Víctima

Por Malena Pichot

Las mujeres que odian fervientemente al feminismo insisten en el mismo argumento: “No necesito al feminismo porque yo no soy una víctima. Dejen de victimizarse”. Consideran, por lo tanto que ser “una víctima” es  algo indigno, una mala palabra, sería lo más bajo que puede ser una persona. Es muy conveniente para el patriarcado llevar para todos lados esta definición de “víctima”. Si ser una víctima es tan humillante, nadie jamás aceptará que lo es o que lo fue en algún momento. Así se perpetúa que ser víctima es casi tan indigno como ser abusador. En este sistema donde a las personas nos avergüenza tanto ser o haber sido víctimas, es más fácil quedarse callada. Qué conveniente es esta definición de “víctima” para todos los golpeadores y abusadores ¿no?

Aceptar que hay sectores de la población en clara desventaja es dificilísimo para la mayoría de las personas. No logro entender porqué una idea tan simple es tan difícil de procesar, pero ese es el inconmensurable poder del discurso hegemónico, es eso lo que hace, su función por excelencia: complicar ideas simples. Pareciera más sencillo pensar que todo lo que tenemos nos lo ganamos, que somos dueñas y dueños de nuestro destino, que los que no tienen nada es por vagos y que los que tienen todo es por buenos trabajadores. A mi entender esta es básicamente la reflexión de alguien que no pasa los 8 años de edad, pero es la creencia de miles de profesores de universidad y de absolutamente todas las personas sentadas en traje mirando a cámara y dándonos las noticias.

Aceptar que las mujeres por nacer con vagina no solo no somos completamente dueñas de nuestro destino, sino que tampoco somos completamente dueñas de nuestro cuerpo, es la sensación más aberrante, alienante y desoladora que existe. Lindos ovarios hay que tener para animarse a pensar esto. Sí, somos víctimas. Y no somos culpables y no valemos menos por ser víctimas. No me paraliza ser víctima, ni me avergüenza. Sí, soy víctima de este sistema basado en la injusticia social, es un hecho, no una decisión mía. Como tampoco fue una decisión dónde nací ni en qué familia. A la vez soy blanca y clase media, por lo tanto, estoy llena de privilegios también. No, no me merezco todo lo que tengo, simplemente tuve un sencillo acceso y posibilidades a tener todo lo que tengo. Lindos ovarios se necesitan, también, para la sinceridad, chetas mías, eh.  Y se entiende por lo tanto, que la mayoría de las mujeres no quieran pensar en todo esto. Es más fácil mirar para el costado, hacer un comentario cínico, sentirse superpoderosa y salir a dominar el mundo sin la ayuda de ninguna feminista. Pero estás usando jeans porque salió una feminista a luchar por eso, pero votas porque salió una feminista a luchar por eso, pero pudiste estudiar en la facultad porque salió una feminista a luchar por eso, pero sos deportista porque, antes tuyo, una mujer tuvo que romper todo para poder participar, tuvo que romper las bolas re fuerte, eso que te parece re poco femenino y re violento, bueno, una mujer tuvo que hacerlo para que vos, ahora, juegues al futbol en el country con tus amigas. ¿Por qué te da tanto asco la palabra víctima? ¿lo pensaste alguna vez? Mirá todo lo que lograron esas víctimas ¿Que te avergüenza tanto? No podrías decirlo ¿no? Pareciera un imaginario dado, un saber que ya estaba, que nadie te lo enseñó explícitamente ¿no? Patriarcado, mami. No necesitas a las feministas, pero ahí estaremos todas, de brazos abiertos, cuando nos necesites.

 

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