Una aproximación al debate sobre la relación entre capitalismo y patriarcado

Rosario Escola

Estudiante avanzada de Economía (FCE-UBA).

 

El análisis sobre la relación entre el modo de producción capitalista y la opresión específica que las mujeres sufrimos por el hecho de serlo ha originado fervientes debates. Más allá de las formas específicas en las que las desigualdades de género se expresan en el mundo económico (división sexual del trabajo, brechas salariales, etc.), es relevante entender cuál es, si existe, la relación sistémica entre capitalismo y patriarcado, no sólo por su interés  teórico sino principalmente político. Las diferentes lecturas que se hacen sobre esta problemática derivan en conclusiones muy diferentes sobre cuál es la práctica política acertada para poder erradicar las desigualdades de género.

En el presente trabajo, se abordarán brevemente tres maneras posibles de analizar la relación entre capitalismo y patriarcado a partir de distintos autores/as. Lejos de buscar concluir el debate, la intención de esta nota es brindar un panorama general del estado del mismo que permita su profundización.

La opresión de la mujer como consecuencia del modo de producción capitalista

En el Manifiesto Comunista (1848), Marx y Engels plantean que, a medida que las fuerzas productivas se vayan desarrollando e incorporen masivamente a las mujeres al trabajo asalariado a las mujeres, éstas se volverán económicamente independientes, lo que las liberaría de las opresiones de sus esposos.

En otras de sus obras conjuntas –La ideología Alemana (2006) y La Sagrada Familia (2008)-, como también en El origen de la Familia, la propiedad y el Estado (1884) de Engels, el análisis se centra en la relación social familia. De acuerdo a los autores, esta relación social dejó de ser la única generalizada, para quedar subordinada a la relación mercantil, que es el ámbito donde varones y mujeres desarrollan sus relaciones no sólo personales, sino también de poder –al disponer unos (los hombres) de la fuerza de trabajo de otros (las mujeres). A su vez, se argumenta que es la existencia de la propiedad privada la que explicabba la inferioridad de la mujer en las familias burguesas, ya que debía servir a su esposo y ser monogámica para garantizar, a través de la herencia, la acumulación de propiedad privada. Por este motivo, las mujeres pobres no se encontrarían en los mismos niveles de opresión, ya que no hay herencia que garantizar.

A partir de esta (muy) sintética exposición de algunos de los planteos de Marx y Engels y, por supuesto, teniendo en cuenta el momento histórico en que fueron hechos, cabe preguntarse, en primer lugar, si efectivamente existe tal diferenciación entre la opresión que las mujeres de las distintas clases sufren. ¿Acaso las mujeres pobres no deben también ser monogámicas y servir a su marido? Muchas posiciones actuales plantean incluso una relación exactamente inversa: son las mujeres pertenecientes a las clases altas las que pueden sortear mejor las opresiones de género. Además, cabe remarcar que, si bien las mujeres ingresan progresivamente al mercado de trabajo de manera cada vez más masiva, no lo hacen en las mismas condiciones que los varones[1].

Por otro lado, es necesario pensar que el sistema capitalista como modo de producción excede a lo meramente económico. Éste implica también normas, roles y un pensamiento ideológico que lo reproduzca: ¿es el ingreso igualitario de las mujeres al mercado laboral suficiente para cambiarlos?; ¿Cuál es el espacio que tienen en estos planteos violencias tales como los abusos sexuales, los abortos clandestinos, los femicidios, etc.?

Retomando los aportes marxistas, en El Capital (2011 [1867]), Marx plantea que una de las condiciones necesarias para la acumulación del capital es la reproducción y conservación de la clase trabajadora y que, puesto que ello implica su propia supervivencia, los trabajadores la garantizan desde el ámbito privado, es decir, en la familia. Ahora bien, dado el carácter patriarcal de la familia, ésta es sin duda la gran relación entre capitalismo y patriarcado, porque el modo en que la clase trabajadora garantiza su reproducción está lejos de ser casual. El modelo típico (afortunadamente, cada vez más cuestionado) consiste en el varón realizando un trabajo remunerado y la mujer realizando tareas de cuidado no remuneradas (en combinación con un trabajo remunerado, o no). Así, la mujer garantiza –de manera no remunerada- que todos los días su grupo familiar pueda nada más y nada menos que vender su fuerza laboral, o prepararse para hacerlo en un futuro, en el caso de los niños. A nuestro entender, los nudos de debate en este punto se centran en torno a, por un lado, establecer si acaso esta forma de organización familiar, que es evidentemente funcional a la reproducción del sistema capitalista, es efectivamente un resultado del mismo, y sobre todo, si existen lógicas de funcionamiento y adaptación que permitan que la reproducción de lxs trabajadorxs se organice de un modo no patriarcal dentro del capitalismo. Por otro lado, si una sociedad no capitalista necesariamente puede prescindir de la familia patriarcal para su desarrollo.

Las tesis del sistema dual

Uno de los principales textos que suelen abordarse para el estudio de la relación entre capitalismo y patriarcado es “El infeliz matrimonio entre marxismo y feminismo: hacia una unión más progresista”, escrito por Heidi Hartmann en 1983. El objetivo del mismo es justamente problematizar sobre la relación que ha existido entre marxismo y feminismo, es decir, entre las teorías críticas del funcionamiento del sistema capitalista y aquellas que abordan la situación de la mujer. Su principal crítica es que, para el marxismo, las cuestiones feministas han sido siempre subsumidas a éste. Como se ha comentado en el apartado anterior, el planteo es, en última instancia, que la opresión de la mujer es una consecuencia del capitalismo, y que es el desarrollo del mismo lo que pondrá fin a dichas opresiones. Los análisis marxistas (en sus orígenes) se han limitado a estudiar la relación mujer-capital, por lo tanto, no han podido dar cuenta de las opresiones dadas en la relación varón-mujer. Aunque conscientes de la funcionalidad de las tareas domésticas para la acumulación de capital, no han marcado la funcionalidad para el confort del hombre que sea la mujer quien realiza esas tareas. Por otro lado, la autora plantea que los análisis feministas también poseen limitaciones, en particular, resultan insuficientes para comprender el desarrollo histórico de las sociedades (Hartmann, 1983).

En este sentido, su intención es lograr una “unión” entre marxismo y feminismo, de modo tal de poder dar una explicación más completa sobre el rol de la mujer en el sistema capitalista. En definitiva, esto se desprende de comprender al capitalismo y al patriarcado como dos sistemas diferentes, con lógicas de funcionamiento y reproducción propias, que simplemente coexisten en un período determinado. De esta manera, el análisis se limita a detallar la interacción entre dichos sistemas, lo cual ha sido objeto de crítica. En palabras de Iris Young (1992):

“Si, como sostiene, ‘la base material sobre la que descansa el patriarcado es, fundamentalmente, el control que los hombres ejercen sobre la fuerza de trabajo femenina [y si] los hombres mantienen este control excluyendo a las mujeres del acceso a algunos recursos productivos esenciales’, entonces no parece posible separar el patriarcado de un sistema de relaciones sociales de producción aún con propósitos analíticos” (Young, 1992, p.3).

Un sistema capitalista y patriarcal

En respuesta a las críticas que se han hecho a ambos planteos previamente expuestos, han surgido nuevas proposiciones teóricas, que se basan en considerar la existencia de un único sistema que es capitalista y patriarcal a la vez. La tarea, entonces, es poder descubrir las particularidades de dicho sistema y sus leyes internas de funcionamiento.

En este sentido, Iris Young escribe “Marxismo y feminismo, más allá del “matrimonio infeliz” (una crítica al sistema dual)” (1992) como una respuesta directa a Hartmann. Su propuesta es utilizar el concepto de patriarcado capitalista, y la categoría central de su análisis es la división del trabajo por género, dejando detrás la categoría clase social, por no expresar las relaciones de opresión entre varones y mujeres. De esta forma, al analizar el sistema de producción capitalista se incluye dentro de la categoría trabajo a las tareas típicamente consideradas femeninas, es decir, al cuidado de la familia y la producción en el ámbito familiar para la reproducción.

Por su parte, Frigga Haug (2006) propone reconocer a las relaciones de género como relaciones de producción. Lejos de ser relaciones en términos individuales entre varones y mujeres, las relaciones de género determinan en cierta forma todas las prácticas que existen en una sociedad. Esto incluye, por supuesto, a los diferentes modos de producción que han existido a lo largo de la historia:

“Sobre la base de una complementariedad en la procreación (una base natural), lo que es asumido como ser natural es también formado históricamente. De allí que los sexos salen del proceso social como no iguales, y su no-igualdad se convierte en el fundamento o base de futuras formaciones. De esta manera, las relaciones de género se convierten en relaciones reguladoras fundamentales en todas las formaciones sociales que conocemos, y resultan absolutamente centrales para preguntas referidas a la división laboral, dominación, explotación, ideología, política, ley, religión, moral, sexualidad, cuerpos-sentidos, lenguaje, etc., al tiempo que trascienden cada uno de estos ámbitos. En breve, ningún área podrá ser estudiada de manera sensata sin investigar cómo las relaciones de género la moldean y son a su vez moldeadas por ella” (Haug, 2006, p. 328).

Para Haug, entonces, las relaciones de género no deben ser entendidas como algo por fuera del modo de producción. Las escisiones entre “público” y “privado”, o entre “producción” y “reproducción”, es falsa, en tanto todas ellas forman parte del modo de producción y, sobre todo, garantizan su continuidad. El énfasis está puesto en no comprender erróneamente que las relaciones de género “son meras relaciones de subyugación y victoria luego de una guerra, [sino] un modo de producción para ambos sexos” (Haug, 2006, p. 333) y, sobre todo, que existe una relación de determinación mutua entre éstas y las relaciones de producción. Es por este motivo que no es posible comprender una por fuera de las otras, ya que ambas forman parte del modo de producción. Ahora bien, Frigga Haug no utiliza el concepto de patriarcado y, en consecuencia, no expone acerca de si su existencia es previa al capitalismo o no. La expresión “relaciones de géneros” indica de qué manera los sexos se expresan de manera desigual en las sociedades en general, y en las capitalistas en particular.

Algunas consideraciones sobre las consecuencias políticas

Hasta aquí, se han expuesto tres maneras generales en las que se puede comprender la relación entre capitalismo y patriarcado. Ahora bien, ¿qué implicancias tiene para las organizaciones de izquierda tomar uno u otro análisis?

En primer lugar, entender que las opresiones que sufrimos las mujeres son únicamente consecuencia del sistema capitalista ha llevado a muchas organizaciones a relegar las cuestiones referidas a “la mujer”. La frase “primero la revolución socialista, luego las mujeres” surge a modo de ilustración en todos las críticas feministas a dicha postura. Muchas de estas organizaciones han impulsado espacios de mujeres con serias limitaciones para poder abordar cuestiones que excedan a lo estrictamente laboral, siendo espacios en los cuales las mujeres meramente acompañan la lucha de los trabajadores varones.

Por su parte, tal como expresa Young (1992), las tesis del sistema dual no terminan de colocar a las cuestiones feministas en el mismo nivel de importancia que las cuestiones clasistas. Por ello, aunque esta tesis presenta una mayor claridad de las opresiones específicas que sufrimos las mujeres, continúa habiendo una supremacía de las cuestiones de los trabajadores por sobre la de éstas.

Pareciera, entonces, que comprender que las sociedades actuales viven bajo un régimen capitalista y patriarcal a la vez ofrece un mayor potencial en tanto a la capacidad de unir ambas luchas. De todas formas, no hay que desconocer, por un lado, que no hay linealidad entre “teoría” y “práctica”, y por el otro, que dichas teorías todavía requieren más elaboración y desarrollo.

Consideramos que el análisis aquí realizado aporta algunos puntos clave para poder pensar una teoría que pueda contener tanto las cuestiones de género como las de clase. En primer lugar, resulta imperioso poder abarcar la especificidad de las luchas feministas, atendiendo a su centralidad pero también, necesariamente, en relación al modo de producción capitalista. Cualquier análisis feminista que no incluya una contextualización en el capitalismo será incompleto, al igual que cualquier teoría del sistema capitalista que no pueda contemplar las implicancias del género dentro del mismo. Para ello, es necesario tener presente que el sistema capitalista no es solamente una forma particular de organizar la producción, sino también una matriz ideológica que impone normas de vida en pos de la acumulación de capital –frecuentemente, en base a criterios de clase, género y raza. Por ello, entender el rol que juega la normativización de las personas para el sostenimiento del sistema capitalista es indispensable. En este punto, es importante remarcar que en este trabajo se ha trabajado en torno a la dicotomía varón-mujer; sin embargo, con el objetivo de elaborar una teoría que aborde de manera cabal la relación entre capitalismo y patriarcado debemos necesariamente contemplar también las especificidades referentes a lesbianas, homosexuales, travestis y transexuales.

Referencias

Engels, F. (1884), El origen de la Familia, la propiedad y el Estado. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/origen/el_origen_de_la_familia.pdf

Hartmann, H. (1983), “El infeliz matrimonio entre marxismo y feminismo: hacia una unión más progresista”, Teoría y Práctica.

Haug, F. (2006), “Hacia una teoría de las relaciones de género” en Borón, A. et al. (comps.) La teoría marxista hoy. Problemas y perspectivas, pp. 327-329, Clacso, Buenos Aires.

Marx, K. (2011 [1867]), El Capital I, Crítica de la Economía Política, Fondo de Cultura Económica.

Marx, K. y Engels, F. (2006), La ideología alemana. Disponible en: http://www.biblioteca.org.ar/libros/131840.pdf

Marx, K. y Engels, F. (1848), El manifiesto comunista. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm.

Marx, K. y Engels, F. (2008), La sagrada Familia, Claridad.

Young, I. (1992), “Marxismo y feminismo, más allá del “matrimonio infeliz” (una crítica al sistema dual)”, El cielo por asalto, 2(4).

[1] Para este punto, ver el artículo “Introducción a la medición de la brecha salarial por género y sus determinantes”, por Magalí Brosio, presente en esta misma revista.

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