivas en torno de esta práctica, en países como Argentina, aumentar la disponibilidad del fármaco y la información sobre su uso (mediante campañas o en consejerías dentro del sistema de salud) ayudaría a reducir drásticamente la mortalidad materna. Este es el caso de Uruguay, en donde desde 2001 (y previo a la legalización de la práctica) se implementó el modelo de reducción de riesgos y daños sostenido en la intervención desde el sistema de salud, brindando información sobre el uso del misoprostol, así como controles previos y posteriores al aborto. Esta medida tuvo un fuerte impacto en la reducción de la tasa de mortalidad materna del país

En el año 2014, la provincia de Santa Fe hizo los primeros intentos para promover la fabricación pública del misoprostol en su Laboratorio Industrial Farmacéutico (LIF). El pedido contemplaba que el Ministerio de Salud Provincial garantizara la producción y asegurará su entrega gratuita para el tratamiento de personas gestantes que necesitaren intervención ante abortos incompletos, hemorragias posparto, o inducción del aborto dentro de las causales permitidas por la ley. Esto también hubiera permitido que su precio descendiera, haciéndolo más accesible (en la actualidad una caja ronda los $2800, dado que el laboratorio Beta tiene el monopolio de su producción y comercialización y fija precios altos). Esta iniciativa (que contemplaba la producción a escala nacional) no obtuvo autorización de la ANMAT para uso obstétrico y quedó trunca al no poder superar los numerosos obstáculos que debió enfrentar.

A pesar de ello, los intentos de garantizar el acceso a este medicamento esencial no cesan: en septiembre de 2017, el CELS, la Secretaría de Género de Nuevo Encuentro CABA y la agrupación Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto presentaron un nuevo pedido solicitando a la ANMAT que lo reconozca como medicamento obstétrico y establezca un mecanismo adecuado para asegurar el acceso a este medicamento (y que revise las condiciones de expendio que actualmente son bajo receta archivada). Y en noviembre pasado, la agrupación Católicas por el Derecho a Decidir exigió al gobierno nacional la producción pública del misoprostol reiterando el pedido realizado en diciembre del 2015 ante el Ministerio de Salud de la Nación para que produzca y distribuya misoprostol y mifepristona (combinación más eficaz recomendada por la Organización Mundial de la Salud para acceder a un aborto seguro).  

En línea con el tema de este 7 de abril, “La salud para todos”, no se puede perder de vista que el acceso a la salud es reconocido como un derecho humano básico y que la cobertura sanitaria universal no se podrá lograr sin el real y pleno acceso de las mujeres a la salud sexual y reproductiva. El acceso a cuidados esenciales no solo mejora la salud de las personas, sino que también reduce la pobreza e impulsa el crecimiento económico.

 

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